Salvadoreñas al cuadrado

Promover las ideas creativas es elevar nuestra autoestima nacional. Los salvadoreños no solo nos distinguimos por crímenes o por corrupción de todo tipo.
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Cuando mencionamos el papel de las mujeres en el desarrollo de nuestro país lo primero que viene a la mente es su marginación del entorno cultural. El ejemplo clásico: el olvido participativo en los movimientos de independencia atribuidos a próceres masculinos, como depositarios del poder político. Menciono otro ejemplo de la cultura universal, San Jerónimo (año 342), decía: “la mujer es el camino de la iniquidad, una especie peligrosa”. San Cipriano (año 200) afirmaba: “Las mujeres nos hacen entrar al infierno por las puertas del paraíso”. Para no ser rudo, cito lo más suave de esas expresiones. Ejemplos similares se encuentran cientos del lejano pasado, y del cercano presente, hasta crear una cultura de arrastre en contra del género femenino. Nos olvidamos de la presencia femenina en el desarrollo social, al significado como promotoras de valores en la historia universal. En las áreas de divulgación científica y universal, muchas mujeres debieron ponerse nombres masculinos para dedicarse a la literatura, es el caso de George Sand, las hermanas Bronte (Cumbres Borrascosas), Fernán Caballero y una decena más.

No me pregunten las nuevas generaciones por qué eran prohibidos, (suena increíble aunque verificable en este siglo de la información y el conocimiento). Esas prácticas negativas se experimentaron hasta finales del siglo XX, y quizás de esta realidad surjan limitaciones en la producción de libros, indiferencia y vacíos de lectura. Pero por lo general las nieblas se volvían más densas al tratarse de intelectuales o artistas mujeres.

El cambio se dio con el acuerdo de paz, y eso ha sido motivante para abundar sobre personajes como Consuelo Suncín, “la Rosa” de “El principito”, con lo cual nuestra compatriota se universaliza. Se divulga a Claudia Lars aunque no a la altura que se merece. Por suerte, de acuerdo con proyecciones educativas, nuestros niños y niñas la irán conociendo más en próximos años. Promover las ideas creativas es elevar nuestra autoestima nacional. Los salvadoreños no solo nos distinguimos por crímenes o por corrupción de todo tipo. Y la paz deberá procurar el disfrute de derechos para los excluidos sociales que se refugian en la violencia o en la emigración.

Pero mi propósito es escribir sobre mujeres divulgadoras de ideas y propulsoras de cambios de mentalidad en sus producciones. Menciono a la primera, cuentista urbana y promotora del feminismo en los treinta: Josefina Peñate. Esta vez solo abundaré en Alicia Lardé de Venturino (San Salvador 1895-1983), no tan conocida entre nosotros como lo fue a escala internacional. Se distinguió como poeta y científica, en cierta manera promotora de un feminismo por sus resultados tangibles. Nos dejó más de 30 libros. Cabe destacar sus trabajos sobre electricidad, sobre biopsicología y sexualidad, publicados respectivamente en Chile, Barcelona y México. Fue tía de Alicia Larde López, otra científica salvadoreña esposa del premio Nobel John Nash, muertos trágicamente el año pasado.

Perteneció a diversas organizaciones científico-literarias, entre ellas: Sociedad de Geología y Geografía de Francia; Academia de Ciencia de Córdoba, España. En octubre de 1979 se le adjudicó el título de Mujer de las Américas (1979-1980) por la Unión de Mujeres Americanas en Nueva York. Y siguiendo a mi maestro de educación media, psicología, en San Miguel, Rafael Arce y Valladares, después arzobispo auxiliar de San Salvador, nos hablaba de “los criterios de verdad”. Nos decía: “La verdad es más creíble según quien lo diga”. Por eso cito opiniones que nos permitan apreciar mejor a Alicia Lardé de Venturino. Agradezco la paciencia de seguirme en estas citas:

“Una de las más grandes poetas, además de pensadora profunda de la cual debe enorgullecerse América”, dice el doctor Marcel Bataillon, profesor de la Sorbona, París. “Investigadora ilustre que busca la verdad para servir a sus semejantes… gran pensadora, y escritora”, escribe ABC de Madrid.

Y más criterios: “Lardé se distingue por la profundidad de pensamiento que se armonizan con la descripción verídica de la naturaleza”, crítico italiano Carlos Boselli.

El conocido español Cansino-Assens afirma: “Se identifica con la naturaleza trágica; pone el alma en sus cosas, vive su dolor callado como expresión de un nacionalismo literario”. Tristan de Atayde, maestro de Paulo Freire, dice: “Centroamericana de nacimiento, continental de aspiración”.

El poeta Leopoldo Lugones: “Describe con fidelidad los paisajes polares y se levanta con altura épica”. Pedro Henríquez Ureña: “Pensadora y escritora eminente”. Ambos se refieren a los escritos estéticos de Lardé sobre las nieves perpetuas en la Antártida.

“En las obras de Lardé hay intuición poderosa, cercana al genio, comparable a la que condujo a Newton y Copérnico a efectuar asombrosos descubrimientos”, Dr. Leonardo Guzmán, médico investigador sobre consecuencias cancerígenas de las armas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

Carlos Reyles, novelista uruguayo de fama mundial, afirma: “Ilustre embajadora de la intelectualidad de su país, por lo cual su obra se difundió por España y América”.

Alicia Lardé colaboró en la revista Espiral (1919-1922) junto a Salarrué y Claudia Lars. También escribió desde Argentina para Patria, periódico de Alberto Masferrer. Alicia es un orgullo nuestro, nos hace olvidar perfiles de tiempos difíciles y nos abona los sueños

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