Las guerras de Mijango

Raúl Mijango se convirtió en una figura conocida en el país tras presentarse como uno de los dos mediadores de la tregua entre pandillas, la que no hubiera existido sin su amistad con el general David Munguía Payés. Más que mirar los entretelones de la estrategia, este texto apunta a algunos elementos de su retrato, el de un hombre en perpetua lucha, capaz de generar anticuerpos a ambos lados del espectro político
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El partido.  Raúl Mijango cuando era diputado por el FMLN. Sus ideas chocarían con el ala ortodoxa del instituto político.

El partido. Raúl Mijango cuando era diputado por el FMLN. Sus ideas chocarían con el ala ortodoxa del instituto político.

La autoridad. Durante la tregua, a pesar de que no era funcionario, Raúl Mijango tenía un acceso ilimitado a centros penales, una facilidad que, según el ministro Munguía Payés, se le daba para

La autoridad. Durante la tregua, a pesar de que no era funcionario, Raúl Mijango tenía un acceso ilimitado a centros penales, una facilidad que, según el ministro Munguía Payés, se le daba para "no estorbar el proceso". Gestionar una visita con él era más práctico que hacerlo con la dirección.

Reunión.  El 17 de diciembre de 2012, Raúl Mijango y Fabio Colindres se reunieron con las autoridades del sector justicia para una posible reforma de leyes que contribuyeran a los municipios libre de violencia.

Reunión. El 17 de diciembre de 2012, Raúl Mijango y Fabio Colindres se reunieron con las autoridades del sector justicia para una posible reforma de leyes que contribuyeran a los municipios libre de violencia.

La casa natal.  Los familiares de Raúl muestran algunos de los libros que les ha llevado el exmediador. Dos de ellos son de su autoría. Mijango ha escrito casi una decena de libros.

La casa natal. Los familiares de Raúl muestran algunos de los libros que les ha llevado el exmediador. Dos de ellos son de su autoría. Mijango ha escrito casi una decena de libros.

Disidente. Fue uno de los impulsores del Movimiento Renovador al interior del FMLN. Su último cargo de importancia fue el de ser el coordinador adjunto del ahora concejal capitalino Fabio Castillo.

Disidente. Fue uno de los impulsores del Movimiento Renovador al interior del FMLN. Su último cargo de importancia fue el de ser el coordinador adjunto del ahora concejal capitalino Fabio Castillo.

El trabajo.  Mijango da un discurso al interior de un penal. El exmediador de la tregua, aunque ahora reconoce que el proceso murió a mediados de 2013, lo siguió dando por vivo hasta finales de 2014.

El trabajo. Mijango da un discurso al interior de un penal. El exmediador de la tregua, aunque ahora reconoce que el proceso murió a mediados de 2013, lo siguió dando por vivo hasta finales de 2014.

Las guerras de Mijango

Las guerras de Mijango

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La tregua entre pandillas no hubiera sido posible sin la existencia de una amistad, una que se sobrepuso, incluso, a una derrota que implicó la muerte de decenas de personas.

En 31 de marzo de 1983, en plena guerra civil, una fuerza del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), integrado por guerrilleros de milicia y miembros del grupo de élite Batallón Arce Zablah (BRAZ), decidió tomarse el enmontañado pueblo de San Isidro, en Morazán. Se trataba de una operación de distracción, pues otra parte de la guerrilla comenzaba a hacer movimientos para apoderarse del norte de La Unión.

El Ejército, por su lado, movería a San Isidro una fracción del Batallón Belloso para evitar esa toma. Las fuerzas gubernamentales acababan de llegar tras un entrenamiento en Fort Bragg, Carolina del Norte, Estados Unidos, por lo que, por lo menos en el papel, se trataba de un enemigo a temer para los guerrilleros.

Sin embargo en el caserío Sequía de Agua, justo a la entrada del municipio, los militares sufrieron una emboscada. Raúl Mijango, el encargado de esa operación, dice que no fue tal, sino que sus fuerzas ya se habían apoderado del territorio y, por tanto, esperaban que se realizara un ataque del enemigo, lo que en efecto pasó.

El Batallón Belloso se enfrentó a una de sus peores derrotas en toda la guerra, tras una batalla que se extendió desde las 10 de la mañana hasta que el cielo oscureció. La nota aparecida en LA PRENSA GRÁFICA el 4 de abril, en la que se narra el hecho, estableció la cifra de bajas del Ejército en 30. Reportes de la prensa internacional, sin embargo, la subían hasta casi la centena.

