Lo más visto

Más de Revistas

Historias sin cuento

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (62)
Enlace copiado
Historias sin cuento

Historias sin cuento

Historias sin cuento

Historias sin cuento

Enlace copiado
506. RITA HAYWORTH, “GILDA”

El ambiente no tiene nada de especial, salvo aquel personaje con pinta de gángster de posguerra. Está sentado en una mesa rinconera del local bullicioso, y hacia ahí se acerca otro personaje que parece ser el hombre de los mensajes. Sólo le dice una frase: “Ella vendrá pronto”. Asiente, con un gesto que quiere decir: “Enterado, retírate”. Y el aludido lo hace. Él, como quien se inspira, toma posición de reposo. Pasan los minutos. Un mesero le ofrece. “Gracias, no tomo cuando hago mi trabajo”. Ella, enfundada en su traje provocativo, empieza a cantar, haciendo giros de baile. “Put the blame on Mame, boys, put the blame on Mame…” Él sabe que es ella, pero que su voz no le pertenece. La voz es de una famosa cantante canadiense, Anita Ellis; pero ella la canta en playback. ¿Y qué es la vida sino un playback interminable?

507. DEBRA PAGET, “AVE DEL PARAÍSO”

La vegetación exuberante lo envuelve todo. Ahí, bajo un árbol de copioso ramaje , el viajero se ha detenido a descansar. Saca de su mochila un cuaderno manido con empaste de cuero y se dispone a escribir su experiencia del día. De pronto, la mente se le queda en blanco, y un pálpito que llega de lo hondo de la memoria le indica que debe seguir la marcha. Así lo hace. Allá, al fondo, hay una aldea primitiva, que es lo que él viene buscando. Avanza, se acerca, llega a las primeras chozas. Y de una de ellas surge la imagen. Porque eso es: una imagen. “¿Te llamas Luana, verdad?” Ella, que es una nativa de belleza exótica, lo mira a él, que es un europeo de apariencia típica. La cámara fotografía el hilo de luz que se tiende entre las miradas. ¿Pero de cuál cámara estamos hablando? En los Mares del Sur no hay cámaras, sino volcanes en erupción.

508. AUDREY HEPBURN, “ROMAN HOLIDAY”

Roma, ciudad abierta. Roma, ciudad secreta. Las dos existen en oficio superpuesto. Es un día cualquiera, con la realidad de siempre. Ella se asoma a su balcón, y tiene la inmediata e imperiosa necesidad de salir a la calle, sola, sin cortejo ni guardaespaldas. ¿Cómo lograrlo? El ingenio puede más que la autoridad. Ya afuera, se desprende alegremente del aura de princesa y camina con agilidad anónima. No ha avanzado mucho cuando se encuentra con él, que sonríe haciendo acopio de efusión profesional. Se desplazan como antiguos conocidos. Roma está ahí. Ciudad secreta. Ciudad abierta. El único argumento posible es el recorrido por este nudo de caminos. Todos los caminos llevan a Roma. Y ahí, en la Fuente de Trevi, se consuma el milagro. La princesa encara al periodista: “¿Quién es real: tú o yo?” Y entonces ambos se desvanecen para evitar la respuesta.

509. BARBRA , “HELLO, DOLLY”

El tren se detiene en todos los pueblitos que encuentra. Por una de sus ventanillas asoma a cada instante el rostro de una mujer que parece ir dialogando con el paisaje que ha recorrido infinidad de veces. Esta vez la interrogación es peculiar: “¿Desciendo la escalera por el pasamanos derecho o por el pasamanos izquierdo?” El paisaje sólo sonríe, a su estilo de vecino muy poco convencional. Sabe que ella, en cualquier caso, hará lo que le nazca en el instante. Y esta vez, es un instante estelar: el retorno de Dolly Levi a “Harmonia Gardens”, su ambiente de cabecera. El tren llega a destino, Dolly toma un carruaje, está frente a “Harmonia Gardens”. La aguarda la escalera. Baja por el medio, cantando. Y abajo se halla Louis Armstrong, también cantando. ¿Qué más se puede pedir? Gene Kelly, el director, no aguanta las ganas de soltarse a bailar, no bajo la lluvia sino entre los pétalos…

