Lo más visto

Más de Revistas

Sin un país para ciclistas

Hace pocos días, Eduardo Belloso, un ciclista adolescente, falleció al ser embestido por un vehículo. El incidente ha puesto bajo el foco la cultura vial salvadoreña. ¿Qué tan probable era que ocurriera algo así? A contracorriente, cientos de ciclistas elevan su voz. Y piden algo que ya es un derecho: usar la vía pública y que se les respete.
Enlace copiado
Sin un país para ciclistas

Sin un país para ciclistas

Enlace copiado
¿Qué desencadena la tragedia? No es viernes ni sábado, sino un jueves. Son las 8:30 de la noche. No llueve. Tampoco hay neblina o polvo. La carretera luce recta y desolada. Brillan los faroles de los postes. Y hasta la luna llena –entre algunos nubarrones de la época lluviosa– intenta iluminar esta procesión de bicicletas. De pronto, el sonido de mil copas rotas.

Uno de los ciclistas emite un largo “no”, mientras otro vuela por los aires. Y el resto es historia, una que ya está colgada en YouTube: la cámara de un telenoticiero salvadoreño asistió como testigo del atropello mortal de un deportista de solo 17 años de edad, Eduardo Arturo Belloso.

Su muerte se ha vuelto la introspección de varios. Max, su hermano mayor, no olvida lo último que hablaron. Un ministro promete una ciclovía desde la capital a la playa. El conductor del vehículo quisiera retroceder el tiempo y cambiar la historia. Y un sector de esta sociedad –sobre todo el que puja por viajar en bicicleta– intenta desenmarañar la psiquis de muchos de los salvadoreños que se transportan en automóviles. Qué pasa y qué falta hacer.

El incidente en el cual falleció Eduardo Belloso ocurrió hace pocos días. Y Moisés Renderos –el capitán del pelotón al que pertenecía el adolescente– ha vuelto a sacar su bicicleta a la calle y a la noche. A excepción de su casco y de sus guantes, su luto es de color blanco.

—No me voy a hacer invisible. Voy a seguir pedaleando y a exigir leyes más duras para que se respete la vida del ciclista.

Moisés lo dice justo antes de partir en su bicicleta. Detrás lo sigue su pelotón, los Ciclistas Tecleños Urbanos, quienes siempre parten desde el mismo lugar, el remozado Palacio Tecleño. El conductor de un vehículo los visualiza (quizás como a unos estorbos) y con su claxon les mienta a su madre (“la vieja”).

Horas antes –en su negocio, Sapo's Bike–, Moisés platicaba que en El Salvador los ciclistas deben esquivar el irrespeto y sus derivados, a “miles de sustos”.

El último (susto) lo vivió hace unos meses, en la calle Chiltiupán, en Ciudad Merliot. “Iba pedaleando a la orilla, ¡y en un día lunes! De repente, un carro sin luces me pegó por detrás y salí volando como cinco metros en el aire... Me fracturé las costillas y me rayé la cara. Y todavía vi que el conductor siguió manejando totalmente tranquilo. Seguro iba borracho”.

Moisés –campeón veterano del ciclismo nacional– aseguraba que antes trabajaba en la colonia Escalón, en Bike Center. Y que desde Santa Tecla se iba y venía en bici. “Se viaja más rápido, pero también hay que lidiar con el tráfico. Muchísimos conductores nos pasan rozando o hacen como que van a echar el carro encima, como para intimidar (para salir de la vía pública)”.

De hecho, Moisés considera que (Érick David Rodríguez) el conductor que atropelló a Eduardo Belloso quiso hacer lo que ya es un “hobby” de muchos salvadoreños: asustar a los ciclistas. Que le parece raro que sin estar borracho (como aseguró un fiscal) y yendo en una calle recta e iluminada, su vehículo se cruzara, de repente, al otro carril. Otra teoría tienen algunos de los ciclistas que obligaron al vehículo a detenerse: que el conductor pudo haber prestado más su atención en su copiloto, una chica. Que él salió con la camisa desabotonada y ella acomodándose la ropa. Las versiones cambian.

Se quiso conocer la del ahora acusado, pero no quiso brindar declaración alguna, más que esta: “Si en mi poder estuviera volver a nacer y evitar lo que sucedió, Dios sabe que lo haría. Perdón”.

Moisés Renderos –el capitán del pelotón– ignora qué causó la tragedia. De lo único que tiene certeza es que a pesar de que existen dos ciclovías (una en el parque Bicentenario y otra, dominical, en el bulevar Constitución), El Salvador aún no ve con respeto a la bicicleta como un medio de transporte, el más ecológico de todos. Y muchos las relegan a que circulen en los dos zonas antes mencionadas. Algo que, según Moisés, es imposible “porque estos espacios no alcanzan a absorber la cantidad de ciclistas que habemos, somos un montón”.

San Salvador aún dista mucho de las adecuaciones ciclísticas de ciudades como San Francisco, Barcelona o Ámsterdam. Lejos de eso, algunos hablan aquí de la existencia de una “ciclofobia” , o el odio a los ciclistas que “invaden”, irónicamente, la vía pública.

