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Inteligencias múltiples y educación

La teoría de Gardner concibe la inteligencia como capacidad adquirida, y no como algo innato, genético. “La educación no podría cambiar ese hecho”. Por eso es oportuno mencionar a Gates y Jobs.
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Me pregunto la trascendencia que pueda tener el tema de las inteligencias, tal como lo ha concebido Howard Gardner, cuyo planteamiento me llama a comentarlo. Me surge el interés luego de leer su libro “Teoría de inteligencias múltiples”, reflexión que me llama a compartir.

Según el autor mencionado existen varios tipos de inteligencias de las cuales hace la enumeración de ocho. Y se opone al llamado cociente intelectual, o a las excelencias académicas, “son formas erradas de medir la inteligencia”.

Debemos incluir en las inteligencias –dice– el deporte, la lingüística, la capacidad de conocerse a sí mismo y la de relacionarse con los demás, a las que llama inteligencia intrapersonal e inteligencia interpersonal, respectivamente. Tan importantes como la matemática y la astrofísica. Me adelanto y menciono algunos ejemplos que me surgen de la lectura.

El premio nobel John Nash –quien visitó nuestro país junto a su pareja, la compatriota Alice Lardé (ambos muertos trágicamente)–, sufría de alucinaciones, pero pudo plantear su teoría en una etapa de lucidez. El pintor Paul Gauguin le decía a Van Gogh “el Loco”; a este genio que nunca vendió ninguna obra en vida pese a que su hermano Theo era marchante en París. El costarricense Francisco Zúñiga, uno de los 10 escultores más sobresalientes del mundo, se refugió en México luego de que su escultura a La Madre fue rechazada. No le gustó a la crítica nacional, pese a ganar un premio con jurados extranjeros; la obra recibió el mote insultante de “la vaca echada”; y se tiró como basura en un sótano. (En El Salvador tenemos el privilegio de contar con una obra de Zúñiga: Monumento a la Constitución (erigida en 1955, a la entrada del Marte).

Según muchos Einstein fue mal estudiante. Dijo un profesor: “Este niño no llegará nunca a ningún lado”… Porque “era lento y reflexionaba mucho antes de responder”, incluso aplazó cursos. Quizás por eso este genio dejó una frase maestra: “La educación es lo que queda después de haber olvidado lo que uno aprendió en la escuela” (Piergiorgio Sandri, Barcelona, 2013).

Steve Jobs, llamado “el mago de la informática” (mouse, tabletas, teléfonos celulares, música digital), solo hizo un año en la universidad; y es inimaginable su aporte a las redes sociales y su trascendencia futura o presente. ¿Y Bill Gates? Creó la magia de los sistemas operativos en ordenadores. Ambos abandonaron sus estudios universitarios antes de los 20 años. Su inteligencia los llevó a realizaciones y aprendizajes en la vida.

La teoría de Gardner concibe la inteligencia como capacidad adquirida, y no como algo innato, genético. “La educación no podría cambiar ese hecho”. Por eso es oportuno mencionar a Gates y Jobs. Ellos tuvieron oportunidad de educarse imaginando desde niños, recibieron educación en sentido amplio como lo pensó Einstein, según su frase crítica sobre la escuela. A este propósito recuerdo una respuesta del nobel José Saramago cuando le preguntaron de quién había aprendido más en la vida. Respondió: “De un sabio, mi abuelo, aunque era analfabeto”.

¿Y qué decir del jamaicano Usain Bolt y de Michael Phelps? Alguien decía que la clave de los ganadores etíopes en larga distancia, muy delgados y de rostro famélico, es porque en su país abunda el cloruro de magnesio, vitamina para los cartílagos.

Dice Gardner que el problema está en asociar inteligencia con preparación académica. También hay una inteligencia literaria (lingüística) y deportiva. Más adelante afirma: “Einstein no es más inteligente que el basquetbolista Michael Jordan”.

Entre nosotros, lo cito por ser un hecho reciente, está Jorge Galán. Ha sido considerado el poeta latinoamericano más relevante nacido después de los años setenta. En España ganó dos premios de poesía (2006 y 2009), y acaba de ganar el premio de poesía Casa América de Madrid (2016). Su inteligencia llevará a su poesía mucho más lejos.

¿Y nuestra Cristina López? Recuerdo cuando le ganó a las fibrosas y bien alimentadas marchistas alemanas, española y otras campeonas europeas. Al regresar le hicieron una entrevista sobre su alimentación. Dijo algo sombrío: “Nuestro entrenador, Maca Medina, nos da de su bolsillo veinticinco centavos (la famosa “cora”). Almorzamos con un refresco y un pedazo de pan dulce”. ¿Y qué del “Mágico” González? Y nunca asistieron a una universidad.

Son diferentes tipos de inteligencias sin los cuales la paz, la convivencia y la solidaridad se dificultan. Lo que pasa es que en cada “campo se usa una inteligencia distinta”. Gardner reitera en la inteligencia intrapersonal, que podría ser manejo de la interioridad, un control de las emociones que produce valores para convivir y oponerse a la violencia. También recalca la inteligencia interpersonal, que comprende el liderazgo. Cito dos ejemplos: Napoleón Bonaparte y Bolívar. Aunque el mundo ha dado líderes que los han seguido todo un pueblo, incluso se les dio calidad de dioses. No necesito mencionarlos. Solo cito tres aceptados por la humanidad: Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Luther King. En América Latina está el fenómeno de Evita Perón.

Howard Gardner define la inteligencia como la capacidad de resolver problemas o elaborar productos sobresalientes en una o más culturas. Y no se trata solo del invento tangible o físico, sino de crear o descubrir algo novedoso para beneficio de la sociedad en el contexto vital de cada persona. Deporte y poesía es de igual valor que la matemática o la física, aunque en estas dos focalizamos la inteligencia. A nadie le extraña que un alumno tenga que hacer muchos ejercicios para aprender a resolver problemas de aritmética pero “nunca los educamos en cómo prestar atención durante una conversación”.

Esta novedad teórica de Gardner lleva a plantear la convivencia: “De la misma manera que practicamos y desarrollamos capacidad de escribir o capacidad de hacer deporte podemos desarrollar y practicar el conjunto de capacidades que nos permiten relacionarnos de manera adecuada con el mundo exterior y con nosotros mismos”.

En resumen, la inteligencia implica un aprendizaje que repercute en convivencia, estimulando áreas humanísticas: libro, arte, lectura. Es decir respeto inteligente al servicio de la nación.

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