510. DEBORAH KERR, “QUO VADIS”

Las colinas tienen vestimentas sagradas. Ese es el símbolo de que la nueva era está desplegando su guardarropía recién llegada de algún puerto del Cercano Oriente. Pero de pronto el aire va siendo invadido por un diluvio de chispas. Allí, al fondo, Roma es el incendio de sí misma. Un loco, disfrazado de Emperador, le ha prendido fuego. ¿Cuánto tiempo durará ese incendio? El necesario para esperar que esa pareja que escapa en pos de lo desconocido –Ligia y Marco Vinicio– vuelva la mirada hacia la historia en llamas y se disponga a regresar a recoger un pequeño soplo infinito que vaga entre las calientes cenizas. Ligia hace el primer gesto. El carro que la lleva se detiene. Marco Vinicio, el hombre en el corcel, comprende la señal. Y en el aire resuena sibilante el recordatorio de la nueva historia: “Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida…”

511. INGRID , “CASABLANCA”

Caminando esta mañana por las callejas de Casablanca, la ciudad actual, he sentido con cierta zozobra: “¿Dónde está Casablanca?”Me dirijo entonces de regreso al punto de partida, en el que una voz ronca y una sonrisa íntima se confabulan para crear el milagro de las infinitas evocaciones. El piano empieza a sonar, con la naturalidad de las armonías de bar, de cabaret o de cantina. Esta vez, lo hace en un espacio imaginario, ideado sin duda por un escenógrafo anónimo. El caballero vestido de traje oscuro aguarda a la dama enfundada en una túnica blanca. Se sientan a la misma mesa, mientras el piano continúa desgranando nostalgias. Por ahí circulan agentes de la Gestapo. ¿Qué importa? Ya no pueden hacer nada. El piano ha impuesto su ley inexorable. Rick le pregunta a Ilsa: “¿Bailamos?” Ella hace un gesto intemporal: “La noche aún es joven”.

512. MARILYN , “ALMAS PERDIDAS”

No hay río que tenga retorno, pero como título en technicolor es un hallazgo. Ahí, enfrente, las montañas son el muro de los sueños por escalar. Una pequeña balsa de troncos va moviéndose entre los caudales rasgados por las peñas. En la balsa, una mujer, un hombre y un niño. Allá abajo, donde el terreno parece distenderse en una pequeña llanura, hay un poblado típicamente hollywoodense de los años cincuenta del pasado siglo. La balsa es, como todo lo existente, un ser con vida propia. Advierte la mínima ensenada y a ella se dirige. Al atracar, el hombre lanza la cuerda hacia la orilla, salta y la asegura. El niño es un cachorro impaciente. La mujer rubia se queda en la balsa. El hombre, fornido y con porte de aventurero, la invita: “¿No vas a bajar para descansar un poco?” Ella, muy profesional, contesta: “No he oído que el director ordene: ¡Corten!”

513. GINA LOLLOBRIGIDA, “TRAPECIO”

110, rue Amelot. París no es una fiesta, sino un circo, el Cirque d'Hiver. Ahí, en lo alto, el trapecio se mueve sin que haya nadie que le dé movimiento. Monsieur Buglione revisa todas las estancias de su circo y da la orden de que se apaguen las luces y se cierren las puertas. Todo queda en silencio. Y el silencio es el mejor aliado de lo intemporal. ¿Qué de extraño puede haber, entonces, en que se abra la cortina de una entrada lateral y pasen los tres personajes a ensayar las escenas de mañana? Burt Lancaster, Tony Curtis, Gina Lollobrigida. El trapecio los espera, impaciente.

Tags:

  • David Escobar Galindo
  • Rita Hayworth
  • Audrey Hepburn
  • Gina Lollobrigida
  • Debra Paget
  • Album de libelulas

Lee también

Comentarios