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La red de testaferros del viceministro José L. Merino

Una investigación de tres instituciones en Estados Unidos identificó al abogado José Mauricio Cortez Avelar como uno de los principales prestanombres de José Luis Merino, político salvadoreño para el que congresistas norteamericanos han pedido una indagación financiera. Los nombres de Cortez y de otros habituales colaboradores aparecen en los registros de una red de empresas con sedes en El Salvador, Panamá y Nevada (EUA). Tras una pesquisa que se alargó por meses, Séptimo Sentido también pudo certificar una compleja operación inmobiliaria realizada en El Salvador, en la que hay indicios de lavado de activos y en la que participa Cortez como parte de una maraña de empresas. Esta investigación será expuesta en varias entregas.
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La red  de testaferros   del viceministro José L. Merino

La red de testaferros del viceministro José L. Merino

El indicio.  Una investigación en la que colaboraron elementos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y la Administración para el Control de Drogas (DEA) llevó a que congresistas se decidieran a firmar esa carta.

El indicio. Una investigación en la que colaboraron elementos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y la Administración para el Control de Drogas (DEA) llevó a que congresistas se decidieran a firmar esa carta.

La red  de testaferros   del viceministro José L. Merino

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Cuando tuvo que regresar a San Salvador para comenzar a preparar la bajada del cerro de los “compas”, José Luis Merino compró una gaseosa mientras esperaba a que su contacto en la zona llegara. Eran los inicios de 1992 y la tinta estampada en los Acuerdos de Paz todavía estaba fresca.

Recibió la bebida y se fue sin pagar. Más de una década en los cerros, donde la cotidianidad era de combate y supervivencia, donde cada guerrillero recibía sus tres tiempos de comida en el campamento sin preocuparse por conseguirlos, le habían hecho olvidar esa sencilla convención de los tiempos modernos: que los bienes se cambian por dinero. La anécdota la rememora el propio Merino en su libro autobiográfico “Comandante Ramiro”, titulado en honor del nombre que usó durante el conflicto armado, Ramiro Vásquez.

Es el testimonio de un hombre que regresaba de la batalla en los cerros, desacostumbrado del mundo. Una imagen muy lejana a la del José Luis Merino actual.

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