Lo más visto

Más de Revistas

Revistas  / septimosentido Gabinete Caligari

Los hermanos Romero

Mientras los veo dormir agotados después de jugar, pienso en tantos animales que viven en la calle, salvajes, sin garantía de sobrevivir el día, enfermos, con hambre.

Enlace copiado
Jacinta Escudos

Jacinta Escudos

Enlace copiado

Una noche de enero se escucharon en la colonia maullidos de gato chiquito. Eran tan fuertes y afligidos que varios vecinos salimos a ver qué pasaba. Una gata callejera, que vive en el techo de unas casitas que están a la entrada de la colonia, había vuelto a parir. De alguna manera, uno de sus críos había llegado al pasaje. Estaba escondido entre unas macetas, en la acera de mi casa, maullando a todo pulmón. Su piel era atigrada en gris, con el pecho blanco. Tendría un par de meses de nacido.

Tres o cuatro vecinos nos apiadamos. Alguien asumió que era hembra. "Pobrecita la gatita", dijimos todos. Un par de personas le pusieron comida. Intentamos agarrarla, pero huía muerta de miedo. En los días siguientes, la gatita siguió maullando. De pronto aparecía la madre a darle teta. También aparecía el padre, un gato grande, blanco y con parches grises. Los tres se juntaban en las noches a jugar en mi parqueo. Poco a poco, la gente dejó de poner comida. Poco a poco, sus padres dejaron de llegar.


Leer columna de opinión completa en: Los hermanos Romero

Tags:

  • Romero
  • Virginia Wolf
  • Orlando

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines