Las guindas de las madres salvadoreñas

Ya sin los helicópteros militares sobrevolando sus comunidades y firmada la paz, estas mujeres iniciaron la otra guinda, la de mantener a las familias, la de buscar familiares desaparecidos.
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De aquel mayo de 1982, Tomasa recuerda que tenía los pies “pelados” de tanto caminar, que aún así tenía que hacer la fuerza de seguir, que se le metían espinas en las carreras que llevaba con las balaceras y los aviones encima. “Si me caía, ahí quedaba… en esas guindas perdí a cuatro sobrinos. A mi hermana y al papá de ellos los mataron. Y bueno, no había tiempo para hacer duelo, porque uno andaba en los charrales, viendo cómo se defendía”. Las memorias de Tomasa hacen referencia a la operación militar denominada “Guindas de mayo”. Fue en ese mes dedicado a celebrar el Día de las Madres que el ejército llegó a Chalatenango, asesinó a más de 600 personas desarmadas y separó de sus familiares a 53 niños. El escenario, como siempre, fue el gran río Sumpul.

Más de tres décadas después, en mayo de 2016, vale la pena preguntarse qué ha pasado en las vidas de las madres que sobrevivieron esta masacre, qué han hecho con sus recuerdos, cómo sobrellevan el imperativo de perdón y olvido, el duelo postergado y la necesidad de ser escuchadas. Algunas de estas preguntas es posible responderlas a partir de la investigación realizada por la psicóloga colombiana Adriana Ospina, quien dedicó su tesis de Maestría en Psicología Comunitaria al estudio del papel que desempeñan las mujeres en la recuperación de memoria histórica en la postguerra salvadoreña.

Después de largas conversaciones con las sobrevivientes del municipio de Arcatao, Ospina afirma que durante la guerra fueron las mujeres quienes se convirtieron en los “elementos” más estables del núcleo familiar y de las comunidades. Con los hombres en la montaña, fueron ellas quienes asumieron la responsabilidad de la familia, quienes dieron sentido a la vida comunitaria y quienes cocinaron, curaron, educaron y comunicaron cada vez que hizo falta.

Ya sin los helicópteros militares sobrevolando sus comunidades y firmada la paz, estas mujeres iniciaron la otra guinda, la de mantener a las familias, la de buscar familiares desaparecidos, la de exhumar a sus seres queridos que fueron sepultados en cualquier vereda, la de crear museos comunitarios, la de recuperar memoria colectiva.

Por el ambiente de impunidad que aún impera en El Salvador, la psicóloga colombiana destaca que el esfuerzo que realizan estas mujeres por recuperar la historia social de sus comunidades es profundamente valioso, sobre todo porque se trata de “una sociedad donde las personas sobrevivientes han tenido que llevar sus memorias consigo en silencio o compartirlas con sus semejantes en espacios íntimos, produciéndose de esta manera una privatización del daño, una falta de dignificación de las víctimas y una pérdida de apoyo por parte de las personas más afectadas”.

La explicación de Ospina es que toda esa fuerza proviene de su rol de cuidadoras que a su vez se convierte en el motor y en la vía desde la cual logran hacerse escuchar. Y aclara que “aunque las mujeres se organizan en torno de diversas razones que trascienden su rol en el cuidado de la vida, las habilidades requeridas por las madres en la vida diaria, tales como la renuncia, la resistencia y la reconciliación, parecieran necesarias para construir movimientos con fines políticos a favor de la paz, la justicia y la reparación”.

Lo más interesante de este enfoque de investigación es que reinterpreta las habilidades por las cuales el rol social de las mujeres ha sido banalizado y demuestra que, estas mismas habilidades vistas desde otro ángulo, son las que han aportado sentido de pertenencia y han contribuido a definir, en buena medida, el rumbo social y político del país.

Este mayo, celebro la vida de las mujeres salvadoreñas que en medio de las guindas, pasadas y presentes, atesoran con sabiduría nuestras memorias. Como dice Dolores, “tantos muertos, tanta sangre derramada… las madres tenemos un compromiso que no podemos callar en ningún momento, tenemos que ser fuertes y firmes”. Feliz Día de las Madres, mujeres de Arcatao

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  • guindas
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