Patria aquí y allá

Alejandro Solalinde, pese a que conoce perfectamente bien el alcance de sus obras y de sus palabras, no teme ni se frustra ni se agobia, porque confía en su Dios.
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<p>Carta editorial</p><p>Glenda Girón</p><p></p><p>No es fácil hablar de patriotismo o de identidad cuando se toma en cuenta que en los 100 años que cumplen ya el escudo y la bandera, nadie ha podido oficializar los tonos de azul y blanco que debe tener esta última.</p><p></p><p>Se puede decir que quizá no es indispensable, o que es algo que no tiene cabida cuando se habla del amor que se le debería tener al país, pero para que ese amor tenga base, debe haber orden y respeto. Algo que en 100 años no se ha podido materializar en algo tan de raíz como un tono oficial.</p><p></p><p>Ayer, decenas de personas fueron parte de las celebraciones cívicas. ¿Cuántos estaban al tanto de que el escudo y la bandera que exhibieron son ya centenarios? ¿A cuántos les llamó la atención que bandera sea por ratos como el cielo y otras veces tan oscura como el añil?</p><p></p><p>Carlos Chávez nos entrega un reportaje en el que muestra cómo esta situación se ha ido consintiendo y se le ha ido relegando por otras cosas que en su momento parecieron más urgentes.</p><p></p><p>Hemos incluido también una entrevista con Alejandro Solalinde, el sacerdote católico que fundó el albergue Hermanos en el Camino, ubicado en Ixtepec, Oaxaca (Estado de México). Solalinde se ha caracterizado por ser una voz crítica, primero, hacia sus superiores dentro de la Iglesia católica, a quienes acusa de estar desconectados de la gente que forma las congregaciones. Segundo, hacia los gobiernos que permiten que las condiciones que derivan en la migración ilegal se mantengan, como la falta de oportunidades. Señala también a los narcotraficantes, que han llenado de terror los caminos de los migrantes.</p><p></p><p>Solalinde, pese a que conoce perfectamente bien el alcance de sus obras y de sus palabras, no teme ni se frustra ni se agobia al ver que poco es lo que se avanza en todas esas rutas que él señala como de salvación. No teme, dice, porque confía en su Dios. Y no se frustra ni se agobia porque está seguro de que lo único que puede hacer es justo lo que está haciendo. A Solalinde lo deberíamos escuchar más en este país. El Salvador tendría que conocer mejor a este hombre que tanto ha entregado por esos salvadoreño que en el camino no han encontrado más ayuda que la que él les ha dado.</p><p></p>

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