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OPINIÓN: Gestión del talento: Irrumpir sin temor para dejar algo

Irrumpir es llegar de sorpresa para cortar con lo negativo que está afectando la vida de su prójimo, y me refiero a plagas virales del alma: el desánimo, la depresión, el conformismo y otras.
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Es necesario que nos convirtamos en agentes de cambio, en personas fuera de serie, cuya prioridad sea la de irrumpir para quitar lo trivial y común, y poder establecer algo más extraordinario donde quiera que vayamos.  Es urgente que irrumpamos con alegría donde haya tristeza; con afecto natural y estima donde haya enemistad y enojo, y que sigamos irrumpiendo, llevando paz a aquellos ambientes y lugares donde se respira confusión y desesperación.

Irrumpir es llegar de sorpresa para cortar con lo negativo que está afectando la vida de su prójimo, y me refiero a plagas virales del alma: el desánimo, la depresión, el conformismo y otras.

Es un asunto de actitud, pero sobre todo es una disposición interior que debe tener y un estado de alerta en que debe vivir y andar, para que pueda ayudar a otros. Pero no podrá hacerlo si usted mismo está afectado negativamente por el ambiente.
Para eso, debe trabajar primero en su vida, buscando renovar sus pensamientos, activando su voluntad y llenándose de entusiasmo, a fin de que surja en usted ese liderazgo de transformación que lleva dentro.

Hace pocos días experimenté algo inusual cuando, por cosas del destino, irrumpí en el seno de una familia. Ellos estaban sumergidos en un ambiente rutinario: los hijos grandes y pequeños estaban hipnotizados por la televisión, la madre en la cocina preparando los alimentos y el papá se encontraba abrumado por las aplicaciones de su teléfono celular.

Pero ahí estaba yo, de pie, en el centro de aquella casa, observando toda la escena familiar y dispuesto a  irrumpir con algo nuevo y mejor. Cuando comencé a saludar a cada uno de ellos, de pronto el televisor enmudeció, el jefe de familia saltó de su asiento y escondió su teléfono; los niños dejaron de gritar y, súbitamente, apareció la mamá de los pequeños, quien haciendo señal de silencio, les invitó a que escucharán lo que yo tenía que decirles. Se trataba de una invitación especial que yo llevaba a la familia. Ese día salí de aquella casa con la satisfacción de haber irrumpido, para llevarles algo más extraordinario.

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