No más remeseros

Llegarán a tocar puertas para darles la mano, a sobarles la espalda y ofrecerles discursos cargados de promesas.
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En poco menos de un año, unos 160,000 compatriotas que viven en el exterior tendrán la oportunidad de emitir el voto por primera vez e incidir en la vida política del país y dejar, ahora sí, de ser los remeseros, quienes han dado vida a la economía nacional por décadas pero que fueron marginados y enviados al olvido.

El 2 de febrero de 2014 los compatriotas podrán decidir a quién desean emplear en Casa Presidencial y no será una decisión cualquiera, porque de alguna manera quien llegue a la presidencia a partir del 1.º de junio también debería orientar el destino de lo que envían a sus parientes para estimular el ahorro y un poco, si alcanza, la productividad.

Muy pronto los candidatos presidenciales y muchos dirigentes políticos estarán viajando a Estados Unidos, donde se concentra casi el 95% de salvadoreños que residen en el exterior. Llegarán a tocar puertas para darles la mano, a sobarles la espalda y ofrecerles discursos cargados de promesas. Ah, sin duda alguna, no faltará la foto sonriente y el video para hacer el spot de la campaña.

Quizá los candidatos no lleguen a quebrar piñatas, regalar un cántaro, una taza o una cachucha debido a que les dará (o debería darles) pena. Saben perfectamente que cada dólar que envían y que anualmente suman casi $4,000 millones supera infinitamente cualquier cosa con la que quieran impresionarlos. La elección de 2014 será por ese lado muy trascendental en tanto el voto de los salvadoreños en el exterior se ha vuelto más calificado. Hay que observar, como en cada elección, que el voto hispano ha comenzado a tener más incidencia en Estados Unidos y en esa dinámica se encuentran muchos salvadoreños que en adelante decidirán sobre el futuro de dos patrias: la natural y la adoptiva.

Culminar con ese hecho histórico no será tan sencillo, y no precisamente porque los nuevos “beneficiarios” no entiendan cómo se votará, como sugieren algunos, sino porque quienes aprobaron ese derecho en el parlamento siguen haciendo maniobras y piruetas para que el voto no se ejecute o se realice con el menor impacto posible. Esa ambigüedad es ilógica o sin sentido para quienes harán uso del recurso democrático, mas no para los políticos. Que El Salvador haya sido uno de los últimos países en facultar a sus ciudadanos en el exterior al voto tiene una “razón partidaria” y se remite al temor o la incertidumbre del beneficio electoral de ese votante.

Alrededor de esto hay dos escenarios poco predecibles. En el primero, se considera que la oleada inicial de salvadoreños que abandonó el país lo hizo por motivaciones políticas como la represión, la persecución y en general la falta de condiciones democráticas del país; por lo tanto, eso supone un voto más inclinado a favor de la izquierda. Sin embargo, esos salvadoreños dieron paso a la segunda generación de aquellos que ahora son jóvenes de 18 años o más, nacieron en otra patria y observan los acontecimientos del país desde una perspectiva alejada de las posiciones ideológicas o políticas, y este votante se infiere que tendrá alguna tendencia hacia la derecha. En estos casos nada es del todo cierto o del todo falso, lo cual es en la política partidaria un factor más de incertidumbre en resultados.

Si estas consideraciones tienen peso, nadie deberá extrañarse de que haya ahora y quizá después en las dirigencias de los partidos políticos muchas ambigüedades a la hora de tomar una decisión oportuna. La sociedad civil, junto a las organizaciones en Estados Unidos, deberá entonces continuar con la presión para que el voto en el exterior tenga el éxito esperado y evitar así que la experiencia negativa de otros países con voto en el exterior, como en los casos hondureño o mexicano, se convierta en un mal presagio.

Eso sí, los compatriotas dispersos en el mundo, en especial quienes viven en Estados Unidos y que son mayoría, no debieran pasar por alto la oportunidad que tanto ha tardado. Después de todo, el voto les llegará a sus viviendas una vez que hayan cumplido algunos pasos previos. Aunque se trata de un derecho adquirido para todos, nada es gratis o resultado de la espontaneidad. Quienes aportan decididamente en la economía al menos tendrán en 2014 otra forma de incidencia que no sea la del simple dato estadístico para la clase política.

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