Lo más visto

Más de Revistas

Sí, necesitamos una reforma

Solo uno de cada cinco trabajadores cotiza a una Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) para su futura jubilación.
Enlace copiado
Sí, necesitamos una reforma

Sí, necesitamos una reforma

Sí, necesitamos una reforma

Sí, necesitamos una reforma

Enlace copiado
OPINIÓN (Desde acá)

De cuentos y cuentas

No nos confundamos. El sistema de pensiones en El Salvador, tal y como está, no está cumpliendo el objetivo de garantizar un retiro digno para la población. Se necesita una reforma, una que sea integral, sostenible y que dé respuesta a los problemas de baja cobertura, poca suficiencia y falta de equidad que actualmente se enfrentan en nuestro esquema previsional.

La semana pasada, el Ejecutivo esperaba que su propuesta de reforma fuera aprobada en la Asamblea Legislativa, y que se cambiara el sistema actual por uno mixto: los trabajadores que ganen dos salarios mínimos o menos cotizarían a un fondo público de reparto, y los que ganen más que eso, harían sus aportes tanto al esquema público como al privado.

El Ejecutivo ha presentado esta propuesta como una reforma solidaria, que favorecería a las personas de menor ingreso. Pero en los últimos días, sobre todo desde el Ministerio de Hacienda, ha aumentado la presión por aprobarla, bajo advertencias —casi amenazas— de que el Gobierno no podrá hacer frente a sus pagos y obligaciones, y de augurios de que las finanzas públicas podrían entrar en crisis.

¿Por qué la repentina urgencia? Según un diagnóstico hecho hace dos años por el Banco Central, el Ministerio de Hacienda y la Superintendencia del Sistema Financiero, cualquier reforma que implique volver parcial o totalmente al sistema público de reparto tendrá dos beneficios inmediatos, aunque temporales, para las finanzas públicas: se anula totalmente o en parte la deuda de pensiones o, al menos, la vuelve implícita, y garantiza un flujo de dinero constante a la caja pública, producto del ingreso de las cotizaciones de los afiliados al sistema.

Acá podríamos entrar en una discusión, además, sobre qué tanta capacidad tiene el Estado salvadoreño para asumir el compromiso de pagar las pensiones totales del 70 % de los trabajadores que coticen al sistema, y parcialmente las del otro 30 %, pero mejor veamos lo que la propuesta en sí deja fuera.

La reforma no resuelve otros problemas graves y que requieren atención, como la baja cobertura del sistema previsional. Solo uno de cada cinco trabajadores cotiza a una Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) para su futura jubilación. Además, de los que sí están cotizando, solo la mitad logrará cumplir los requisitos para recibir una pensión. Al resto se le devolvería, en todo caso, el saldo de lo ahorrado, más la rentabilidad que su ahorro ha generado —esto, en el caso que la reforma no se apruebe, de lo contrario, solo recibirían el saldo ahorrado, sin la rentabilidad—.

¿Cómo lograr una cobertura mayor? El desempleo, la falta de puestos de trabajo con salarios dignos, la informalidad, y el robo de las cotizaciones por parte de empleadores son algunos elementos que limitan la cobertura. ¿Cómo hacemos, además, para que la gente más pobre y que no puede ahorrar tenga acceso a una pensión cuando llegue a la edad de jubilación? Acá se requiere, sí, y según la experiencia internacional, un fondo solidario, administrado por el Estado.

Otro problema grave es la suficiencia de las pensiones. Con bajos niveles de rentabilidad en los fondos de pensión, los jóvenes que estamos ahorrando en las AFP aspiramos a recibir una pensión equivalente al 40 % de nuestro último salario, en el caso de los hombres, y del 33 % de este, para las mujeres. Ah, sí, hay una desventaja de género en el sistema: las mujeres nos jubilamos antes (55 años, contra 60 de los hombres) por lo que tenemos menos años para ahorrar, pero además nuestra esperanza de vida es mayor, por lo que nuestra pensión termina siendo más pequeña).

Mejorar la suficiencia de las pensiones requeriría medidas como un ajuste en lo que se ahorra, mejoras en la forma en la que se invierte este dinero y, según el mismo diagnóstico de los técnicos de la SSF, el Banco Central y Hacienda, un ajuste de al menos tres años en las edades de jubilación.

¿Estamos dispuestos a que se den estos cambios? Una reforma integral de pensiones requerirá de una amplia discusión, de un diálogo entre empleadores, Gobierno, sindicatos, en el que cada uno esté dispuesto a proponer, y ¿por qué no?, a ceder.

Urge esta especie de contrato social, en la que, como población, estemos conscientes de que lograr un sistema más justo, sostenible y equitativo requerirá esfuerzos de todas las partes, suyo, mío, de la empresa privada, de los políticos, del mismo Gobierno. Pongámonos de acuerdo

Lee también

Comentarios