“La Fuerza Armada no ha dado a conocer oficialmente su reacción con respecto de la información”, rezaba la nota. La pérdida de tantos hombres le traería fuertes consecuencias al entonces mayor David Munguía Payés, quien tenía a su cargo a ese batallón, afincado en Osicala. Su contraparte en el lado guerrillero era el comandante Raúl Mijango.

Veinte años después, el derrotado y el triunfador de esa batalla se encontrarían por primera vez en persona, en esa ocasión para formar parte del mismo partido.

Munguía Payés decidió entrar en política tras adquirir notoriedad por haber demandado al entonces presidente Armando Calderón Sol por su decisión de suspender los ascensos en el Ejército justo cuando él reunía los requisitos para dejar de ser un coronel. El instituto político elegido fue Acción Popular (AP), el mismo en el que Mijango recaló tras su salida del FMLN en 2001 y su breve paso por el Partido Social Demócrata un año después. A Mijango lo movía el deseo de continuar en la política partidaria en un sitio donde sus ideas prevalecieran, aunque esto implicara tomar la mano de los demócratas cristianos. Ninguno de los dos ganó el puesto buscado en la Asamblea Legislativa. Pero quedó la amistad, una que se fue profundizando con el tiempo.

¿Cómo nace una relación con la misma persona a la que le mataste por lo menos a una treintena de hombres? O, aún más difícil, ¿cómo se entabla amistad con el que te mató a los colegas? Según un exmiembro de las FPL que conoció a Mijango durante la guerra, el acercamiento a esta idea por parte del exguerrillero inició apenas firmados los Acuerdos de Paz, cuando asumió el liderazgo del programa de desminado impulsado por la ONUSAL. En ese marco, se convirtió en el primer excomandante que asumía labores conjuntas con efectivos de las Fuerzas Armadas.

Cuando Munguía y Mijango se encontraron en Acción Popular por la necesidad de uno de entrar a la vida política y del otro de permanecer en ella tras su salida del FMLN, algo de esto permeó en la percepción de Mijango sobre Munguía Payés. En él vio, dice, a un hombre que se salía del estereotipo que él tenía de un militar, pues se trataba de un tipo en “extremo respetuoso, de maneras finas”.

El exmiembro de las FPL añadió que Raúl también tenía curiosidad por conocer al militar que dirigía al Ejército sobre el cual tuvo su primera gran victoria en la guerra, la que le granjeó parte del respeto que consiguió como comandante.

El trabajo en AP les mostró a David y a Raúl que tenían una gran cantidad de similitudes en el pensamiento, sobre todo en la idea de que para que la izquierda ganara el Ejecutivo, necesitaba de un candidato no identificado tradicionalmente con el FMLN, es decir, más apertura. Una de sus principales diferencias con sus antiguos compañeros de partido, según notas de prensa de la época. Así, Mijango comenzó a ser un habitual en la casa de los Munguía, una de las personas que siempre estaba en la lista de invitados para las bodas y fiestas de cumpleaños.

—Empezás a desmontar esquemas, a comprender que aquel no es tan malo como vos creías, y comenzás a ver en esa persona a veces más cualidades y más principios que en tus mismos compañeros de lucha. Eso lo vine a encontrar del otro lado, cabrón –dice Raúl, mientras su automóvil arriba a su casa, la misma en la que ha vivido desde finales de 2000.

Este cantón del Gran San Salvador es uno altamente dominado por las pandillas, impenetrable para cualquier desconocido. Para hacerse una idea, solo hace falta pensar en los seis asesinatos que registró el año pasado en la mitad de un mes.

A punto de frenar, Raúl recuerda que si deja el automóvil hacia arriba en la polvosa pendiente frente a su vivienda, es posible que, como en otras ocasiones, el sistema de encendido falle. Por eso da la vuelta y lo deja con la parte delantera hacia abajo, para que la inercia de la gravedad resuelva cualquier problema. Antes tenía un Mahindra, dice, facilitado por la ONG Interpeace, al que se le arruinó la caja de velocidades. Agradece el carro presente, proporcionado por la madre de su última hija.

