La masacre de la que no hay registro

En la Alcaldía de Izalco, entre un poco de polvo, cajas y estantes tupidos de documentos hay dos libros que cuentan de forma muy discreta la matanza de indígena de 1932. El encargado del archivo municipal los reconoce como un tesoro e intenta cuidarlos de la manera que puede y con los pocos recursos que tiene. Han pasado 85 años desde la masacre y estos documentos son más una muestra del enorme subregistro y de la discriminación que rodearon a uno de los acontecimientos que más marcó la historia salvadoreña.
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La masacre de la que no hay registro

Sagrado. Esta placa se encuentra en El Llanito, un lugar sagrado para la comunidad indígena de Izalco. Se cree que aquí se encuentran los restos de muchas de las víctimas de la masacre de 1932.

Sagrado. Esta placa se encuentra en El Llanito, un lugar sagrado para la comunidad indígena de Izalco. Se cree que aquí se encuentran los restos de muchas de las víctimas de la masacre de 1932.

Tesoros. Los dos libros más preciados de Benjamín Arucha en el archivo de la Alcaldía de Izalco son el de las actas de defunciones y el de las actas municipales, ambos de 1932.

Tesoros. Los dos libros más preciados de Benjamín Arucha en el archivo de la Alcaldía de Izalco son el de las actas de defunciones y el de las actas municipales, ambos de 1932.

Sin huella. Los archivos dan cuenta de los esfuerzos por no dejar registro escrito de lo que sucedió a finales de enero de 1932..

Sin huella. Los archivos dan cuenta de los esfuerzos por no dejar registro escrito de lo que sucedió a finales de enero de 1932..

Historia. Benjamín Arucha es quien está a cargo del archivo de la Alcaldía de Izalco. No cuenta con los recursos suficientes para cumplir con los requisitos para preservarlos.

Historia. Benjamín Arucha es quien está a cargo del archivo de la Alcaldía de Izalco. No cuenta con los recursos suficientes para cumplir con los requisitos para preservarlos.

Dilema. El IAIP ha hecho llegar instrucciones de cómo se deben almacenar los documentos para poder mantenerlos en buen estado por más tiempo, pero la alcaldía no cuenta con suficientes recursos para adquirir lo necesario.

Dilema. El IAIP ha hecho llegar instrucciones de cómo se deben almacenar los documentos para poder mantenerlos en buen estado por más tiempo, pero la alcaldía no cuenta con suficientes recursos para adquirir lo necesario.

En decadencia. Algunos documentos han sido reparados con cartón y cinta adhesiva. No hay, ni en esta alcaldía ni en el país, un esfuerzo integral por mantener en buenas condiciones los documentos históricos.

En decadencia. Algunos documentos han sido reparados con cartón y cinta adhesiva. No hay, ni en esta alcaldía ni en el país, un esfuerzo integral por mantener en buenas condiciones los documentos históricos.

Símbolo. En El Llanito es en donde cada año se hacen los actos de conmemoración de la masacre. Se ha identificado la zona con esta placa y una gruta.

Símbolo. En El Llanito es en donde cada año se hacen los actos de conmemoración de la masacre. Se ha identificado la zona con esta placa y una gruta.

Documentos. Esta es una de las actas que María Cruz Pérez se animó a tramitar tras la muerte violenta de tres de sus familiares, en el Izalco de 1932.

Documentos. Esta es una de las actas que María Cruz Pérez se animó a tramitar tras la muerte violenta de tres de sus familiares, en el Izalco de 1932.

La masacre de la que no hay registro

La masacre de la que no hay registro

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AMaría Cruz Pérez le mataron a tres de sus familiares entre enero y febrero de 1932. Tuvo que esperar dos meses, hasta que el martes 5 de abril de ese año, a las 11 de la mañana, llegó a la Alcaldía de Izalco a decir algo que nadie más se había atrevido a declarar ante las autoridades locales. Dio los datos para crear el acta de defunción de su esposo Felipe Tiguin y de sus cuñados José y Andrés, muertos en medio de la persecución indígena. Los tres eran jornaleros.

“Felipe Tiguin, varón indígena de 30 años de edad falleció el 29 de enero pasado en el barrio Dolores de esta ciudad, murió trágicamente sin asistencia médica”, reza una de las actas. María Cruz Pérez declaró, pero no firmó ninguna acta. No sabía leer ni escribir.

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