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No, señor Velado, Trump no es el mal menor

Trump no tiene un plan, solo tiene un argumento político nefasto, muy peligroso para las decenas de miles de salvadoreños indocumentados, como los de la Piney Branch.
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El 10 de agosto pasado una explosión de gas butano provocó un incendio de grandes proporciones en dos edificios de apartamentos en la ciudad de Silver Spring, en Maryland, a unos 12 kilómetros de la Casa Blanca. Buena parte de las 100 personas deplazadas por el incendio, que por ahora viven en albergues, son salvadoreños. Y la gran mayoría de ellos son indocumentados.

El sábado anterior conocí la historia de los hermanos Benítez, tres niños salvadoreños que lo perdieron todo en el incendio y hoy viven en uno de esos albergues. La situación no es buena. El trauma se nota desde las miradas de los menores y la situación económica es precaria entre la mayoría de los vecinos afectados que pueblan los albergues. La intersección entre la avenida Piney Branch y el University Boulevard, cerca de donde están los edificios incendiados, es parte de una zona de viviendas de bajo costo pobladas por migrantes indocumentados. Es también uno de los sitios que las policías de los condados de Montgomery y Prince George tienen etiquetado como zona caliente por la presencia de pandillas.

A lo que estas familias se aferran ahora es a la solidaridad de otros como ellos, menos afectados. Para los Benítez, por ejemplo, ya hay convocada una colecta en Facebook. Los víveres no les sirven por ahora, porque en el mínimo espacio en el que viven solo caben colchonetas y algo de ropa. Se aferran a la solidaridad; la fe en las autoridades, en la política, la habían dejado en El Salvador antes de venirse.

Las secciones comunitarias de los periódicos locales en el área metropolitana de Washington, incluido el Post, han estado llenos en los últimos días de estas historias. Las secciones locales, dije. En las páginas principales hay poco espacio para otra cosa que no sea el último sprint de la elección presidencial que enfrentará en las urnas a la demócrata Hillary Clinton y al republicano Donald Trump en noviembre próximo.

En las agendas de esos candidatos familias como la de los hermanos Benítez tienen espacio limitado, pero hay matices importantes.

La campaña Clinton ha hecho del tema migratorio uno de los ejes centrales. En una carrera que según las encuestas se muestra más cerrada de lo que los demócratas quisieran, los llamados estados en contienda, donde no hay clara mayoría de alguno de los dos partidos, dependen en buena medida del voto latino. El discurso de Clinton, en este tema, es una copia casi calcada del de Obama, que es, sí, pro-migrante en términos generales, pero que también estuvo marcado por un crecimiento importante de las deportaciones. Los demócratas, no obstante, siguen siendo bastante cautos a la hora de comprometerse con un camino para legalizar a los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, en sitios como los edificios quemados de Silver Spring.

Y luego está Trump, cuyo plan es… Trump no tiene un plan para lidiar con el tema migratorio. Lo único que ha mostrado, hasta ahora, es una retórica racista, cargada de odio y, peor aún, generadora de odio. Trump ha logrado avivar la mecha del odio racial y, como Hitler, ha metido en la mente de un grupo importante de votantes, los blancos de clases media y media baja, que las precariedades económicas que enfrentan son achacables a los migrantes, a los otros.

Trump no tiene un plan, solo tiene un argumento político nefasto, muy peligroso para las decenas de miles de salvadoreños indocumentados, como los de la Piney Branch. Trump quiere llevar a la Casa Blanca la idea de que todos esos migrantes son enemigos de los Estados Unidos y, por eso, hay que echarlos de aquí o criminalizarlos.

Hace poco, en El Salvador, el aún presidente de ARENA, Jorge Velado, dijo que él pensaba que Trump es el mal menor en los Estados Unidos. No sé si pensó en gente como la de la Piney Branch o fue un comentario a la ligera. De cualquier forma me parece muy grave, aun si es solo una ligereza. Porque no, señor Velado, no hay ningún escenario posible en el que Donald Trump sea el menor de los males para los salvadoreños que vivimos en Estados Unidos.

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