Portafolio de vida

Historias sin Cuento
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Cuando concluyó su carrera universitaria tuvo la inmediata sensación de que sin tardanza le sería imperativo hacer dos cosas cuanto antes: montar negocio y formar familia. En ninguno de los dos campos tenía nada preparado, ni siquiera imaginado. Afortunadamente, había dos consejeros disponibles: su tío Max y su tía Elsa, en ese orden. Lo curioso era que ni Elsa ni Max eran parientes entre sí, ni tampoco eran consanguíneos con él. ¿Entonces? Vecinos inmediatos en su primera infancia, fueron grandes amigos de sus padres; y cuando estos murieron en un accidente vial, él se quedó viviendo alternativamente con Max y con Elsa, que vivían solos, cada quien en su casita, ambas exactamente iguales, como todas las del pasaje. Lo que dejaron sus padres bastó para llevarlo a donde estaba.


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  • David Escobar Galindo
  • literatura salvadoreña
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