En 2008, Raúl Mijango volvió a juntarse con su amigo Munguía Payés en Amigos de Mauricio, el movimiento que apoyaba la candidatura del expresidente Mauricio Funes. Raúl estaba esperanzado en que, si Mauricio ganaba, un puesto importante lo esperaba en el Gobierno. Iba a ser su gran regreso a la vida política tras su salida del FMLN en 2001.

Un evento le cortó cualquier ambición: las acusaciones de vender gas robado en mayo de 2009, por lo que estuvo recluido en una bartolina por un par de días. Las investigaciones no pasaron a más, pero lo dejaron muy mal parado.

Al mismo tiempo, el cambio de precios en el gas propano y su equiparación con el de la gasolina hizo que un sistema que se había vuelto popular ante los altos precios de la gasolina, el de implementar al primero como combustible en automóviles, dejara de ser rentable. La mayoría de sus clientes eran de ese tipo, por lo que el negoció quebró.

Sin un ingreso fijo, llegó una llamada de David Munguía Payés. Entonces, el general le comunicaba que Mauricio Funes lo había elegido para integrar su Gabinete de Seguridad. Lo quería a él como asesor, pues sabía de sus problemas y le serviría como perfecto elemento de entendimiento entre los otros miembros del gabinete, todos vinculados al FMLN. Raúl, sin embargo, no cumplía con uno de los requisitos, pues apenas había completado el noveno grado; por eso, el general lo contrató como asesor de medio tiempo.

—En un país tan polarizado como este, tras salir del Frente, ya viejo, sin una carrera para ejercer, a mí nadie me daba trabajo, cabrón –dice Raúl, cerrando la puerta de su casa y empezando el ascenso de unas empinadas escaleras. Hermosas enredaderas cubren la pared. —David fue la única mano amiga que encontré –añade.

Ahí, en esa relación, nacieron las primeras luces de la tregua, la poco ortodoxa estrategia de seguridad que bajó los índices de 12 asesinatos diarios que El Salvador vivía en 2011 a un número menor a siete en los dos siguientes años. La misma que, sin embargo, causó muchos anticuerpos en la población por una todavía no muy clara estrategia de facilidades a líderes de pandillas y que permitió a las estructuras consolidar su presencia en territorios donde antes no la tenía, sobre todo en el área rural.

Raúl siempre insiste en que la estrategia fue el fruto de intensas conversaciones entre él, Munguía Payés y monseñor Fabio Colindres.

Pablo Parada, exmiembro del partido FMLN, conoce a Raúl desde la época de la guerra. Por eso, dijo hace un par de días, cree más en la versión de que la estrategia fue una idea de Mijango. Ahondó más en la influencia de su excompañero sobre David, y afirma que en cada movimiento de la vida política de Munguía Payés posterior a Acción Popular ha estado detrás el consejo de Raúl.

“Lo que pasa es que este cabrón siempre ha pasado pensando soluciones para cualquier cosa, que para el desempleo, que para la pobreza. Que David Munguía Payés llegara al puesto de ministro de Seguridad hizo posible que al menos una de sus ideas se hiciera realidad. Cuando eso sucediera, no habría quién lo parara. Es que el cabrón es decidido. Cuando ves que ha tomado un camino, es para llegar hasta el final”, aseguró el exdiputado, mejor conocido como comandante Goyo entre sus amistades.

Algo parecido expresa Mijango, ahora, ya en la parte alta de las gradas, cuando asegura que el nombramiento de su amigo creó “la condición histórica para abrir la posibilidad”. Deja entrever, también, que el general por sí mismo jamás hubiera llegado a la estrategia, pues estaba más inclinado a ahondar en la represión. Menos mal, dice, su amigo creyó en él.

Días antes de esa conversación, se buscó a Munguía Payés para conocer su versión, para que hablara sobre su amigo. El general, sin embargo, declinó la petición, realizada a través de una llamada telefónica, con el argumento de que se trata de un tema en el que, con las condiciones actuales, no le gustaría pronunciarse. A Raúl, por su lado, lo recibe un vaho caliente desde el interior de su casa, una de techos bajos y que, como todas en el sector, carece de agua potable.


***

Raúl Mijango nació en Santa Cruz Michapa, Cuscatlán, hace 57 años. Cincuenta y siete años de una vida copada, casi toda, de actividad política. Al menos según lo narra su hermana, los primeros acercamientos con los movimientos de izquierda de la época sucedieron a sus 14 años.

