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Historias sin cuento

Álbum de libélulas (64)
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522. EN EL CLARO DEL BOSQUE

Caminaba por la arboleda tupida cuando se dio el encuentro. “¿Tú aquí? ¿Qué andás haciendo?” No tuvo tiempo de improvisar ninguna respuesta que no fuera la pura verdad: “Estoy hospedado en el Marriot, aquí mismo, en Fairfax, y he venido a una sesión depurativa del ánima”. “¿Y eso?” Antes de responder, siguió caminando a través de la maleza, como si lo hiciera por terreno despejado. El otro, que lo seguía a un paso de distancia, pareció darse por satisfecho con el gesto. Iba aumentando la densidad de la vegetación, y el aroma a humedad hospitalaria se hacía cada vez más sensible. Sin anunciarse, estaba ahí el pequeño claro. Se detuvo. “¿Es aquí?” le preguntó al que lo seguía. Éste se le puso a la par. “Si tú lo quieres, es aquí”, fue la respuesta. Ambos se sentaron en el suelo llano y se miraron a los ojos, el discípulo y el maestro, que eran el mismo.

523. GOLD DIGGER

Él era la presa perfecta, como una muestra de catálogo. Había hecho fortuna, acababa de enviudar, los hijos ya eran independientes, estaba retirado, quería vivir. Y ella tenía las armas perfectas. Entre los veinte y los treinta, personalidad radiante, cuerpo magistral, rostro dibujado y apetito de buena vida que no quería tener límites. ¿Cómo se conocieron? Con sólo cruzar mirada, en un restorán de lujo. Y de inmediato en esa mirada se posó un insecto fosforescente de filiación desconocida. Lo demás fue previsible. Llegaron a la cama antes de departir en el salón. Y de la cama pasaron al despacho del notario. De la notaria a la verdad sólo había un paso: él estaba en quiebra. Veleidades de la crisis. Ella sonrió, entre resignada y precavida: “Más vale pájaro en mano…” Y la imagen no podía ser más elocuente, aunque se tratara de un zanate sin perspectiva.

524. LECCIÓN MAGISTRAL

Los asistentes van entrando en el salón, preparado para la actividad que durará desde esa hora tempranera hasta entrada la noche. Cada quien se va ubicando en el lugar asignado. Cuando el cupo está completo, aparece el maestro de ceremonias, agenda en mano. Es casi un niño, por la apariencia física; pero tiene el empaque de una larga experiencia. “Señoras y señores, les anuncio que nuestro orador invitado se retrasará unos minutos, por problemas de tránsito. Les ruego un poco de paciencia”. Ni siquiera un murmullo. Pasados esos minutos, de nuevo el maestro de ceremonias: “Señoras y señores: el retraso se prolongará un poco más. Sinceras disculpas. El atasco es muy grande”. Igual calma. Así, hasta la noche. Entonces, el último mensaje: “Señoras y señores, el orador está aquí”. Todos se levantan y se retiran. Han pasado la prueba.

525. RIZÓFAGO

Se sentía incómodo con su cuerpo, y no por la apariencia, que era perfectamente común, sino por las mecánicas interiores, que le producían crecientes ansiedades. Una noche de tantas, lo animó dentro del sueño la sensación de que podía verse hacia adentro, físicamente, como un explorador subterráneo, con linterna y todo. Ahí estaban los pasillos sinuosos y las cavernas enigmáticas, las plazuelas escondidas y los bordes rocosos, los bejucos palpitantes y los toboganes sorpresivos. De seguro necesitaría mucho más que el sueño de una noche para completar el recorrido; pero tuvo una gran suerte: ahí, en ese rincón estaba el procesador de alimentos, aguardando. Y entonces tuvo el golpe de intuición: rebosaban las hojas fermentadas y escaseaban las fresquísimas raíces. Sí, su vocación natural era ser rizófago, comedor de raíces. Tenía, pues, que volver a la profundidad del origen.

526. LOS MÁS ANTIGUOS CONOCIDOS

“Deberíamos sentarnos alguna vez, en un lugar propicio, a compartir vivencias… Sería muy ilustrativo, ¿no te parece?” No se trata de una invitación formal, pero sí de una especie de provocación benévola. Y, desde luego, la iniciativa parte de ella, que es extrovertida por naturaleza. Él, en contraste, se ha habituado al sigilo; y es lo natural al tener en cuenta el tipo de responsabilidad que le corresponde. Se despiden, al respetuoso estilo de siempre. Saben que se encontrarán a la primera de cambio. Les ha pasado siempre, y están preparados para ello. Aunque no se lo reconozcan mutuamente, entre ambos mantienen la armonía de las fuerzas del alma. Lo saben, porque si no lo supieran vivirían en conflicto perfecto. Se levantan, se despiden, se alejan hasta la próxima. Tienen, desde luego, nombres propios: Memoria, Olvido.

527. HERENCIA EN VIVO

Nadie le conocía bienes, ni siquiera los más próximos; por eso resultó sorprendente para todos que hubiera un testamento por abrir, ya que se trataba de testamento cerrado. El notario pasó a la lectura de la última voluntad del causante: “Sólo hay un bien disponible, y ese bien es el álbum que está en la caja de madera bajo la tijera de lona. Es un álbum de fotografías vivientes, de voces identificables, de destellos solares. Se lo reparten como quieran”. El notario procedió de inmediato a buscar la caja, que no podía ser movida porque se desvencijaba. Como pudo, sacó el álbum. Era grueso y rústico. Lo abrieron. Y el contenido correspondía a lo anunciado. Escenas con movimiento. Párrafos en vivo. Ángulos iluminados. ¿Cómo se habían captado y preservado tales efectos? Imposible averiguarlo. El causante era un pobre hombre, fracasado en todo. Moraleja:…

528. ¿CONOCES A FRANS STIENE?

La pregunta puede hacerse respecto de cualquiera, pero en este caso tiene una intención casi familiar. Frans Stiene nació en Holanda y está radicado en Australia. Vive de enseñar a vivir. Reiki. “Cólera es desequilibrio”. “Preocupación es miedo”… Pero las palabras no bastan. En el pequeño círculo, las palabras van pasando, hasta que se detienen en el regazo de la recién llegada, que es ella, sí, la que conocemos y desconocemos a la vez, la conciencia de cada uno. Y las palabras le traen un presente. Se lo entregan. Un pequeño ramo de luces. “¿Y esto?” “Es un regalito de familia para la luz brillante que habita en tu interior”. Entonces la recién llegada toma el pequeño ramo y lo aprieta dulcemente contra su pecho. Frans Stiene hace un sonriente gesto de aprobación. “Chokurei, chokurei, chokurei, la Energía está aquí, el Poder está aquí, Dios está aquí”…

529. FIJAR IDENTIDADES

Terminó la concentración, y todas las banderas se fueron dispersando por calles y callejones vecinos. En unos minutos, la plaza era un lugar totalmente desierto. Entonces, asomó el habitante escondido durante el tumulto. Cualquiera hubiera dicho: “Un espectro”; pero era el único ser real.

530. EL ARTE DE TRASOÑAR

La fuente era perfecta. Fluía con calma, dejando alrededor el brillo de un rojo incomparable. “¡Qué bella experiencia!”, pensó. Acababa de cortarse las venas y estaba más vivo que nunca.

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