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La Libertad sin turistas, sin compradores y sin comida

En el kilómetro 39 de la carrera, en La Libertad, ondea una bandera blanca. Es una que colgó una mujer que, hasta el 21 de marzo, alimentaba a sus tres hijos gracias a la venta de minutas. Como la de ella, hay decenas de familias que, en playas como San Blas, obtenían ingresos del turismo y, ahora, entre la pandemia y la emergencia por lluvias, pasan hambre.

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Empleo.  En La Libertad 30, 904 personas se ocupan de generar ingresos por cuenta propia, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2019.

Empleo. En La Libertad 30, 904 personas se ocupan de generar ingresos por cuenta propia, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2019.

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"En playa San Blas necesitamos comida", se lee en la tela blanca que colocó a la orilla de la carretera. Este es otro de los varios intentos que ha hecho Rosa por conseguir comida para sus tres hijos. Sentada en una silla de plástico cerca de las riberas de la bocana de la playa San Blas -donde ha construido su hogar con láminas, carpetas negras, manteles de plástico y pilares hechos con bases de ramas-, Rosa espera.

En este pasillo camino al mar, hace tres meses, sonaba la cumbia, los combos, el reguetón, la algarabía de los turistas que escapaban de la rutina. El sonido de la metrópolis desaparecía y en su lugar se alzaba cada vez más fuerte el de olas que reventaban a la orilla del litoral, era señal de que el visitante se adentraba al kilómetro 39 del departamento de La Libertad: La playa San Blas.

Ahora, la soledad y el silencio reinan entre los bares, restaurantes, ranchos y hoteles. Esta aparente calma, más que tranquilidad, le genera angustia a Rosa Campos, de 31 años, una vendedora ambulante de minutas. Luego de más de 70 días de confinamiento domiciliario a causa de la emergencia de salud por covid-19, Rosa se las arregla para que media libra de arroz ajuste, si se puede, para el desayuno y la cena de sus tres hijos de tres, ocho y 12 años.


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