Simple demagogia

¿Es así como se “honra la vida ejemplar, el trabajo pastoral y el mensaje esperanzador de vida” de Monseñor Romero?
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OPINIÓN (Desde acá)

Sextadécima

*Periodista salvadoreño

Tan solo ha pasado una semana y pocos, por no decir casi nadie, hablan del legado de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. El discurso elocuente desapareció, casi de inmediato, en medio de la parafernalia de la Semana Santa, una época que lejos de reflexión ahora parece marcada o determinada por el exceso de la diversión y poco de la reflexión.

Lo que se dijo hace una semana vale la pena recordarlo. Desde la Asamblea Legislativa leímos un campo pagado que nos advirtió que el 24 de marzo es el Día Nacional de Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez y de paso se hizo una afirmación cargada con poco menos de humildad: “La Asamblea Legislativa honra su vida ejemplar, el trabajo pastoral y el mensaje esperanzador de vida que brindó a toda la población salvadoreña”.

La presidencia, claro está, no podía perder el momento de enviar su reflexión aunque haya parecido una copia compartida entre ambos poderes del Estado. Se dijo en el comunicado oficial, calzado con el nombre del presidente Mauricio Funes, que se honra la memoria de Monseñor en este “tiempo nuevo de esperanza, de cambio y de reconciliación que vivimos en el país”. Se señaló también que “no queremos más odios ni enfrentamientos ni violencia entre hermanos y hermanas”, y se reiteró a renglón seguido que “la palabra y la acción de Monseñor Romero son la guía permanente del desempeño del gobierno”.

Sin duda fueron palabras muy elocuentes, como dirían en mi pueblo, un discurso con gran “palabrerío” pero con mucha anemia porque carecen de realidad, de honestidad y especialmente de testimonio.

Comencemos con la Asamblea Legislativa. Aquellos que el pasado domingo publicaron el comunicado ¿creerán que Monseñor Romero estaría muy cómodo observando lo que se hace y se dice desde el primer Órgano del Estado? ¿Avalaría Monseñor Romero las componendas, los madrugones y las votaciones inconsultas? Se habrán preguntado una tan sola vez ¿qué diría Monseñor por la permanente conspiración por desarticular la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia que por primera vez en la historia del país intenta ejercer la justicia de manera horizontal, más allá de los intereses político-partidarios y de grupos de poder económico? ¿Qué pensaría de la necedad de seguir partidizando la Corte de Cuentas de la República, como se hizo por siempre? ¿Acaso eso no siembra injusticia y es parte de los males que llevaron al país al pasado conflicto armado?

¿Es así como se “honra la vida ejemplar, el trabajo pastoral y el mensaje esperanzador de vida” de Monseñor Romero? Ustedes, señores diputados, tienen la respuesta y sobre todo quienes redactaron el mensaje.

Ah, y como desde Casa Presidencial también se sabe aprovechar la oportunidad, no solo se habló del ejemplo de Monseñor Romero, sino del odio y la violencia, pero de un odio y una violencia que, parecería, son inoculados por los marcianos y surgen casi de forma espontánea.

¿Acaso los discursos semanales y la verborrea de cada sábado no son suficientes para enrarecer más la poca salud mental de la población con mensajes que dividen y que alientan a la lucha de clases? ¿O es que se entiende que el odio y la violencia solo se ejercen desde abajo?

Como dije hace ocho días en el Twitter: de Monseñor Romero se debe hablar con el testimonio, lo demás es cualquier cosa, hasta demagogia.

Encontrar más hechos que desvanezcan el discurso cuando este es vacío es cuestión de tiempo. Esta misma semana que iniciamos nos permitirá conocer cómo se desata una nueva crisis de institucionalidad, identificar a quienes siguen soñando con acabar con la democracia y empujar al país al autoritarismo, al igual que en el pasado.

Ya veremos si la Asamblea se decide de una buena vez a cumplir con exactitud las sentencias de la Sala de lo Constitucional sobre la elección de magistrados de la Corte de Cuentas y el presidente se anima a reconocer que el “futuro de nuestra institucionalidad” también está en sus manos.

Monseñor José Luis Escobar lo dijo sin mucha vuelta: cumplan la sentencia de la sala, elijan nuevamente a los magistrados y cumplan con la Constitución. Después de todo, nunca es tarde para admitir errores y corregir el rumbo.

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