La vivienda imposible

San Salvador cuenta con tan solo dos dormitorios públicos ubicados en el Distrito 1 del barrio San Miguelito y alberga a 74 personas al mes. La mayoría de los usuarios son personas que viajan desde el interior del país y personas que no tienen hogar y viven en las calles.
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Arturo Mejía Ulloa tiene la piel morena, mide un poco más de 1.60 metros, su cabello es corto y con canas, siempre usa sus tenis blancos y los combina con pantalón de vestir negro, camisa y un saco negro. Arturo vive solo desde hace más de siete años. Sus conocidos dicen que se caracteriza por ser alegre, servicial y respetuoso. Arturo es uno de los cientos de indigentes que viven en las calles de San Salvador, duermen en camas improvisadas y se cubren del frío con sábanas sucias que encontraron en algún basurero. Muchos de ellos crean sus casas debajo de un puente, de algún paso a desnivel e incluso en un árbol, como hizo Arturo.

La vivienda digna es uno de los derechos fundamentales. Sin embargo, según datos publicados en 2005 por Naciones Unidas, cerca de 100 millones de personas a escala mundial no tienen hogar. Lo más difícil, en una situación como la de Arturo, llega con las lluvias. Se le agravan las enfermedades y cada tanto pierde toda pertenencia que no sea resistente al agua. Pocas son las alternativas para resguardarse. Los dos dormitorios municipales de la ciudad de San Salvador no cuentan con suficiente capacidad para albergar a todas las personas sin hogar.

San Salvador cuenta con tan solo dos dormitorios públicos ubicados en el Distrito 1 del barrio San Miguelito y alberga a 74 personas al mes. La mayoría de los usuarios son personas que viajan desde el interior del país y personas que no tienen hogar y viven en las calles. Según el artículo 70 de la Constitución, el Estado tomará a cargo a los indigentes que por su edad o su incapacidad física o mental sean inhábiles para su trabajo. En la práctica, no existe una institución que cuente con, por lo menos, una estadística que muestre el total de personas que viven en estas condiciones. Tampoco hay una que les provea lo necesario para alcanzar el techo digno.






Entre ramas. La Alcaldía de San Salvador mandó a podar la mayoría de árboles que se
encuentran en el bulevar Arturo Castellanos, entre ellos el que le servía de casa a Arturo Mejía
Ulloa. Tenía más de tres años de vivir de esa manera. Ahora vive debajo del paso a desnivel
que conecta el bulevar del Ejército con el Arturo Castellanos. Sus vecinos dicen que es un
hombre servicial y gracias a su actitud, le brindan alimentos.

Perspectivas. Para sobrevivir, Elsa Gómez recicla papel, plástico y latas. Sus pertenencias se las
ha hecho gracias a la bondad de otros. Pero sus mayores tesoros son los que ha encontrado en
la basura, asegura.


Asfalto como techo. Un mural adorna uno de los pilares del paso a desnivel ubicado sobre la
Sexta décima y la 49 avenida sur, en San Salvador. Es la obra vial que sirve de techo a un joven.


Sin tiempo.  Elsa Gómez vive en un predio a menos de 2 metros de un abismo que da al río que
atraviesa la colonia Guatemala. No recuerda cuántos años lleva viviendo en esas condiciones.


Esperanza en los otros.  La alimentación es un derecho, pero en condición de calle, la
alimentación es un desafío. Personas en situaciones como la de Arturo se amparan en la
solidaridad de los otros.


En la vía. Un hombre usa como techo una banca metálica. Está en una parada de buses
ubicada en el bulevar de Los Próceres, en las cercanías de una universidad privada. Ha hecho
de ese lugar su dormitorio.


Tras la lluvia.  Un hombre descansa en un colchón húmedo, llovió en la madrugada. Se ubica a
un costado de una cancha, cerca de los condominios de la calle 5 de Noviembre y la carretera
Troncal del Norte. Se cubre con una sábana también húmeda.


Tags:

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