Los dos Martínez

La retórica antiinmigrante ha puesto a Mitt Romney en el camino de ser el candidato presidencial con menor apoyo hispano en la historia de EUA.
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La lista de oradores se esforzaba por mostrar una cara de la diversidad que cada día es la realidad en todos los rincones de Estados Unidos. Por el podio de la Convención Nacional Republicana pasó la gobernadora Susana Martínez, la primera mujer hispana en ocupar una gobernación estatal en la historia del país, quien incluso se arriesgó a pronunciar una frase en español en un discurso televisado en todo el país.<p>El encargado de presentar a Mitt Romney ante la nación fue otro hispano, el senador Marco Rubio, de padres cubanos. Además, pasó por el podio Condoleezza Rice, la exsecretaria de Estado, la primera mujer afroamericana en fungir ese cargo.</p><p>La cuidada coreografía republicana intentaba brindar una imagen de diversidad. Pero los contraplanos de las cámaras de televisión que enfocaban a los delegados, los encargados de elegir a los candidatos y autoridades del partido, eran un mar de banderas azul y rojo y caras blancas. El partido republicano es cada vez menos diverso, es cada vez más blanco y más conservador. Menos del 2% de los delegados republicanos eran afroamericanos y cerca del 4% latinos. En contraste, cerca del 39% de los delegados en la Convención Demócrata de este año serán de diversas razas y grupos étnicos.</p><p>Mientras la gobernadora Martínez hablaba del éxito como representación del sueño americano, su partido aprobaba una plataforma nacional que incluía las posiciones más duras en contra de los inmigrantes, incluyendo la negación de beneficios de cualquier tipo a los jóvenes indocumentados que buscan ese éxito a través de educación universitaria.</p><p>Ese mismo día, una corte federal sentenciaba que el Congreso estatal de Texas, de mayoría republicana, discriminó directamente contra hispanos y afroamericanos al redibujar su mapa electoral con una clara intención de reducir la participación de hispanos y afroamericanos en las elecciones.</p><p>El mismo día también el presidente de la Cámara de Representantes, el Republicano John Boehner, admitía en un desayuno con periodistas que la mejor esperanza de los Republicanos de triunfo en los estados con alta población hispana es que la apatía sea la ganadora y que los votantes latinos se queden en casa en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre.</p><p>La esperanza de Boehner no es descabellada. La crisis económica ha golpeado de manera desproporcionada a afroamericanos e hispanos, que sufren de las mayores tasas de desempleo en todo el país.</p><p>El mensaje central de la campaña de Mitt Romney es el de un mejor futuro económico para todos los estadounidenses. Pero ese mensaje es difícil de entender para un electorado hispano, que pese a su mala situación económica y a la promesa flagrantemente incumplida del presidente Barack Obama de impulsar una reforma migratoria integral en su primer año en la Casa Blanca, siguen apoyándolo en porcentajes todavía mayores que en 2008.</p><p>La retórica antiinmigrante, que con Mitt Romney ha alcanzado niveles del ridículo, como sugerir que los indocumentados se autodeporten o amenazar con vetar el Dream Act, una medida que incluso muchos congresistas de su propio partido apoyan por considerarla un acto humanitario, lo ha puesto en el camino de ser el candidato presidencial con menor apoyo hispano en la historia de Estados Unidos. De allí que pese al optimismo de Susana Martínez, el exsenador y expresidente del partido republicano, Mel Martínez, se lamentaba en un foro sobre el voto latino en Tampa: “Tenemos que encontrar esa forma de conectar con el voto hispano, de lo contrario, nuestro futuro es convertirnos en un partido minoritario”.</p><p>Una fotografía de ese futuro es California, el estado de Ronald Reagan y Richard Nixon. Después de la propuesta 187, que pretendía expulsar a los indocumentados de ese estado, los Republicanos no han ganado allí una sola elección presidencial desde 1988 y en muchos distritos ha caído hasta un tercer lugar en preferencias. Dos Martínez, dos Republicanos, dos discursos y un dilema que la elección de 2012 no resolverá.</p>

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