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Los adultos mayores de un Estado negligente

El Estado salvadoreño se encuentra en deuda con los adultos mayores. Y esto no es solo por el bajo acceso a pensiones. A la poca posibilidad de ingresos económicos dignos se le suma que no hay hogares estatales suficientes para ancianos y la nula posibilidad de encontrar a un geriatra en el sistema de salud pública. En este reportaje se hace un recuento de las dificultades que se agravan con la edad y cómo el Estado prueba ser ineficiente aun en los últimos años de vida de sus ciudadanos.
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Beneficiario.  Humberto Torres tiene 82 años. A los 13 aprendió el oficio de sastre. Tiene hijos, pero viven en el exterior. Fue operado de los ojos y ya no pudo seguir trabajando.

Beneficiario. Humberto Torres tiene 82 años. A los 13 aprendió el oficio de sastre. Tiene hijos, pero viven en el exterior. Fue operado de los ojos y ya no pudo seguir trabajando.

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María es persuasiva y coqueta. Se ríe mucho y sus ojos negros persiguen vivaces cualquier movimiento dentro de su cuarto. Sus amigas dicen que tiene 98 años y otros dicen que tiene 94. Ella no lo sabe precisar. Esta tarde lluviosa está acostada en una cama porque se rompió la cadera y está en recuperación. Cuando ve que un hombre de pelo entrecano entra a su dormitorio, pone en práctica su estrategia. Lo llama para que se acerque, lo toma de la mano, le sonríe y le pide una cosa: pollo frito.

 

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