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[Opinión:] Transformando el sistema de creencias

No hay malos estudiantes, tan solo hay personas que no confían en su capacidad para aprender. No hay malos profesionales, tan solo personas que no creen en su propia capacidad técnica.
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Cuando uno se interesa en los comportamientos de las personas, encuentra siempre una creencia o pensamiento subyacente. No hay malos estudiantes, tan solo hay personas que no confían en su capacidad para aprender. No hay malos profesionales, tan solo personas que no creen en su propia capacidad técnica. Las creencias y las expectativas sobre sus propias capacidades personales juegan un papel importante en su capacidad para alcanzar estados deseados.

El fracaso es un componente normal de todo proceso de aprendizaje. Los científicos están convencidos de que no existe un experimento fracasado. Thomas Alba Edison siempre decía que él no había fracasado mil veces en sus intentos de fabricar una bombilla eléctrica, sino que había aprendido mil maneras de no fabricarla.

Ejemplos de creencias comunes de un trabajador: “Es posible que pierda mi cargo”; de una persona con una enfermedad: “Si me muero, este dolor se morirá conmigo”; de una madre o de un maestro: “Este niño es lento, nunca hará nada”. Con creencias así es lógico que el trabajador pierda pronto su trabajo, que la persona con una enfermedad no se cure o que el niño no sea un estudiante brillante, porque aquello en lo que creemos tiene un enorme poder sobre nuestro comportamiento.

Una mujer no lograba superar su cáncer porque consideraba que “si se curaba sería como traicionar a su madre y a su propia hermana que habían fallecido a consecuencia de un cáncer”. Miles y miles de creencias absurdas amargan la vida de las personas, condicionan su presente y les esclavizan a sí mismos. Algunas creencias las tomamos prestadas y otras las hemos generado nosotros mismos.

Hemos almacenado un montón de creencias sobre muchos aspectos de nosotros y de nuestras vidas que no nos sirven para nada, excepto para fastidiarnos, impedirnos el éxito, no dejarnos dormir o enfermarnos sin esperanza. La clave está en transformar nuestras creencias destructivas en creencias edificantes.

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