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Poesía y niñas

El arte en general y la lectura forman niñas y niños diferentes. Así tendremos menos violencia y más fraternidad.
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Opinión

Escribiviendo

Manlio Argueta

Hay tantas cosas que decir en el Día Internacional de la Poesía, declarado por la UNESCO. Lo primero es no quedarnos callados. En segundo, nos hicimos presentes en cuatro actividades, incluyo dos comparecencias en la televisión; pero lo más emotivo, este 21 de marzo pasado, me ocurrió en un centro escolar de educación básica de San Salvador (de kínder a noveno grado). Un grupo de 25 niñas, con vestidos sencillos pero dignos para la ocasión, interpretaron la “Primavera” de Vivaldi; luego, otro grupo interpretó una danza con música moderna. Y por último, 25 niñas vestidas de negro, con sencillez elegante y digna, cada una declamó un poema. Conversando con las maestras me decían que ya contaban con talleres de pintura, de poesía, de informática y de música. Y aquí viene lo excepcional: más del 50 % de esas niñas tiene problemas familiares, comunes entre nosotros, por desintegración debido a la diáspora económica. Y aún más, hasta hace año y medio, aunque parezca grotesco decirlo, había niñas que llevaban como almuerzo un mango verde con sal.

Esto me motivó a escribir sobre las nuevas proyecciones de la escuela salvadoreña. Estas niñas dentro de cuatro años estarán aptas para la universidad, serán las nuevas ciudadanas que deseamos para el presente y futuro cercano. No las abandonemos para ser blanco de un cañón de nueve milímetros. Hay que prepararles la autoestima y que puedan decir “¡no!” en el momento adecuado, cuando no sea tarde para sus vidas. Me contaron las profesoras del centro educativo que apenas tienen un año de haberse incorporado a la escuela de tiempo pleno y ya se ven los resultados. Esto me hizo recordar lo que experimenté cantando canciones clásicas a los 13 años en un centro escolar público de San Miguel.

Esa es la salida estratégica de prevención de la violencia, porque los deterioros y las desviaciones sociales no se solucionan por decreto, ni los jóvenes por ser jóvenes tienen que ser sospechosos de delincuencia. El país no debe tratar solamente de solucionar problemas económicos inmediatos, sino incorporar elementos de formación integral para hacer sostenibles los sentimientos de ternura, de amor al otro, de cultura sensible, de solidaridad, de paz.

El sistema educativo y la sociedad civil deben fortalecer estas iniciativas de manera que tengamos en cinco años hermosas perspectivas con las niñas que están entrando a la adolescencia, caso del centro escolar aludido; también se debe multiplicar la formación estética desde la primera infancia, a toda la generación entre los 12 meses a los 18 años. No es utópico. Hagámoslo realidad, los problemas no se resuelven por magia o por represión, que casi siempre es para crearse capital político. Además, con el pensamiento represivo, tomando en cuenta nuestra geografía, apenas queda espacio para construir más cárceles. Sociedad civil e inversión estatal nos darán la seguridad de que la transformación se dará desde sus propias raíces. Incluye, además, dignificar la carrera magisterial.

Si queremos plantear una línea estratégica educativa, tendríamos que centrarla en la lectura, el libro, la poesía. También la matemática de la vida que debe implementarse desde un año de edad, para que contar y sumar lo hagan jugando –significa incrementar los centros de enseñanza inicial. O bien fortalecer con mayor mística a los grupos familiares ya existentes. Esta educación comienza en casa.

Sin duda alguna, el arte en general y la lectura forman niñas y niños diferentes. Así tendremos un futuro y presente promisorios para El Salvador. Menos violencia y más fraternidad.

Leer poemas hace buenos estudiantes de Ciencias y Matemáticas. En mi novela última, “Los poetas del mal”, incorporo una figura literaria que se llama oxímoron, consistente en emplear dos conceptos contrapuestos que, juntos, forman una idea novedosa fácil de descubrir, por ejemplo: la oscuridad de los rincones iluminados. Otro ejemplo puede ser: ágil como una piedra inerte en su sueño; o bien: la maldad es bondad reprimida.

Claro, se necesita hacer un pequeño esfuerzo para captar la idea surgida de los dos conceptos contradictorios. Es el mismo esfuerzo para apreciar el lenguaje poético o la música clásica. Según la neurociencia, si leo un poema, disfruto gratamente y a la vez me produce una activación cerebral que permite un mayor desarrollo de las neuronas. Y el humano –aunque parezca perogrullada– inventa, crea, propone, a partir de las activaciones de las células cerebrales. Estos conocimientos científicos se han descubierto hace unos pocos años. De nuestra parte, podríamos entrar desde ya a realizar planes pilotos para mejoría del lenguaje imaginativo, por medio de lectura literaria masiva.

De acuerdo con la neurociencia, la metáfora, la imagen y, en general, el lenguaje figurado, propio de la poesía, hacen reactivar la parte izquierda del lóbulo cerebral que produce plasticidad mental.

La poesía, afirma un estudio del Instituto del Cerebro y Lenguaje del País Vasco, despierta reacciones neuronales de grandes alcances. Albert Einstein dijo: “En el pensamiento científico siempre están presentes elementos de poesía. La ciencia y la música actual exigen un proceso de pensamiento homogéneo.” El poema no solo acelera emociones y pasiones, ni es solo belleza formal; ya no podemos quedarnos con esa verdad que viene desde los siglos. Ahora sabemos que va más allá de lo que antes pensábamos los poetas o los lectores de poesía. Lo ha comprobado la neurociencia: ha medido los alcances que tiene una figura literaria para producir actividad cerebral creativa.

Karl Weierstrass, creador del teorema que lleva su nombre, dice: “Un matemático que no es un poco poeta no será jamás un completo matemático”.

De modo que el estereotipo, o el prejuicio, en contra del poeta como sinónimo de enamorado de la luna o de irresponsable debe desaparecer. De estos hay en todas las profesiones y oficios. El término de “poeta” es dicho de forma despectiva por quienes jamás han leído un poema o por los que desprecian la lectura.

Si leemos poesía, será mejor, porque de esa manera estaremos desarrollando el lóbulo cerebral izquierdo, reproductor de inteligencia conceptual. Leamos, entonces, y lograremos efectos reales para un cambio social, político y económico.

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