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La fragilidad de la vida

Cuando nada nos falta nos atrevemos a hacer planes o soñar. Se nos olvida lo frágil y lo perfecto que es la vida... En un instante todo puede cambiar.
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La fragilidad de la vida

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OPINIÓN (Desde allá) Estados Unidos

Mundos enlazados

*Periodista salvadoreña radicada en San Francisco, California

El viernes 28 de diciembre, después de 25 horas de trabajo de parto, Maritsa Belén vino a este mundo. Una niña hermosa, de piel clara, con 10 deditos perfectos, con todas sus extremidades, los dos ojitos y una nariz y boca bien hechitas. Pesaba cinco libras y tres onzas, el regalo perfecto para cerrar el año y empezar uno nuevo.

Luego de abandonar el vientre de su madre, los médicos corrieron a ponerle oxígeno y, una vez la habían logrado estabilizar, se la enseñaron a su mamá antes de llevársela a revisión. El rostro de los médicos y las enfermeras mostraba preocupación, aunque no decían palabra alguna, sus ojos hablaban por ellos.

Ya en la nursería de cuidados intensivos los médicos empezaron a preocuparse un poco más: Maritsa tardaba un poco más en reaccionar que otros recién nacidos. Días después el pronóstico era devastador.

Severo daño cerebral fueron las palabras que los médicos pronunciaron ante sus padres. No había explicación del porqué una bebé que había sido tan deseada, ansiada y esperada había nacido con severo daño cerebral. Todas las indicaciones médicas se habían seguido durante el embarazo e incluso los médicos habían monitorizado de cerca tanto a la bebé como a la mamá en los últimos dos meses de embarazo.

Los doctores no dan esperanzas de que pueda caminar, ni hablar, ni siquiera quizás alimentarse sola, pero ella se aferra a la vida, respira sola y toma pacha. Y al mirarla uno ve un angelito perfecto, sin ninguna imperfección y es imposible comprender cómo puede estar su vida marcada de la manera que los médicos dicen, si en apariencia es una bebé sana.

Transitamos por la vida con pasos seguros, creyendo que la situación que nos rodea es eterna, especialmente si gozamos de buena salud y una situación económica mente segura. Nos sentimos invencibles.

Cuando nada nos falta nos atrevemos a hacer planes para el futuro, a soñar. Se nos olvida lo frágil y lo perfecto que es la vida, se nos olvida que en un instante la vida nos puede cambiar. Se nos olvida apreciar esta vida que tenemos, con todas sus perfecciones e imperfecciones. Se nos olvida lo afortunados que somos.

Un accidente de tránsito, una mala operación, un acto de violencia, una enfermedad e incluso un parto o simplemente cruzar la calle al momento que transita un conductor distraído, cualquiera de estas cosas nos podrían robar la vida en un instante o cambiarnos por completo los planes que teníamos. Por eso es que hay que valorar lo que tenemos, apreciar que estamos con bien, que tenemos familia y amigos y que, pese a lo frágil que es la vida, aún estamos aquí y con bien.

No sabemos cuántas veces nuestra vida ha estado cerca del precipicio. Si hubiéramos salido más tarde o temprano de la casa, si nos hubiéramos subido a ese bus que se accidentó, si hubiéramos estado en ese choque o en el avión que cayó, si hubiera habido complicaciones durante nuestro alumbramiento. Son tantas cosas las que pudieron salir mal que al analizarlas en verdad nos damos cuenta de que realmente somos afortunados.

Yo hoy quiero agradecer por esa bebé tan dulce y perfecta que continúa por su vida.

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