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Reencuadrando nuestra experiencia

Es factible darle vueltas a una situación, a una idea, a un problema y convertir desastres en oportunidades de triunfo. Reencuadrar es “darle la vuelta a la tortilla”. Reencuadrar es ver oportunidades en vez de problemas.
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La lluvia puede tener significados diferentes si estamos hablando de alguien que ha atravesado un período de sequía, quien puede verla como un regalo; que si hablamos de gente que acaba de experimentar una inundación y al poco tiempo comienza a llover de nuevo.  Si uno va a una entrevista de trabajo pensando que si le contratan le harán un favor, exhibirá un comportamiento acorde a las creencias interiores y se comportará como un peticionario en vez de alguien que escucha y elige o no lo que le ofrecen.

Reencuadrar implica añadir como mínimo tres alternativas que satisfagan la intención positiva, pero que carezcan de consecuencias negativas. Lo que pueda suponer un pedazo de pan duro depende del hambre que se tenga.

Algunos ejemplos de reencuadre:

1. Cambiar el pensamiento: “esta casa es muy pequeña”, por “mi casa se ajusta a lo que necesito”.

2.  “La barriada en la que vivo”, por “qué bueno que tengo casa” o “qué bueno que vivo en una zona que no es tan peligrosa”.

3. “Si tuviera otra edad”, por “nunca es tarde” o “Siempre puedo comenzar de nuevo”.

4.  “No tenemos muchas ventas por la crisis”, por “podemos aprovechar los cambios en el mercado para generar una buena estrategia de ventas”.

5. “No sé controlarme”, por “soy capaz de controlarme más”;  “estoy viejo”, por “he ganado experiencia”.

6. “No soy capaz de ponerme a dieta”, por “puedo poner más empeño en mi dieta”.

7. “Soy madre soltera”, por “soy una madre luchadora”.

8. “Dios me ha mandado esta enfermedad”, por “toda enfermedad es un grito del alma, voy a escucharla”.


Reencuadrar es pensar con sabiduría.

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