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Los que iban a prepa en plena Supermano Dura

No me sorprendió escuchar a los niños que iban a prepa en plena Supermano Dura, calificando la seguridad pública actual, no desde el supuesto de dónde o quién los hace sentir más seguros, sino desde el hecho de quién les da menos miedo.
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Cuando los conocí usaban pantalones cortos, tenían plastilina en las uñas y sus bolsos olían a crayola. Allí estaban en la preparatoria del Sagrado Corazón empujándose entre ellos por asomar la cabeza en la puerta, con toda aquella energía contenida, locos por salir a jugar, correr y saltar sin parar. Junto a esos niños, mi hijo descubrió el valor de la amistad y la alegría de hacer travesuras en grupo.

El sábado pasado los volví a ver juntos. No lo podía creer. Estaban sentados en la sala de mi casa, con pantalones largos, musculosos, con pelos en la cara, guapos, convertidos en todo unos caballeros. Me emocioné tanto que me quedé un rato con ellos para escuchar sus preferencias musicales, las anécdotas de infancia que más los divirtieron y sus puntos de vista sobre el país en el que viven. Toda una gran experiencia que no me podía perder.

Atenta y maravillada de reconocerlos me llamó la atención escuchar que uno decía: “Me dan menos miedo la PNC porque si te detienen podes llegar a algún tipo de acuerdo, pero si te para un pandillero te mata y te desaparece”.

El otro no estaba de acuerdo porque había visto como la PNC abusaba de su poder reiteradamente y ultrajaba sin justificación: “He notado que cuando ando con centro y pelón siempre me detienen así sea en Mejicanos o en la Escalón. Siempre me preguntan qué ando haciendo por allí, de quién es el carro y me minimizan por mi edad”.

Una tercera voz se suma para decir que la PNC lo atemoriza tanto como las pandillas: “Yo con ambos me siento inseguro, la única diferencia es que la Policía debería darme seguridad y protección y no la siento”.

No me sorprendió escuchar a los niños que iban a prepa en plena Supermano Dura, calificando la seguridad pública actual, no desde el supuesto de dónde o quién los hace sentir más seguros, sino desde el hecho de quién les da menos miedo sin importar el lugar donde se encuentren.

Con toda naturalidad empezaron a compartir los códigos de seguridad que cualquier joven salvadoreño debe saber: si tenés un tatuaje de sombras, debes hacerte otro de colores para que no te jodan las pandillas; cuidate, en las universidades también extorsionan; usá dos teléfonos, el que vas a dar si te asaltan y el que no querés que te roben; cuando la policía revise tu carro vigilá que no te pongan nada para incriminarte…y así sucesivamente.

Mientras los escuchaba, no pude resistir la tentación de preguntarles qué opinaban sobre las medidas extraordinarias decretadas por el Gobierno. Uno me dijo que le parecían improvisadas, insuficientes y engañosas: “No creo que matar y declararse la guerra entre el Estado y las pandillas en nombre del bienestar de la colectividad represente una verdadera seguridad”.

Otro opinó que las medidas han funcionado, pero las definió como más salvajes que correctas: “Yo no me siento más seguro cuando las autoridades violentan los derechos de quienes delinquen”.

El tercero agregó que son tiempos difíciles porque nadie cree en los jóvenes: “A mi ver, que las pandillas tienen una relación tan cercana con los políticos me debilita la esperanza”.

Antes de cerrar el tema, cada quien habló sobre sus deseos de futuro: “Yo quisiera vivir en un país donde pudiera andar tatuado y con aritos y que nadie me asociara con pandillas por vestirme así”; “Yo invertiría la mayor parte de los impuestos en educación, porque es lo único que te da la oportunidad de tener una vida diferente”; “Yo con gusto enseñaría lo que sé a quienes más lo necesitan”.

Compartir ese pedazo de noche con los que iban a la prepa en plena Supermano Dura me ayudó a constatar que todo lo que sabemos sobre la manera de vestir, de pensar y de actuar de los jóvenes salvadoreños son puras generalizaciones. Me ayudó a constatar que no los conocemos. Gracias muchachos por ilusionarme con la idea de derribar mitos.

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