Llegar a fin de mes

Encontró una cocina descompuesta y a una familia que no tiene ni tambo de gas. Y esto no es drama. Esto es rutina, la de miles de familias.
Enlace copiado
Enlace copiado
Los discursos sobre políticas económicas del país casi siempre adolecen de una falla: no incluyen a las voces de quienes pagan los platos rotos de esas políticas. ¿Cuánto gasta una familia en comer? No bien, ni balanceado, ni siquiera se da por sentado que sea una actividad a realizar tres veces al día. Es solo comer. Cuando se puede, que en este país es lo mismo que decir cuando se tiene.

Con esta pregunta llegó el periodista Ronald Portillo hasta la cocina de una familia salvadoreña cuyo ingreso fijo es de un salario mínimo. Lo que encontró fueron ausencias, penas y a una mujer que después de trabajar por ocho horas solo halla para cenar tres panes y tres rodajas de plátano. Encontró a cinco niñas que no desayunan antes de ir a la escuela. Encontró una especie de matemática rara que obliga a estirar el dinero al máximo, hasta donde se puede. Encontró una cocina descompuesta y a una familia que no tiene ni tambo de gas. Y esto no es drama. Esto es rutina, la de miles de familias.

Pocas cosas en este mundo mienten menos que los números. Y los de esta familia son rojos, alarmantes. Y ellos, metidos en la jungla de la ciudad, no cuentan con un silo lleno de granos para inflar el presupuesto, tampoco tienen cerca árboles frutales de los que echar mano en caso de emergencia y menos pueden aferrarse a la esperanza nacida de una milpa. Cada noche se ven solos haciendo cuentas de cómo hacer para poner algo de alimento en la boca de sus hijas y también pagar los pasajes de bus y, si se puede, el alquiler de la casa.

Este es un país pequeño, de ciudades igual de pequeñas; pero con desigualdades de talla mundial. En este escenario no hay que hacer grandes esfuerzos para pensar en que, seguramente, a pocas cuadras de donde esta pareja de esposos hace malabares con el desayuno del siguiente día, seguramente haya familias con la alacena llena de comida, comida guardada y entretenida sin que haya entre los miembros de ese afortunado hogar alguien con hambre para consumirla. Y quizá sean justamente estos hogares afortunados en los que se piensa cuando se trata de afirmar que no hay aquí tanta pobreza como se quiere hacer creer.

Tags:

  • Salario minimo
  • comer
  • economicas
  • ingreso fijo

Lee también

Comentarios

Newsletter