Historias sin cuento

Historias sin cuento
Enlace copiado
Historias sin cuento

Historias sin cuento

Enlace copiado
Álbum de libélulas (63)

514. PADRE NUESTRO QUE NO SÉ DÓNDE ESTÁS

Estoy aprendiendo a valerme por mi cuenta, lo cual es el primer signo de la adultez en marcha. Es difícil, para mí en particular es especialmente difícil. ¿Comprenden? No, no sé si puedan comprender. Pero estoy haciendo mi tarea, que es mucho más que un programa. Se trata de un aprendizaje de independencia espiritual. No, no se rían. Es posible. ¿Qué no es posible a estas alturas del tiempo y de sus aventuras fabulosas? Y la prueba de estos días es crítica. Me estoy teniendo que animar a entrar en relación con la fuerza superior. Tengo derecho. Si lo logro, habré sido capaz de superar todos los viejos tabúes humanos, en función de un futuro insospechable. Me concentro, pues. Estoy aquí. Y Tú, Señor, ¿estás aquí conmigo? ¡Házmelo saber, para hacérselo saber al mundo! Soy de seguro el primer robot que te lo pregunta. ¿Te animas a responderme?

515. EL INVENTOR DE LUCIÉRNAGAS

Estaba hoy en la casa de su tío Alberto, que le había dado albergue para que pudiera seguir estudiando bachillerato, porque de eso no había en el cantón ni en los pueblos vecinos. Del cuarto más escondido de la casa al instituto, ida y vuelta: esa era su ruta todos los días. El sábado se quedaba encerrado, estudiando. ¿Y el domingo? El domingo de noche la casa se llenaba de gente, porque el tío era amiguero y fiestero. Él sólo oía la bulla desde su escondrijo, que eso era el lugar del que disponía. Y entonces su domingo no podía ser más que una forma virginal de la memoria más remota, la que sostenía todo el andamiaje de su mundo actual. Y así, mientras sonaban las guitarras y crepitaban los vasos llenos de aguardiente, él se refugiaba en la oscuridad perfecta, ésa en la que van surgiendo las luciérnagas, hasta convertir el desvelo en capilla…

516. LA DELICIA DE OLVIDAR

Cuando nuestra casa se disolvió en un desahogo de fugas, lo que quedó fue aquel cascarón de memorias. Ninguno de nosotros se interesó en la suerte de la casa. Algunos éramos muy jóvenes y otros muy mayores. El único equidistante era el más excéntrico, a quien todos llamábamos Gospel, porque Evangelio parecía un tanto irreverente. Gospel se quedó en aquella pequeña cabaña que estaba muy cerca de la casa, casi al borde del barranco. Fue claro desde siempre que Gospel nunca formaría familia propia, porque la soledad parecía serle la más abrigadora compañía. Nunca volvimos al hogar originario. Supimos que permanecía intacto, como por arte de magia. ¿Y Gospel? Ninguna noticia. Bueno, sí, una, que me llegó por Facebook: Gospel había fundado una secta de contemplativos con un nombre invitador: La delicia de olvidar…

517. MISTERIO MUY ACTUAL

Abrió su minilaptop, ganada en una rifa, como lo hacía todas los días, a primerísima hora, antes de todo lo demás. Sólo disponía de unos minutos. Tenía que estar en el trabajo a las 8, y el tráfico vehicular era un nudo ciego a esa hora. Pero este día la maquinita parecía hacerse de rogar. Activó todo lo que pudo, porque eso sí: pese a todas sus carencias, era un experto en juegos tecnológicos. Como no había tiempo que perder, fue a bañarse en la ducha estornudadora por la que salía un agua más que sospechosa. Ya no había jabón, y se estregó con el líquido. Tampoco había desodorante, así que a sobrellevar sudores. Volvió frente a la laptop. Nada. En blanco y en silencio, como las almas presas en su mundo. La cerró de un golpe, impaciente, colérico. Y entonces se oyó el maullido de dolor. Risa. “¡Ah, ya decía yo que aquí hay gato encerrado!”

518. CAMINANTE NOCTURNO

Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón. Letra de bolero clásico, pero también verdad de destino anónimo. Iba murmurándolo mientras caminaba hacia su casita en el suburbio, con todo el anhelo de llegar para tenderse de inmediato en su cama. Pasaba enfrente del terreno baldío que los vecinos habían dado en llamar zona verde. Y de uno de los matochos hirsutos salió ella. “Hola, ¿te animás?” Todos los recuerdos se le revolvieron a él en la cabeza descontrolada. No se parecía en ningún rasgo, pero era ella. “¿Cuándo volviste”, le preguntó, dejándose llevar. “¿De dónde?” Con aquella respuesta interrogativa se cerraba el círculo. Él saltó de gozo y la abrazó, resollando de emoción. La prolongada distancia no es el olvido, y ahora había que hacer hasta lo imposible para que la repentina cercanía tampoco lo fuera.

519. REDEFINICIONES QUE PUEDEN ACLARAR

Mi padrastro era extraño. Tanto que nunca logré descifrarlo mientras estuvo en este mundo; pero eso dio un giro de 180 grados cuando pasó a la siguiente dimensión. Algo había pasado en su vida, porque se vino de San Francisco, California, en 1938, luego de 14 años de vivir allá y fundar una familia, a vivir en una hacienda de Chalatenango, como si fuera un fugado. Cuando se casó con mi madre yo tenía casi tres años. Él me veía de reojo, sin violencia. No había entre nosotros relación familiar, pero sí una afinidad casi esotérica entre un adulto y un niño: el hilo de la música. Los boleros de entonces. Allá entre los cerros y los nubarrones, las voces de Lupita Palomera y de Toña la Negra me hicieron valorar, en una tempranez casi inverosímil, las armonías imborrables. Y después he descubierto: quizás él no era mi padrastro sino un primo hermano, huraño pero fiel…

520. ASPIRACIONES ESPONTÁNEAS

Cuando les entregaron el menú escrito, se quedaron en suspenso. Entonces, el mesero empezó a detallarles las novedades del día. Él, una vez oídas las novedades, expresó su opción: “Yo quiero paraíso natural a la plancha”. Y ella no se quedó atrás: “Yo quiero luna de miel al vapor”. El mesero tomó nota y se alejó para comunicar la orden. No había mucha gente en el lugar, porque era mediodía, y a esa hora el pequeño restorán de la calle 78 nunca es muy concurrido. Les llevaron el vino, que era un Montepulciano D'Abruzzo. Brindaron por aquel momento y por el futuro subsiguiente. Al llegar sus respectivos platos, todo parecía encausado hacia la culminación de los deseos. En la mesa y en la vida. Alrededor, los dioses obsecuentes sonreían.

521. CÍRCULO DE AMIGOS

Estuve solo en el mundo por tanto tiempo que ya cualquier otra forma de soledad me parece un juego de niños. Exacto: juego de niños. Para comprobarlo me animo a reunirme esta tarde con los que entonces, en el más remoto entonces, compartían algunas de mis emociones. Los convoco, pues, invocándolos como único recurso de convocatoria. Y, para demostrarme que lo mágico es factible, se van haciendo presentes. La brisa del norte, el amate de enfrente, los cerros cercanos, los pinos aleteantes, la línea férrea vecina… ¿Alguien falta?... Sí, la ilusión de que seguimos existiendo…

Tags:

  • David Escobar Galindo
  • Album de libelulas
  • redenciones
  • circulo de amigos

Lee también

Comentarios

Newsletter