Casi inmediatamente abandonó la casa familiar para vivir en la clandestinidad, primero para integrarse al Grupo Socialista Internacionalista y, poco tiempo después, al filo del inicio de la guerra, al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la misma organización a la que se atribuye el asesinato del poeta Roque Dalton en 1975. En medio de esto, intentó fundar un sindicato en la empresa de textiles IUSA, en la que también trabajaba su hermana, con muy malos resultados.

En “Mi guerra”, libro autobiográfico publicado en 2007, confiesa una de las principales razones para decantarse por el ERP: su condición de brazo armado, que le daría la posibilidad de probar su valor en los campos de batalla, entre las balas. Le picaban las manos por tener una pistola que empuñar. Tras un primer período en San Salvador y formado en cursos en Cuba y Nicaragua, fue enviado hacia el frente suroriental del ERP, que cubría los territorios de San Vicente y el norte de Usulután.

Su nombre adquirió rápido prestigio como conseguidor de resultados, incluso entre guerrilleros de facciones ajenas al ERP. Así lo dice un miembro del Partido Revolucionario de Trabajadores Centroamericanos (PRTC), quien prefiere guardar el anonimato. Piensa que su amistad con Mijango le podría traer problemas en su trabajo dentro del Gobierno, específicamente en el Registro Nacional de las Personas Naturales.

El nombre de Raúl Mijango está asociado a algunas de las victorias guerrilleras más grandes de la guerra civil, como la de la batalla del Nisperal, en el noventa, o la rendición de Anamorós (La Unión), cuando capturaron a casi 200 soldados del Ejército, en 1983. También con acciones más allá de la legalidad, como el sacrificio de 251 vacas de la hacienda Monte Grande, en San Miguel, ante la negativa de su dueño de pagar un “impuesto”.

Según el exdiputado Pablo Parada, Mijango siempre fue visto, sin embargo, como un mando medio, sin todo el poder de decisión que tuvieron comandantes como Salvador Sánchez Cerén, ahora presidente de la República y entonces cabeza de las FPL.

Ingresó a la vida de política partidaria en la postguerra con el nuevo FMLN y ganó una diputación para Usulután en 1997. Su principal aporte, sin embargo, sería la creación en el interior del partido, junto a otras figuras como Facundo Guardado y Francisco Jovel, del Movimiento Renovador, que sostenía que el partido debía abrirse a miembros tradicionalmente no asociados con la izquierda. Su contraparte fue otra facción, que los medios de la época bautizaron como “los ortodoxos”, formados por algunos nombres que aún hoy tienen peso dentro de la institución: Salvador Sánchez Cerén, Manuel Melgar, Eugenio Chicas.

El exmiembro del PRTC afirma que Raúl tenía, entonces, una posición radical, cuando el movimiento que lideraba se volvió mayoría dentro del partido de izquierda (47 de 56 miembros de la dirección nacional eran renovadores), por lo que incluso planteó expulsar a los disidentes. Raúl niega lo anterior, y dice, sin embargo, que no hacerlo fue su “peor error”.

Los “ortodoxos”, lógicamente, prevalecieron tras la derrota de Facundo Guardado en 1999 frente a Francisco Flores. El liderazgo de Raúl se volvió insostenible dentro del FMLN cuando el recién vencido candidato presidencial y entonces coordinador del partido decidió renunciar. El primer año del nuevo milenio, Mijango dejó de pertenecer a la institución bajo cuya bandera peleó en la guerra civil. Sus compañeros del Movimiento Renovador tampoco sobrevivieron mucho tiempo en el partido.

Tras eso, sus intentos por volver a la política partidaria han sido intermitentes, con Acción Popular (2002) y el Frente Democrático Revolucionario (2007).

Sus quejas ante sus compañeros del FMLN, sin embargo, han sido constantes: los acusa de boicotearle una oportunidad de estar al frente de la seguridad de la Corte Suprema de Justicia en 2004, o de haberlo asfixiado económicamente durante su militancia, o de crear la acusación que en 2009 lo llevó a una bartolina, o de negarle entrar con su actual negocio de papelería en el programa de paquetes escolares del Ministerio de Educación.

