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Los ilustres olvidados

La sección de Los Ilustres del Cementerio General de San Salvador alberga monumentos de los siglos XIX y XX. Su valor histórico, artístico y cultural ha llegado a convertir este lugar incluso en un atractivo turístico. No ha alcanzado, sin embargo, para proteger el lugar de los delincuentes y del tiempo.
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ContrasteEntre 1950 y 1960 algunas familias vendieron sus espacios en Los Ilustres y optaron por los cementerios privados y las catacumbas. Algunos de los nuevos dueños botaron los mausoleos y  construyeron, en ocasiones, con azulejo.

ContrasteEntre 1950 y 1960 algunas familias vendieron sus espacios en Los Ilustres y optaron por los cementerios privados y las catacumbas. Algunos de los nuevos dueños botaron los mausoleos y construyeron, en ocasiones, con azulejo.

En el olvidoEste mausoleo fue  abandonado, pero los encargados del cementerio únicamente pueden restaurarle el barandal debido a que el sepulcro es propiedad privada.

En el olvidoEste mausoleo fue abandonado, pero los encargados del cementerio únicamente pueden restaurarle el barandal debido a que el sepulcro es propiedad privada.

La mejor imagenSegún el historiador Héctor Sermeño, esta imagen que decora a uno de los sepulcros de la sección de Los Ilustres es el mejor Sagrado Corazón de Jesús que tiene el Cementerio General. Fue tallado en mármol de Carrara por los hermanos Ferracuti en 1949.

La mejor imagenSegún el historiador Héctor Sermeño, esta imagen que decora a uno de los sepulcros de la sección de Los Ilustres es el mejor Sagrado Corazón de Jesús que tiene el Cementerio General. Fue tallado en mármol de Carrara por los hermanos Ferracuti en 1949.

Precaución Tras ser averiada, esta puerta de vidrio y bronce ha sido asegurada con una cadena y un candado para evitar que más daños se realicen en el interior del mausoleo.

Precaución Tras ser averiada, esta puerta de vidrio y bronce ha sido asegurada con una cadena y un candado para evitar que más daños se realicen en el interior del mausoleo.

Estructura al descubiertoLa pared destrozada de este mausoleo permite visualizar que entre los materiales que han sido empleados para la construcción de los sepulcros también se encuentra la mampostería.

Estructura al descubiertoLa pared destrozada de este mausoleo permite visualizar que entre los materiales que han sido empleados para la construcción de los sepulcros también se encuentra la mampostería.

Los ilustres olvidados

Los ilustres olvidados

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Fotografías de Víctor Peña

E

l busto de bronce sólido de Pío Romero Bosque que decoraba este sepulcro blanco ya no está. Frente a la cúpula de este mausoleo de 78 años de antigüedad, donde posó la estatuilla del fallecido expresidente de El Salvador, solo queda un pedazo de cemento desigual que denota que la estatuilla de alrededor de 80 centímetros de altura traída de Francia en los años treinta fue arrancada con tosquedad entre finales de mayo de este año y principios de junio. Nadie sabe ni siquiera cuándo se la llevaron.

La pequeña figura de Pío Romero Bosque estuvo por alrededor de 70 años frente a la cúpula de este mausoleo de más de dos metros de altura cuyos nichos y el altar están elaborados de mármol italiano. Salvo que quienes la hurtaron hayan decidido no fundirla, nadie la volverá a ver, ni la familia Romero Bosque, ni los artistas, ni los historiadores. Y los excursionistas que acostumbran visitar de vez en cuando esta sección del cementerio en los recorridos turísticos nocturnos tendrán que conformarse con la información de que el busto de Pío Romero Bosque estuvo un día ahí.

A la lista de artículos desaparecidos en esta ocasión también se suman dos cruces, dos placas y un adorno de laureles. Cada uno de ellos elaborados en bronce. La explicación que se le ocurre al personal de seguridad del cementerio es que de seguro ocurrió durante una noche lluviosa; lo que impidió que pudieran escuchar el sonido de los picos, el martillo o el cincel que debieron utilizar para arrancarlas.

Esta no es la primera vez que se reportan hurtos y daños en esta sección del Cementerio General. Basta con adentrarse en los angostos caminitos que permiten recorrer la sección de Los Ilustres para reparar en los daños ocasionados, incluso en algunos de los mausoleos considerados como mejor conservados.

“Todo lo que se roben y sea monumental es más valioso espiritualmente y moralmente que financieramente. Una pieza robada puede valer $1,000 en la calle, pero con $1,000 no se pagan 150 años de tradición. Esa es la diferencia”, explica ante lo ocurrido el historiador del Centro Histórico de San Salvador Héctor Sermeño, justo antes de adentrarse en uno de los pequeños senderos de la sección de Los Ilustres. Su objetivo es mostrar algunos de los mausoleos de mayor valor artístico, a su criterio.

Héctor Sermeño lleva rato involucrado en temas de patrimonio e historia. Llegó a ser director de Patrimonio Cultural en el antiguo Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA). E incluso en 2011 fue condenado a tres años de prisión por autorizar la construcción de una residencial en El Cambio, en San Juan Opico, y con ello dañar irremediablemente este sitio arqueológico. La sentencia de cárcel le fue sustituida por 144 jornadas de trabajos de utilidad pública.

