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Sabiduría de la llanura

Hemos pasado periodos difíciles para nuestras vidas en los que incluso una mirada puede ser ofensiva.
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Sabiduría de la llanura

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<p>Para José Saramago, el maestro de quien aprendió en la vida fue su abuelo, que no sabía leer ni escribir. Don Quijote fue maestro también para transmitir conocimiento desde la aldea. Dada la situación que estamos viviendo en El Salvador, debemos enriquecernos de conocimientos que vienen desde la llanura, frases sencillas y mágicas. Recuerdo algunas. “Hay que buscarle la comba al palo”: todo problema tiene el punto por donde entrarle y resolverlo. Si hay interés.</p><p>&nbsp;</p><p> “Machete estate en tu vaina”, se refiere a la palabra inoportuna. La violencia nace del gesto agresivo, de la voz amenazante. Hemos pasado periodos difíciles para nuestras vidas en los que incluso una mirada puede ser ofensiva, pues seguimos heridos, sensibles al gesto inamistoso, porque no ha habido aceite alcanforado para aliviar los dolores del espíritu. Lo he visto en las calles, mujeres agrediendo a sus hijos pequeñitos desesperadas por no pasar rápido la calle y evitar un atropello. Hay enojo y rencor social todavía en los espacios más encumbrados. Y la ira puede llegar al delito.</p><p>&nbsp;</p><p>No sé cómo estará Costa Rica ahora, pues la globalización ha traído malas y buenas costumbres, pero en los 21 años que viví en ese país, nunca vi una pelea, no obstante que muchas reuniones entre amigos se dan en los bares: burócratas y poetas, hombres y mujeres. Todo es posible si aprendemos a convivir, pero esto exige condiciones de trato igual para todos, ley aplicable sin distinciones. Esto evita que haya ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría. Y la respuesta principal para evitarlo es invertir desde ya en educación inicial.</p><p>&nbsp;</p><p> “En arca abierta el justo peca”. En nuestro medio es preferible a otra frase opuesta que le escuché muchas veces a mi madre: “Al ladrón las llaves”. Claro toda vez que las leyes sean severas contra descalzos y calzados. Recordamos a un diputado de hace unas décadas: “He robado pero no tengo las manos manchadas de sangre”. Pero sabemos que la corrupción es la corona de espinas en contra del desarrollo social. Suprimir la incultura de aceptar que “no hay razones para no robar”. O bien, “si me ponen donde haya qué agarrar, agarro”. Con una institucionalidad respetuosa de las leyes se corta la cabeza al corrupto y se evita el veneno del contagio. </p><p> “Árbol que nace torcido ni a golpes se endereza”. Pese a convenios internacionales, los mayores de 15 años deberían recibir penas más altas por sus crímenes. Leo en la prensa de un niño salvadoreño que comenzó a matar a los ocho años, ahora tiene 16, es jefe de pandillas y lleva 14 asesinatos. La realidad es terrible pese a la mejor filosofía. Recuerdo a dos niños ingleses de 10 años que lanzaron a una niña de dos años al paso del tren, una cámara oculta reveló el hecho mundialmente conocido. Ante la indignación ciudadana se les aplicó la ley. Porque una conducta perversa crea escuela. Lo dijo Confucio hace 5,000 años: si el de arriba quebranta la ley, el de abajo lo imita. De ahí proviene la religiosidad china de combatir con pena de muerte la corrupción sin distinguir primeras categorías de ciudadanos para aplicarles la ley. Cuando al presidente de Costa Rica Abel Pacheco le preguntaron por qué había llevado a la cárcel a dos expresidentes siendo de su mismo partido, respondió: “Si no los encarcelo, el encarcelado sería yo”.</p><p> “Dar atol con el dedo”. Bueno, no hay que confiarse, de pronto sale mordisqueado más de algún dedo.</p><p>&nbsp;</p>

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