Lo que nadie te dijo sobre lo que los hijos sienten, cuando los padres se separan

Los padres que han tomado la decisión de separarse no tendrían que perder nunca de vista la sentencia que preconizan dos autores franceses, Gérard Poussin y Anne Lamy, en su libro Custodia Compartida: “El fracaso de la pareja conyugal no tiene por qué obstaculizar el triunfo de la pareja parental”.
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Los padres en proceso de separación, como personas adultas y responsables que son, deben saber que: una cosa es separarse como pareja (a nivel conyugal), pero otra cosa muy distinta es separarse como padres (a nivel parental). Muy a menudo sucede que ambos niveles (conyugal y parental), aunque están en planos distintos en el contexto de la relación familiar, se confunden entre ellos y se imbrican el uno al otro. Por eso, durante esta etapa tan difícil, el ejercicio de la parentalidad decae, aunque sea temporalmente, porque predominan los problemas personales entre los cónyuges. Tristemente, las que más sufren este proceso de separación son los hijos, ellos se convierten en las víctimas de estas decisiones. Por eso, para asimilar mejor una ruptura de este tipo, se recomienda buscar ayuda profesional, para evitar repercusiones en la salud emocional de los más pequeños del hogar. El autor del libro "Psicología de la Familia", Paulino Castells, expone en un artículo publicado por el sitio web Solo Hijos.com los sentimientos que emergen de los hijos, durante este proceso de separación. Esto te puede ayudar a empatizar con tu hijo y tratar de buscar ayuda profesional cuanto antes.

* Sensación de vulnerabilidad.

Se rompe en mil pedazos el armazón de seguridad que el niño se había ido forjando en el día a día, percibiendo las muestras cotidianas (pequeñas o grandes), de que sus progenitores están pendientes de él y de su protección. Aparecen los miedos intensos y la ansiedad continua.

* Temor intenso a ser abandonados por sus progenitores.

La mayoría de los niños está preocupado porque creen que sus necesidades no serán atendidas. Temen que, como la relación de pareja de sus padres se ha disuelto, suceda lo mismo con la relación padre e hijo.  Un tercio de los hijos teme que su madre les abandone. Pero, al progenitor que más temen perder es el que se ha ido de casa. Temen que pierda el amor que antes sentía por ellos. Este sentimiento explica ciertos comportamientos de los niños, en especial si son pequeños, como reticentes miedos nocturnos, ansiedad de separación de los padres, crisis de pánico, fobia escolar, etc.


* Sentimiento de tristeza y lástima.

La reacción depresiva, en mayor o menor grado, casi siempre está presente. El psiquiatra neoyorquino Luis Rojas Marcos, expone en su pionero libro de referencia La pareja rota que, “con excepción de la muerte de la pareja amada, la separación y el divorcio son para la mayoría de las personas las experiencias más traumáticas y penosas de su vida”. Y estos amargos sentimientos están presentes tanto en los adultos como en los niños.

* Fantasías de reconciliación de los padres, en la que todo volvería a ser como antes.

Estas fantasías perduran bastante tiempo en la mente del niño (y hasta del joven adulto).


* Sentimientos de culpa.

El niño cree que su vida “pesa” sobre sus dos progenitores como si fueran complicadas cargas y responsabilidades. Los niños oyen quejarse a los padres con comentarios desafortunados que se les escapan – que en sí son intrascendentes, pero que en un clima familiar tenso cobran otro significado-, del tipo:“¡Este niño está acabando conmigo!” o “¡Ya no lo aguanto más!“. Una tercera parte de los niños que asumen esta responsabilidad culpabilizadora suelen tener menos de ocho años.

Para terminar, el especialista escribe que el único consejo para mitigar estas experiencias infantiles es: que el niño sepa que, por encima de las desavenencias entre los padres, a él se le sigue queriendo igual.

 
Fuente: Solohijos.com

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