Obama. Acto II

Si Obama y el Partido Demócrata quieren conservar su credibilidad necesitan demostrar ese sentimiento de urgencia al tema migratorio.
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“Para llegar allí tiene que tomar la línea amarilla o la verde, pero tiene que salir lo más temprano posible porque estará demasiado congestionado”. Licet daba instrucciones a visitantes extranjeros de cómo transitar por una sitiada Washington en los días de las celebraciones por la segunda toma de posesión de Barack Obama. Ha trabajado como voluntaria en el comité por varias horas diarias y durante varias semanas, después de terminar su trabajo regular en un banco de los suburbios.

“Lo hemos apoyado (al presidente) desde la campaña y ahora no podíamos fallar”, comenta Licet. Su historia no sería nada fuera de lo común de no ser porque hace apenas seis meses la joven de 22 años no hubiera soñado con remitir toda su información al servicio secreto y a todas las autoridades posibles.

En agosto ella fue de las primeras en solicitar la Acción Diferida (DACA, por sus siglas en inglés) para los jóvenes que fueron traídos por sus padres como indocumentados. Ella pasó de indocumentada y ahora es una de las miles de DACAmentadas como se han ya autodenominado estos jóvenes.

El ser “DACAmentada” le ha traído a Licet la oportunidad de obtener un mejor trabajo para pagarse los estudios de psicología y de ir por la vida sin temor de ser deportada.

Pero la vida para los padres de Licet sigue en el limbo. La promesa de la reforma migratoria que los saque de la incertidumbre es al mismo tiempo uno de los mayores retos en el nuevo mandato del presidente.

Todo parecía que esa iba a ser la principal apuesta de su mandato hasta que la masacre de 20 niños y seis adultos en Newtown, Connecticut, sacudió la conciencia nacional y catapultó el control de armas de fuego al primer plano. La respuesta del presidente a la masacre ha sido rápida y decidida, con una serie de propuestas y medidas ejecutivas propuestas a un mes de la masacre.

El asunto de las armas es de capital importancia. Con su reacción rápida el mandatario ha demostrado que es capaz de elaborar una política coherente y de enfrentarse a los sectores más poderosos y reaccionarios de la sociedad estadounidense. El presidente está listo para dar la batalla e invertir gran parte del capital político que ganó con su victoria electoral.

Me gustaría ver al mandatario imprimirle la misma energía que le inyectó al plan contra las armas a la reforma migratoria. Con su acción rápida y decisiva Obama ha demostrado que no le teme a batallas y la reforma migratoria será una batalla dura, desgastante y potencialmente larga.

Pero si Obama y el Partido Demócrata en general quieren conservar su credibilidad y honrar su palabra ante el electorado hispano necesitan demostrar que también pueden imprimirle ese sentimiento de inevitabilidad y de urgencia al tema migratorio que le han imprimido al control de armas de asalto en manos de civiles.

Cuando el presidente jure hoy por segunda vez como líder de la nación más poderosa del mundo, el reloj comenzará a correr rápidamente para poder lograr la reforma. El calendario electoral, cada vez más adelantado, hace inevitable que su capacidad de presión comience a desvanecerse dentro de apenas dos años, o incluso antes. Es un tiempo muy corto para lograr un proyecto de ley de dimensiones tan amplias como una reforma migratoria. Si quiere ver acción, el mandatario debería ponerse a trabajar inmediatamente después de los desfiles y los bailes inaugurales.

Se lo debe a Licet que sueña pasar de “DACAmentada” a residente y se lo debe a sus padres, todos un retrato de familia que se reproduce en 11 millones de caras en todo el país.

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