Historias sin Cuento

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1418. ILUSIÓN CUMPLIDA
Los compañeros de siempre hacían todos los sábados tertulia vespertina, que se extendía casi siempre hasta altas horas de la noche, ya con los primeros anuncios de la aurora. Y las casas del encuentro se iban turnando religiosamente. Aquel sábado le tocaba al más taciturno del grupo, ese que en los pasillos del colegio se movía como un duende y que en las calles interiores de la universidad pareció andar con un libro abierto entre las manos, como si circulara por una biblioteca infinita. Fueron llegando todos al ático donde vivía el aludido. Muchas veces habían estado ahí, pero aquel sábado se toparon al llegar al final de la larga escalera empinada con un lugar desconocido: del abandono polvoriento al orden exquisito. El taciturno, ahora sonriente, les hizo saber de inmediato: “Encontré a la mujer de mis sueños. El único problema es que sigue siendo invisible…”


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