La mente es maravillosa

Lo más valioso en la vida solo es visible al corazón, dice “El principito” que también nos da una lección de valores.
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El último mes de 2012 abandonaron este mundo dos genialidades longevas: Óscar Niemeyer, padre universal de la arquitectura brasileña, de 104 años; y Rita Levi Montalcini, a pocos días de cumplir 105 años. Esta ganó premio Nobel por sus investigaciones sobre los factores de crecimiento neurológico, y como decía: “Pasé mucho tiempo recorriendo esa jungla impenetrable que es el cerebro”. Cuando ella quiso estudiar medicina sus maestros le aconsejaban que no tenía facultades para la investigación y que mejor se dedicara a escritora, oficio considerado más fácil para una mujer. Tuvimos suerte, pues llegó a revolucionar el concepto sobre las neuronas y su trascendencia en los tratamientos del Alzheimer, la esclerosis múltiple y el glaucoma. A los 92 años se le preguntó qué pudiera hacer si tuviera 20 años, y ella respondió, que nada es comparable con sus investigaciones hechas antes de llegar a su edad centenaria, “lo sigo haciendo mejor, porque no soy mi cuerpo, soy mi mente”. Y con esto defendía el trabajo intelectual como medio de mantener vigente la lucidez. “Si sucumbimos ante los años es porque no utilizamos las posibilidades de crear, de comparar, de buscar e investigar”. Esto se debería hacerse toda la vida.

El otro longevo genial es Óscar Niemeyer que diseño Brasilia, luego de descubrir las grandes posibilidades del hormigón armado para sus estructuras que le permitía hacer maravillas con las líneas curvas en sus edificaciones. Brasilia lo convirtió en el gran maestro de la arquitectura moderna. Lo que parecía locura fue todo un poema urbano en medio de la selva, entre mariposas, ciénagas, caimanes, jaguares, mosquitos y ríos caudalosos: Brasilia, capital de esa orgullosa quinta potencia mundial que es Brasil que dice mucho para nuestra América Latina.

A los 70 años, cuando un periodista lo descubre diseñando edificios, admite que no le gusta decir su edad, “si pensara en la edad perdería la esperanza”. De modo que a los cien años todavía elaboraba proyectos novedosos dentro de Brasil, caso del Museo de Arte Contemporáneo en el Estado de Río de Janeiro; aunque ya antes había contribuido a construir obras en París y en Nueva York. Con todo no se envaneció, que algunas veces puede ser trampa para envilecerse, y puso más énfasis a una filosofía de valores: “La vida es más importante que la arquitectura”, solía decir Niemeyer. Coincide con Goethe: “Solo el que vive sabe”. Estos dos principios espirituales del brasileño y del alemán se emparentan con la frase de otro Nobel, José Saramago cuando afirmó que la persona de quien aprendió fue de su abuelo, aunque analfabeto pudo transmitirle su sabiduría.

En ninguno de los tres últimos citados se trata de minimizar los hallazgos y logros de la propia genialidad, tampoco es falsa modestia, sino que han querido dejar un legado más imperecedero a las futuras generaciones, como es la importancia de los resultados vitales por sobre cualquier posición exitosa que es negativa si se prioriza en los encapsulados del poder efímero. Lo más valioso en la vida solo es visible al corazón, dice “El principito”, que también nos da una lección de valores. No importa que el autor desaparezca, pero los principios para la reflexión son más permanentes sea que nos enfrentemos con problemas de abundancia o de escasez.

Pero volviendo a Rita Levi, al cumplir los 100 años dejó este mensaje dirigido a los jóvenes: “Admiren del mundo la belleza de la naturaleza y del hombre y siéntanse agradecidos por estar vivos, capacitados para ayudar a los demás. Era partidaria de dar a conocer sus ideas a los humildes y sencillos de corazón, pues los sabios ya lo tienen todo, decía. Y acorde con eso, fue defensora hasta el último momento de las mujeres de África, y a los 95 años fue nombrada Senadora Vitalicia de Italia.

No siempre se debe alcanzar edades longevas para hacer obra inmortal, Mozart, genio de la música, murió a los 35 años y escribió sus primeras composiciones a los cinco años; Darío con apoyo de Francisco Gavidia, reunidos en San Salvador, descubrió a los 18 años nuevos sonidos y ritmos en los versos, por lo cual logró el reconocimiento como el Príncipe de la Poesía Castellana; Franz Shubert deja su obra musical aunque murió a los 31; Rimbaud dejó de escribir su poesía genial a los 21 años, dejó de escribir para dedicarse a bandido. El venezolano Gustavo Dudamel, portento musical, comienza a renovar la música clásica desde los 22 años; ha logrado triunfos en Estados Unidos y Europa donde despierta ovaciones. Su otro aporte humanístico es llevar la orquesta sinfónica a los barrios miseria de Caracas.

Esto ha sido así en todos lo tiempos: humildad y carisma para descubrir misterios imaginativos sin límites de edad. Alejandro Magno conquistó a los 33 años los imperios en Asia central y menor, militar y político logró que los enemigos a muerte, persas y griegos, conciliaran en una unidad cultural. A los 20 años emprendió, desde Macedonia, la conquista del Imperio Persa, en acto de recuperación de la guerra sufrida por Grecia. Vivió 300 años antes de Cristo, pero era un político que leía y comprendía la importancia de las dos culturas como cuna de la cultura occidental. Fue un excelente lector de la historia y la poesía, de Heródoto y Píndaro, respectivamente y adoptó como maestro a Aristóteles.

También en el orden de la música popular de la cultura global hubo grandes transformaciones de quienes morirían jóvenes: Kurt Cobain, su música con una nueva estética influyen y siguen influyendo en la sociedad desde los ochenta. Jim Morrison era un lector voraz, poeta y compositor, además de pintor, para convertirse en líder rebelde desde su grupo de rock The Doors; y Jimmy Hendrix es considerado el mejor guitarrista de su época y músico sobresaliente de todos lo tiempos. Los tres murieron a los 27 años. En resumen nos quedamos con los descubrimientos de Rita Levi: la mente maravillosa no tiene edad.

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