La huérfana cumple uno

La paternidad de la tregua es una incertidumbre, sigue a la espera de que el Estado la adopte, pero es año preelectoral.
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OPINIÓN (Desde acá)

Me gusta cuando callas

*Periodista salvadoreño

“Hay mucha gente que ha especulado que ha habido oscuridad en este proceso. No ha habido nada de eso”. La frase es del general de moda, el ministro de Seguridad Munguía Payés, pronunciada el pasado jueves, un día antes del aniversario de la tregua entre pandillas. Mucha gente, dijo el general, y en eso, por lo menos, no miente. 55% de la población salvadoreña tiene una opinión negativa del pacto. Sí, es mucha gente.

Antes de avanzar con la oscuridad, un tema que ha incluido en la agenda el propio ministro, me gustaría destacar un punto en todo esto. Es cierto, repito, es cierto que los homicidios han disminuido a la mitad durante este año de tregua. Eso es incuestionable, aunque aún haya muchos (quizá ese 55%) que piensen que eso da igual porque la mayoría de los que salvaron y los que aún mueren son pandilleros. He visto bastantes pandilleros muertos y les aseguro que también tienen la sangre roja.

Les confieso que la violencia, por suerte, no me ha tocado directamente. Puede que sea eso, puede que sea la razón para aún pensar que la sangre no se limpia tirándole más sangre encima. Que no se mate (o se mate menos, como en nuestro caso) siempre será una buena noticia, la mejor de todas.

Les juro que dejaría la columna hasta aquí si no fuera por todo lo demás, por la enorme cola de dinosaurio que tiene la tregua. ¿Por qué cuestionarla entonces?, se preguntarán, como ya lo han hecho el ministro, los mediadores, los propios pandilleros y sus publirrelacionistas que escriben en los periódicos. El buen general tiene la respuesta: por la oscuridad del proceso. Desde que inició, la tregua ha estado llena de contradicciones y falsos testimonios, es decir, de mentiras. Cuando justificó los traslados de los ranfleros, desde Zacatecoluca a Ciudad Barrios, Izalco y Cojutepeque, el general dio al menos tres versiones. La más creativa, sin dudas, tiene que ver con los cohetes Law. Según esta versión, los pandilleros agarrarían a roquetazos las paredes de Zacatraz para lograr su libertad.

La aparición de los mediadores sumó una nueva pregunta: ¿de quién fue la idea de la tregua? Hasta ahora, Mijango y Colindres han dicho que el pacto surgió en Zacatecoluca, germinado por los propios pandilleros. Los pandilleros dicen lo mismo. Munguía Payés, en cambio, ha adoptado una postura dual: ha dicho que la tregua fue una estrategia suya y también ha dicho que no lo ha sido. La paternidad de la tregua es una incertidumbre, y esta, huérfana, sigue a la espera de que el Estado la adopte, la institucionalice, lo cual no será sencillo en un año preelectoral.

A lo largo de estos meses han surgido nuevos elementos, como la iniciativa de los municipios “santuarios” (¿a quién coño se le habrá ocurrido el nombre?), el respaldo de la OEA o la irrupción de empresarios para apoyarla con la Fundación Humanitaria. Pero no ha sido lo único. También destacan los informes policiales, que sí existen, retomados por el periodista estadounidense Douglas Farah, que sugieren claros vínculos de las pandillas con el crimen organizado. En ello coincide con el Gobierno de Estados Unidos, que en octubre de 2012 declaró a la MS como una organización criminal trasnacional. Es curioso, pero nunca le escuché decir al ministro que el informe del Departamento de Estado fuera “ficción”.

Estas dos últimas semanas he visitado varias cárceles y entrevistado a varios pandilleros. Hablamos sobre narcotráfico y lo negaron, que el papel aguanta con todo, me dijeron. Hablamos sobre extorsiones y las justificaron. “No hay trabajo y tenemos que sobrevivir”, me dijo uno. Le dije que hay pepenadores que son pobres y no extorsionan. “Las pandillas vienen en otra forma de vida”, me respondió. Tiene razón: los Nike Cortez no son baratos, valen $56. Quisiera verles a los ojos, en plan Paolo, y creerles todo lo que dicen. Pero tengo mis dudas, ¿saben?

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