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La poesía es vida

Cito a Einstein: “Sin crisis no hay desafíos, sin crisis la vida es una rutina, una lenta agonía. Porque es en ella que aflora lo mejor de cada uno. La única crisis amenazadora es la tragedia de no querer luchar por superarla”.
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Cuando llegué de San Miguel a San Salvador para estudiar la carrera de Derecho, debí sostenerme los estudios; así no sería carga de mi hogar que quería ver superarse a su hijo con preparación académica. En esos momentos jamás imaginé que la carrera escogida no era la razón de mi vida, quizás deseaba ser un comunicador literario.

Para seguir adelante con mis posibilidades pensé en dedicarme a la docencia. El horario de Derecho lo permitía, daba tiempo para trabajar. Como no existía escuela para especializarse en educación media, lo que se hacía en la época era que los bachilleres se sometían a un examen en el MINED para obtener certificación. Lo más fácil fue inscribirme como profesor de Matemática. Pasé el examen, porque desde jovencito, entre quinto y séptimo grado, daba clases de aritmética a las niñas de mi vecindario. El área me gustaba porque tuve un profesor que alababa mi facilidad para las operaciones aritméticas y cuando me encontraba poemas en mi cuaderno me reprendía: “De escribir poemas no se vive”. El profe era padrino de mi hermana y se sentía con derecho de revisar mis cuadernos.

En ningún nivel de la niñez, adolescencia o adultez tuve apoyo externo para mis ejercicios poéticos, solo mi madre comprendía mis impulsos de escribir poemas. Sin embargo, pese a los consejos de los maestros fundé en el último año de secundaria un pequeño periódico en el que me acompañaron compañeros de estudios. Lo llamé Inquietud. Ahí publicamos nuestras iniciales obras literarias.

Pese a esa vocación por las formas creativas de escribir versos, que es diferente a tener conocimientos de literatura, pensé que lo mejor era inclinarme por el área de la matemática. Y así, desde mi primer año de derecho comencé a impartir clases en Aritmética y Álgebra en centros escolares públicos, aunque también impartía Constitución. Pero coincidió que en esos mismos momentos gané mis dos primeros premios de poesía. De modo que la casualidad me encontró desarrollando dos áreas, al parecer, contrapuestas.

Le pregunto a un amigo, gran profesional en la ciencia matemática, si se puede explicar esta dualidad. Su respuesta es que ambas disciplinas tienen relaciones cercanas. “Son como hermanas gemelas”, me dice. No he tenido la oportunidad de ahondar sobre esa aseveración; pero se sabe que al mayor genio que ha dado la humanidad en los dos siglos últimos, Albert Einstein, le encantaba leer poemas: “En el pensamiento científico siempre están presentes elementos de poesía”, afirmaba.

Don Miguel de Cervantes Saavedra en “El Quijote” tiene una frase irónica: “El año que es abundante de poesía, suele ser también abundante de hambre”. Sin embargo, hay miles de poetas en el mundo, a sabiendas de que augura una vida de carencias. Se necesita valentía para dedicarse a una rama artística o literaria en esta vida efímera. Me dice un joven pintor, “tengo que trabajar en publicidad porque necesito comer, pero la pintura es y será mi vida”. Creo que de entre todas estas ramas artísticas es en la poesía donde más inciden las crisis vitales o limitaciones económicas. Y de nuevo cito a Einstein: “Sin crisis no hay desafíos, sin crisis la vida es una rutina, una lenta agonía. Porque es en ella que aflora lo mejor de cada uno. La única crisis amenazadora es la tragedia de no querer luchar por superarla”. Creo que caminar en la incertidumbre es la oportunidad de ganar certezas que rompan con los vacíos creativos.

Es posible que algunas de estas limitaciones originen poco interés por producir libros y por promover la lectura. Aunque en la última década del siglo pasado un grupo de entusiastas de la lectura decidió formar una asociación para ahondar estas áreas. Casi todas eran mujeres y de oficio bibliotecario, bibliotecarias jubiladas que tuvieron la voluntad de continuar su vocación frente al libro y la lectura. El propósito del grupo era comenzar a darle importancia al fomento de la lectura, facilitar el acceso a las bibliotecas y promoverlas como centros bibliográficos y de investigación.

Pero desde 2000 el fortalecimiento lector ha sido retomado por la institucionalidad. De modo que un país que apenas tenía 15 bibliotecas públicas, ahora ha duplicado esa cantidad, ahora sobrepasan las 30. No está demás reiterar el sueño de don Alberto Masferrer, quien en un libro publicado hace 100 años habla de la necesidad de crear una biblioteca por cada municipio. Nadie lo escuchó. Y es seguro toda habría sido diferente de habérsele atendido y no seguiríamos profundizando las oscuridades de la negatividad social.

Leer educa, a mayor educación más humanización y desarrollo social. Para un escritor es de vida o muerte: no puede haber buen escritor si no hay amor por la lectura. Todo buen escritor debe leer, si es en exceso muc ho mejor. Jorge Luis Borges decía sentirse más orgulloso de los libros que había leído que de sus libros escritos.

Poco a poco se ha ido neutralizando ese temor inconsciente de que ponernos frente a un libro es como estar ante un espejo, por el riesgo de vernos feos, criticados o juzgados. Y nos perdemos el disfrute de la poesía o la narrativa; de conocer e investigar con lecturas científicas. Poco a poco se borran los estigmas. Gracias a esas acciones que están fomentando a diario la lectura: los bibliotecarios y algunos docentes optimistas.

No es fácil romper los muros pero se rompen. Contamos en nuestro haber ingrato el crimen del poeta más talentoso que dio la generación de la segunda mitad del siglo XX: Roque Dalton. No hay poetas del mal, pese a que escribí una novela con ese nombre. En el siglo XIX Rubén Darío sufrió cárcel en su país por considerarlo vagabundo, ahora es reconocido por Borges como “libertador”, como “maestro de maestros”. El poeta Darío no cuidó su vida, pero creó vida. El poeta argentino y universal Borges nos repite una verdad: “Un país de lectores es educado para el desarrollo”. Y para la paz.

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