La pérdida del anonimato

Porque como ya la experiencia nos ha enseñado, todo lo que se publica en las redes sociales tarde o temprano se sabe, se comparte y se reproduce.
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Mundosenlazados

Con la expansión de las redes sociales hemos perdido la anonimidad. Lo que escribimos, los likes que damos, las fotos que publicamos todo esto arroja una cierta luz sobre lo que somos y lo que pensamos y todo el mundo tiene acceso a ello.

Nuestros muros en Facebook, cuentas de Twitter, Instragram y demás son públicos, por más candados que nosotros creemos que le ponemos, basta con que una persona comparta algo, para que otros puedan ver y así se va reproduciendo.

Tenemos que cuidar lo que publicamos. Es difícil entender esto a veces cuando debería de existir la libertad de expresión y deberíamos de poder decir lo que queramos pero decir lo que pensamos tiene sus consecuencias.

Una forma sencilla de evitar esto es pensar antes de publicar: “Quiero que todo el mundo sepa lo que pienso sobre X tema”, si la respuesta es sí, adelante, pero si la respuesta es una mezcla de emociones o crees que solo querés que tu círculo más cercano lo sepa, entonces, mejor no.

Claro hay quienes deben de cuidar su imagen un poco más que otros, porque están en el ojo público por los cargos que fungen o por el tipo de trabajo que realizan.

Esta semana el gerente de comunicaciones de la Asamblea Legislativa fue removido de su cargo por una imagen burlesca que compartió en su cuenta de Twitter personal. En dicha imagen se ridiculizaba a una familia de políticos, algunos de ellos diputados de la misma institución donde él laboraba.

Los miembros de la junta directiva de la Asamblea alegaron pérdida de confianza como uno de los motivos de la destitución.

El directivo del FMLN, Guillermo Mata, recordó que uno de los papeles del gerente de comunicaciones debe ser “fortalecer la imagen institucional y no dañar a una persona en particular”.

Este hecho sienta un precedente para las instituciones gubernamentales sobre la imagen que se espera que sus empleados mantengan tanto dentro de estos organismos como en los ámbitos personales.

Ojalá que las mismas exigencias y sistema de sanciones se aplique para todos los funcionarios públicos, no solo para los empleados de las diferentes carteras del Estado. Las declaraciones que dan los funcionarios en público, las imágenes que comparten, las frases que escriben y que son ofensivas para otras personas y la población tampoco deberían de ser toleradas, se les debería de exigir que traten a los demás con el mismo respeto que ellos quieren ser tratados y que se comporten a la altura de los cargos que fungen.

Porque como ya la experiencia nos ha enseñado, todo lo que se publica en las redes sociales tarde o temprano se sabe, se comparte y se reproduce. Un error lo comete cualquiera, pero en esta era de medios digitales nada desaparece

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