Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

La única certeza que por ahora tienen los 21 miembros de la familia de San Martín desplazada por amenazas de pandillas es que ya no pueden vivir en su casa de la colonia Altavista. “No puedo ni entrar a la casa donde vivo, a la colonia donde vivo, ni estar quizá en este país, porque soy amenazada de muerte. Si la policía no me hubiera dado seguridad para salir, allá estuviera tirada o en Medicina Legal, quizás”, relató el 7 de abril en la noche Alicia, una mujer de ojos claros y unos 45 años que lidera a esta familia. Diez de sus hijos, siete de sus nietos, dos de sus nueras y un yerno la acompañan.
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Salida. Lo que esta familia persigue es salir del país. Andan buscando en varias embajadas que se les dé asilo por estar bajo amenaza de muerte por grupos pandilleriles. Acá creen que ya no hay nada que se les pueda ofrecer.

Salida. Lo que esta familia persigue es salir del país. Andan buscando en varias embajadas que se les dé asilo por estar bajo amenaza de muerte por grupos pandilleriles. Acá creen que ya no hay nada que se les pueda ofrecer.

Cuenta regresiva.Las familias cuentan que los pandilleros les dieorn 24 horas para abandonar sus casas. EL motivo, les dijeron, fue la negativa de los jóvenes a integrarse a estos grupos delincuenciales.

Cuenta regresiva.Las familias cuentan que los pandilleros les dieorn 24 horas para abandonar sus casas. EL motivo, les dijeron, fue la negativa de los jóvenes a integrarse a estos grupos delincuenciales.

Juegos. Los pequeños buscan la manera de entretenerse mientras los adultos gestionan un lugar más seguro para albergarse.

Juegos. Los pequeños buscan la manera de entretenerse mientras los adultos gestionan un lugar más seguro para albergarse.

Caminata La familia estuvo en el parque Madre Selva de Antiguo Cuscatlán. Caminaron cerca de cinco cuadras hasta llegar al edificio de las Naciones Unidas, donde uno de ellos tendría un entrevista  para un posible asilo político.

Caminata La familia estuvo en el parque Madre Selva de Antiguo Cuscatlán. Caminaron cerca de cinco cuadras hasta llegar al edificio de las Naciones Unidas, donde uno de ellos tendría un entrevista para un posible asilo político.

Desalojo.  Estos chicos regresaron al parque, donde pasaron  la noche, comieron un poco de lo que tenían y descansaron un rato. Hasta que un agente del CAM, acompañado de dos agentes de la PNC, habló con la encargada del grupo  familiar y les pidió que desalojaran el lugar porque era un sitio recreativo  y que no podían estar ahí ni dentro del municipio por orden de la alcaldía.

Desalojo. Estos chicos regresaron al parque, donde pasaron la noche, comieron un poco de lo que tenían y descansaron un rato. Hasta que un agente del CAM, acompañado de dos agentes de la PNC, habló con la encargada del grupo familiar y les pidió que desalojaran el lugar porque era un sitio recreativo y que no podían estar ahí ni dentro del municipio por orden de la alcaldía.

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

Las respuestas que no encuentran los desplazados de San Martín

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 Alicia –nombre ficticio– dice que obtuvo la idea de un policía en Altavista, el mismo que le ofreció escolta para salir de su casa, a bordo de un pick up que alquilaron para hacer el viaje, y un sedán del año 1983, propiedad de uno de sus hijos. Alberto, el conductor, quería vender su automóvil en $1,200, negociables, ofrece.
 
La embajada estadounidense, ubicada a unas cuadras del parque donde los refugiados durmieron el martes, no los atendió, pese a que una de las mujeres del grupo cuenta con la ciudadanía americana. El pasado miércoles, personeros de las Naciones Unidas le explicaron a la mujer que ella podía viajar con su hija a Estados Unidos. Pero esta opción no es viable para ella: Quiere que la acompañen todos. “Las Naciones Unidas y mucho menos el PNUD no podemos conceder asilo, no tenemos ese estatus legal ni esa capacidad, pero es posible que algunas delegaciones diplomáticas en el país lo puedan, y lo decidan hacer”, explicó Stefano Pettinato, representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en El Salvador. El PNUD, cuyas oficinas también están en Santa Elena, fue la única entidad que recibió a una de las víctimas. En la embajada de Canadá, los rechazaron el martes, pero les pidieron que regresaran al siguiente día. No fueron. La Policía Nacional Civil les tomó la denuncia. Dos veces. Un colaborador jurídico de la Procuraduría para los Derechos Humanos les dijo: “Busquen quien les eche la mano”.

Los desplazados cargan un estigma. Dos de los hijos de Alicia están presos en Izalco. Uno más cumplió su tiempo en prisión y salió. Otros dos fueron detenidos, aunque la PNC no les comprobó ningún delito. Lorena Peña, diputada del FMLN, ya señaló esta condición, quizá como para paliar la falta de respuesta del Estado a familias como esta. Para mientras, Alicia y los suyos expanden su lista de dormitorios recientes: la casa de un vecino, el lunes; un parque, el martes; un motel, el miércoles. “¿Adónde nos vamos?”, preguntaba uno de los menores de edad del grupo. Ellos buscan esa respuesta todos los días.

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