Una vez adentro de las cinco manzanas que componen la sección de Los Ilustres, donde se yerguen unos 300 monumentos esculturales, este señor de baja estatura y piel morena realiza la primera estación en el sepulcro del general Gerardo Barrios. Este es un monumento de más de dos metros de alto, con la escultura de una mujer que posa con rostro triste junto a los restos de su marido. Luce muy bien conservado a pesar de que data de finales del siglo XIX. “Estos elementos grecolatinos, y el mármol de Carrara, hacen que estos monumentos sean muy valiosos monetariamente, culturalmente y artísticamente”, explica Héctor Sermeño mientras observa con entusiasmo el sepulcro.

Como este mausoleo, muchos de los monumentos que alberga esta sección del cementerio fueron traídos por encargo directamente de Italia y fueron construidos con el mencionado mármol de Carrara, el mismo con el que fue construido el Vaticano, traído de las canteras del municipio de Carrara, Italia. “(Este mausoleo) bien anda costando unos $8,000, más la traída (de Italia), unos $10,000 o $12,000”, termina de explicar Sermeño.

Las esculturas que adornan los sepulcros de Los Ilustres van desde una cruz hasta grupos de ángeles de más de un metro de altura o la mismísima recreación de “La piedad” –obra escultórica de Miguel Ángel en la que la Virgen María sostiene en brazos a un Jesús muerto–. Estas obras de arte vienen del cincel de escultores y diseñadores italianos como los hermanos Ferracuti, José Bardi, y Francisco Durini. Este último construyó incluso monumentos públicos, como el Francisco Morazán frente al Teatro Nacional, y el Gerardo Barrios, en la plaza que lleva el mismo nombre. En este cementerio Durini esculpió unas 100 obras de arte.

Héctor Sermeño deja atrás el mausoleo de Gerardo Barrios y continúa su recorrido por uno de los caminitos angostos del cementerio. Se detiene ante un sepulcro de forma circular destruido casi por completo y sin ninguna placa que identifique quién está enterrado ahí. Su atención se centra en la baranda de hierro forjado oxidada que protege el mausoleo en ruinas. Explica que los trabajadores del cementerio se encuentran arreglando ese tipo de barandas y que dentro de poco lo van a reparar. “Ese mantenimiento lo podemos hacer nosotros, aunque sean privados, porque es el paisaje urbano. Pero no podemos, por ejemplo, intervenir ahí –y señala el mausoleo tras la baranda–”.

Según Héctor Sermeño, lo que sucede es que la reparación de los mausoleos le corresponde a los dueños de los mismos y no al Gobierno, ni a la alcaldía, porque no son monumentos de su propiedad.

El administrador general de Cementerios Municipales de San Salvador, Guillermo Sánchez, asegura que como entidad responsable del cementerio han brindado el mantenimiento necesario en la sección de Los Ilustres. “Yo he mandado a pintar todo monumento bonito que estuviera descuidado. Hoy vamos a hacer más énfasis en eso y no solo por el hecho de que nos han robado”, explica el administrador, quien también asegura que en la actualidad se encuentran realizando un inventario para conocer quiénes son los ilustres que alberga el cementerio.

Por los hurtos ocurridos en los últimos meses en este cementerio, Guillermo Sánchez culpará a la delincuencia que rodea el lugar en el que se ubica. Explica que los cinco oficiales del Cuerpo de Agentes Metropolitanos de San Salvador (CAM) que les ayudaban a vigilar eran muy pocos para las 14 manzanas de terreno que deben custodiar y que a raíz de lo sucedido han solicitado el apoyo de cuatro agentes más. La Policía Nacional Civil (PNC) ha empezado a colaborarles con cuatro patrullajes diarios, pero de las piezas hurtadas aún no hay señales. Las investigaciones que se realizan todavía no han arrojado pistas sobre lo ocurrido y serán estas las que determinen, al final, a cuánto ascienden las pérdidas en términos monetarios.

A medida que se recorre la sección de Los Ilustres, hay ocasión de maravillarse ante esculturas como la del sepulcro de la familia Aguilar Zaldívar en la que un ángel saca a dos niños de un moisés. Pero también hay para indignarse con cada daño y cada pérdida que se nota al paso. Como la ausencia de uno de los leones de bronce que decoraba el mausoleo de la familia Aguilar Zaldívar y que fue robado hace aproximadamente 10 años. Como el medallón de mármol que se llevaron de la tumba de Arturo Bustamante que poseía su imagen.

Y con la escultura en forma de ataúd que se cayó a causa del terremoto de 1965 de una de las lápidas cercanas ya solo cabe la resignación. Este monumento lleva en el suelo 48 años. No han podido devolverlo a su sitio por la falta de un experto que pueda hacer la remoción adecuada de un monumento de mármol de Carrara que pesa toneladas. El ángel que decora el pequeño ataúd también perdió sus alas, y así como el león, el busto de Pío Romero Bosque y el medallón de Arturo Bustamante, también se las llevaron.

Estas esculturas –las que quedan y las que desaparecen– son las que vuelven atractivo a los ojos de los turistas el tour nocturno que se realiza en esta sección del cementerio desde el año 2008. Por más que los actores se esmeren en representar el papel de personajes históricos del país, y por más que los guías adornen con palabras los recorridos turísticos nocturnos, sin la existencia de estas piezas que datan del siglo XIX y XX, el sentido de lo histórico se pierde.

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