Del otro lado, la relación tampoco ha sido de silencio, y miembros prominentes del FMLN, como Medardo González, Benito Lara y Lorena Peña, se han pronunciado públicamente sobre él tras la muerte de la tregua, acusándolo de asesorar a las pandillas y exigiendo una investigación por parte la Fiscalía General de la República.

Su batalla con el partido, por tanto, es una que todavía continúa encendida y, según Pablo Parada, Mijango ha esperado ganarla en el campo electoral. Si bien manifiesta que su amigo es un auténtico preocupado por los problemas del país y que la tregua respondió a esto, Parada también reconoce que, en cierto momento, la estrategia pudo verse con un enfoque electoral.

“Mijango estaba seguro de que podía llevar a la presidencia a Munguía Payés con esa bandera en la mano”, sostiene Parada. Mijango niega lo anterior, aduciendo que a él y al general les hace falta lo más importante: dinero.

El exmiembro del PRTC cuenta algo parecido, y afirma que Raúl le confesó, en un momento, que esperaba que el éxito de su estrategia, que mostraba resultados casi “milagrosos”, le diera un lugar en la historia como aquel que “garantizó la paz” en medio de la guerra de pandillas, lo que se traduciría en una alta cuota de credibilidad. Mijango también lo niega.

Pero la política partidaria es, por ahora, la prioridad del pensamiento de Raúl, según él mismo lo confiesa. Acaricia la idea de un nuevo instituto político con el que, al fin, “pueda conquistar los sueños que ha perseguido toda la vida”. Este ya tiene un nombre: Movimiento Revolucionario del Pueblo.


***

Raúl Mijango, el hombre que no siendo funcionario tenía la potestad de entrar y decidir quién entraba a los centros penales durante la tregua; el mismo que describe su labor de esos días como la de un “apaga fuegos” ante el precario equilibrio del acuerdo, pues cualquier nimiedad podía desatar la matanza; el que se rodeó de un equipo de unas 60 personas para cumplir con sus labores, las que coordinaba desde un apartamento-oficina financiado por el Organismo de Inteligencia del Estado; el que sigue creyendo en la efectividad de su estrategia aquí no es Raúl Mijango, sino Mario Alberto, el nombre que le pusieron sus padres y por el que era conocido por todo el mundo antes de entrar a la clandestinidad. Y aquí es su casa natal, en Santa Cruz Michapa.

A la vivienda le ha crecido una comunidad alrededor. Cuando se pusieron sus cimientos hace unos 50 años (fue destruida en el terremoto del 13 de enero de 2001 y reconstruida gracias al aporte de USAID), el entorno era de cafetales. El pueblo estaba a unos metros.

Genoveva, la madre de Raúl, es uno de los personajes más populares de Santa Cruz Michapa, sobre todo por su labor como rezadora oficial, la que cumplió fielmente hasta hace unos años, cuando sus oídos y algunos quebrantos de salud comenzaron a traicionarla. Tiene actualmente 98 años (tuvo a Raúl a los 42).

Esta mañana de febrero, sin embargo, se ha despertado para atender las visitas, seguramente tras escuchar la voz de sus tataranietos. Como toda madre, habla maravillas de su hijo, y dice que Raúl ha llegado hasta un lugar que ella no esperaba que llegara.

Sin embargo recuerda con pena el periodo de la guerra, cuando el hijo decidió cortar toda comunicación con la casa materna. Por una década, Genoveva no supo si su hijo, que se debatía en el cerro El Tigre en San Vicente, estaba vivo. Lo vio hasta las primeras treguas de la guerra, al filo de los Acuerdos de Paz.

Viajaría en bus junto a su hija, Irma, y los dos hijos que hasta ese entonces había procreado Raúl. Llegaron a un sitio específico, donde los esperaría uno de sus compañeros, del que ya les había hecho llegar una extensa descripción. Este los conduciría por la complicada red de caminos que llegaban hasta esa base guerrillera. El hijo que encontró, dice Genoveva, parecía otro: el tiempo y la guerra ya habían trabajado con fuerza en él.

–Se puede decir que yo también peleé esa guerra, porque sufrí como no tiene idea. Al principio, le dije que no se metiera, que estuviera aquí en la casa… pero qué le iba a hacer, es que mi hijo siempre fue decidido –dice Genoveva.

Ahora Irma, la hermana de Raúl, se prepara para cocinar en fogón de leña. En las paredes de esta casa no hay ni una foto individual de Raúl, pero, dice Irma, su presencia ha sido constante casi cada fin de semana desde que bajó de las montañas. Es, asegura, una forma de pagarle a su madre los años de ausencia.

Aquí también está el hermano mayor de Raúl, Salvador, quien pronto tendrá que salir para hacer un viaje. A sus más de 60 años, se sigue ganando la vida con su labor de motorista particular y haciendo trabajos de campo, como ayer, cuando chapodó un terreno cercano. Salvador fue miembro de la Guardia Nacional hasta 1981, trabajo que dejó cuando supo que su hermano combatía en el bando contrario.

Con Raúl, dice, nunca han sido tan cercanos, a excepción de la época de la niñez y de los años finales del milenio anterior, cuando trabajó como parte del equipo de seguridad de Raúl cuando este era diputado.

—Por esos días, Raúl no ayudó aquí en Michapa, pues sus labores correspondían a Usulután. Y estaba entregado al partido, casi todo el pisto se le iba ahí –dice Salvador, quien luego remarca el silencio de su hermano con respecto de los últimos años, los de la tregua. De todo lo que pasó, dice, la familia se ha enterado más por los medios de comunicación que por boca de Raúl. Salvador confiesa que nunca terminó de creer del todo en la efectividad de lo realizado entonces por su hermano.

Dejar la casa de los Mijango y caminar por el propio pie en el vecindario no causa mucha confianza. Santa Cruz Michapa es, ahora, uno de los municipios más violentos del país. Hace solo unos días, un hombre y su hijo de seis años fueron asesinados. El año pasado cerró con 36 asesinatos, lo que hizo que Michapa registrara una tasa de homicidios de 247 por cada 100,000 habitantes.

En 2011, antes de la tregua, estrategia capitaneada por uno de sus hijos, el municipio cerró con cuatro asesinatos. Michapa es, por tanto, un municipio miembro de ese corredor de violencia del centro del país, en el que también están San Pedro Perulapán, Cojutepeque e Ilobasco, al que peor le sentó el efecto látigo de la tregua entre pandillas.

En su casa en el Gran San Salvador, Raúl Mijango confiesa que es consciente de lo anterior. Sin embargo, fiel a su idea, remarca que su estrategia nada tuvo que ver con esa escalada y levanta el dedo acusador, más bien, contra el sucesor de Munguía Payés en la silla del ministro de Seguridad, Ricardo Perdomo, quien lo desconoció a él y a Fabio Colindres como mediadores de la tregua e inició un nuevo proceso, esta vez capitaneado por el sacerdote español Antonio Rodríguez.

Ya ajeno a cualquier protagonismo y a la estrategia que ocupó sus días por dos años, Raúl se gana la vida como lo hizo tras el fracaso de Acción Popular: siendo intermediario en la venta de inmuebles de sus conocidos; administrando una microempresa, esta vez una pequeña tienda de papelería; dando consultorías, como la que recientemente concluyó con el tema de desminado en Colombia; y vendiendo sus libros, pues es el autor de casi una decena. El último de ellos fue un texto para niños, “Pedrito preguntón”.

En esta casa, ahora, Raúl está solo, pues su hija menor, quien vive con él, sigue de visita en Estados Unidos con la familia de su madre. Ella es su único reparo. En eso piensa mientras enciende su automóvil. En ella y sus otros tres hijos, de los que lamenta no haber sido un padre constante.

–Puta, cabrón, yo he sido loco y por eso no he podido tener una vida normal. A veces la mamá de mi hija menor me dice que le baje, que me busco problemas por mis posiciones. Dice que lo único que no me perdonaría es que le pasara algo a mi hija por eso, que ya estoy viejo y que debo ir bajando las revoluciones. Quizá tenga razón, pero no sé –dice Raúl.

Unas palabras que parecen no encajar en el retrato de un hombre que en su carrera política se ha creado anticuerpos a ambos lados del espectro partidario a base de la confrontación de sus ideas, el mismo que esperaba que una estrategia de seguridad (atacada en muchos frentes) le diera la notoriedad necesaria para navegar con su propia bandera, y el que continúa creyendo que la misma era la única salida para uno de los principales problemas de este país. El mismo del que se rehúye hablar (muchos de sus conocidos se negaron a participar en este perfil) para no meterse o meterlo en problemas, pero que conserva el respeto como estratega de algunos excompañeros de lucha.

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