Lo más visto

La revolución que nos falló

Las acusaciones hechas al primer presidente de izquierda salvadoreño sobre peculado, malversación, negociaciones ilícitas, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito ¿no deberían de servir para hacer un test ético sobre cómo funciona el poder político en El Salvador? Yo creo que sí.
Enlace copiado
La revolución que nos falló

La revolución que nos falló

La revolución que nos falló

La revolución que nos falló

Enlace copiado
En el 37.º aniversario de la revolución sandinista, me llamó la atención ver a la primera dama y portavoz del Gobierno de Nicaragua, Rosario Murillo radiante, bailando con genuina alegría y celebrando una fiesta que parecía pública, pero que en realidad era privada. Privada porque tuvieron que pasar un par de días para que se hiciera oficial su candidatura a la vicepresidencia del país.

Su nombramiento llegó acompañado de una serie de entrevistas que la prensa nacional e internacional ha realizado a su hija Zoilamérica Ortega Murillo, quien desde hace tres años y un mes vive en Costa Rica, como una “migrante forzada” porque tal como ella explica “no salió de su país por libre elección”.

Después del escándalo público que desató la denuncia de abuso y acoso sexual que Zoilamérica hizo contra su padrastro, Daniel Ortega, era la primera vez que la volvía a ver en un espacio de entrevista televisiva, conversando abiertamente sobre su nueva vida y lo que significa para ella ser la hija de la actual candidata. La vi íntegra, inteligente y reconstruida hablando sin tapujos otra vez sobre el tema.

Durante esa hora, la hija de la candidata hizo referencia a los 10 años que pasó luchando en los tribunales porque se hiciera justicia en su causa, de por qué retiró el caso y de su continua búsqueda de espacios de derecho para seguir viviendo en Nicaragua sin tener éxito.

En esa línea del relato recordó los tiempos de infancia en los que llegó exiliada a Costa Rica con su madre. “Vine porque mi madre era perseguida por Somoza en 1977 por ser parte del movimiento guerrillero del Frente Sandinista, y luego me toca venir a mi casi 40 años después, perseguida por quienes fueron perseguidos por Somoza, ocupando (ahora) el lugar de persecutores”.

A partir de este intercambio de roles, esta socióloga nicaragüense planteó que los movimientos políticos que suponían generar transformaciones en Nicaragua y América Latina fracasaron en una de las más importantes: en la transformación personal. “En mi país decían que mi caso era un test ético para la sociedad nicaragüense. En ese sentido, el que no fue capaz de cuestionar un liderazgo político por una denuncia de abuso sexual es aquel que permite que un líder político pueda tener tantas máscaras como pueda”.

Mientras la escuchaba fue inevitable pensar en el reciente asilo político que el Gobierno de Nicaragua otorgó al expresidente Mauricio Funes y a una parte de su familia, justo en medio de un juicio de enriquecimiento ilícito y una investigación por corrupción. Como ya todos sabemos el argumento para solicitar el asilo fue “considerar estar en peligro su vida e integridad física y la de su familia por luchar en pro de la democracia, la paz, la justicia y los derechos humanos”.

Aún cuando parece que un caso no tiene nada que ver con el otro, yo creo que sí. Por eso retomo la acertada reflexión de Zoilamérica y me pregunto: las acusaciones hechas al primer presidente de izquierda salvadoreño sobre peculado, malversación, negociaciones ilícitas, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito ¿no deberían de servir para hacer un test ético sobre cómo funciona el poder político en El Salvador? Yo creo que sí. ¿Es la incoherencia entre la conducta pública y privada que presenta la izquierda una vez llega al poder la que nos ha minado la esperanza? También creo que sí. ¿Ha sido aleccionador constatar que la impunidad y la corrupción no escapan de ideologías y han sido naturalizadas en nuestro contexto actual? Por supuesto que sí.

Dicho esto, no me cabe duda de que en este intercambio de roles todos hemos perdido y que la revolución triunfó en las causas que eligió defender, en la convocatoria, en el discurso, en los himnos que entrecortaron nuestra respiración, pero nos falló la transformación personal. Esa que ahora se deja deslumbrar por las pleitesías que provoca el poder y les hace olvidar “cuánta sangre se llevó el río”. ¡Qué lástima!

Tags:

  • rosario murillo
  • nicaragua
  • gobierno
  • revolucion
  • zoilamerica ortega murillo
  • rosarlin hernandez

Lee también

Comentarios