En internet no son pocos los salvadoreños que no ven con buenos ojos su tránsito entre los coches: “Las calles son para automovilistas”, “ubíquense, no le busquen tres patas al gato”, “los ciclistas deben respetar leyes. Si se quieren arriesgar saliendo de noche y metiéndosele a la gente, es problema de ellos”, “ciclistas, a circular en los parques, y punto”.

Nadie sabe el número exacto de ciclistas –deportivos o aficionados– que hay en el país. Al parecer son muchos y están organizados, como el pelotón de Moisés Renderos (Ciclistas Tecleños Urbanos, que reúne a más de 200 ciclistas), y hay otros: Ciclistas Urbanos, Mujeres en Bici de El Salvador, Ciclistas 4x4, Ciclismo Urbano Santaneco, Ciclismo Migueleño, los Garro-bike, los SV…

Y justo ahora, en una esquina tecleña, está a punto de partir un pelotón misceláneo en dirección a la plaza Salvador del Mundo, donde se celebrará un homenaje a Eduardo Belloso. Montado en su bici, aparece un ciclista llamado William Solano, junto a su hijo adolescente y otro más chico.

—Luego del accidente, nosotros y otros ciclistas le hemos puesto más luces a las bicicletas. Y ahora que veníamos para acá, hasta la gente paraba sus carros, para que pasáramos. Hasta un cobrador de bus nos aplaudió: “Vaya, así es como tienen que andar” —cuenta William, quien pertenece al pelotón de los 4x4. Y sus hijos, al pelotón de Moisés Renderos.

William asegura que andar en bici en esta ciudad requiere de buenos nervios y paciencia. Hace unos meses, unos jóvenes a bordo de un Mini Cooper les gritaron: “¡Muévanse, hijos de puta!” y se pasaron llevando a varios ciclistas. Y hasta su hijo, el adolescente, estuvo a punto de desistir en esto, porque una noche un bus de la 101-D le dio el típico susto, le echó el vehículo en su camino y el joven tuvo que tirarse a la acera.

De pronto, en la plática interrumpe Juan de Dios Herrarte. Otro miembro del pelotón Los 4x4 . Este que todos los viernes hace recorridos largos, por ejemplo: Santa Tecla-Quezaltepeque-Santa Tecla-Zaragoza-Olocuilta-San Salvador, todo en una sola noche.

A Juan de Dios ya le parece una minucia bajar o subir en bici la carretera de Los Chorros. Más le preocupa otra cosa: “El responsable del accidente de Eduardo (Belloso) está en libertad. Ni siquiera le pudieron hacer, en el momento, la prueba de alcohol. Este no es un mensaje positivo, el problema es que la gente piensa que si golpea a un ciclista no le va a pasar nada”.

Según Juan de Dios, el irrespeto llega a tanto que hace unas semanas, su pelotón terminaba el ascenso del aeropuerto a la capital cuando, a la altura del monumento al Hermano Lejano, “dos muchachos que venían dentro de un taxi pirata se le pusieron a la par a una ciclista. Uno de ellos se sentó en su ventana e hizo ademán de querer tocarle las piernas. Alguien del pelotón silbó para ahuyentarlo. Y el tipo se bajó y nos sacó la pistola”.

El sistema de carreteras de El Salvador mide más de 6,500 kilómetros. Y, por derecho, los ciclistas también se pueden servir de ellas, porque al final de cuentas se trata de vías públicas. Pero esto es algo que muchos salvadoreños no entienden así. Campañas de conciencia no han faltado.

Hay advertencias en vallas. Y desde hace meses, Radio Tomada –una radio en línea del Centro Cultural de España– se impulsa un programa mensual llamado: “ Bicibilízate”. Su lema es: “No estamos bloqueando al tráfico, ¡somos tráfico!”. Hay también un sitio en línea llamado Bici Crítica El Salvador. Hace una semana se inauguró la primera edición de BiciMorfosis, una reunión mensual de ciclistas que buscará reivindicar y promocionar su deporte.

Y Manuel Rebollo –un periodista que trabaja en la Federación Salvadoreña de Ciclismo– ha creado su propio blog donde recopila todo el anecdotario de triunfos y tragedias del ciclismo nacional. No son pocas cosas.

Hace unas semanas, Rebollo describía el caso de Gabrielita Lemus, a quien llama “la niña héroe del ciclismo salvadoreño”. El miércoles 24 de julio pasado, ella y su entrenador retornaban, en bicicleta, del aeropuerto a San Salvador. Y a la altura de San Marcos, “de repente, un microbús de la ruta 11-B sobrepasó a la ciclista de manera irresponsable y abusiva y frenó bruscamente a poco menos de 10 metros”.

Gabriela, la niña ciclista, no pudo terminar de frenar por el impulso de ir “en bajada”. Y su rostro fue a impactar de frente contra el cristal trasero del microbús, hasta quedar ensangrentada en medio de los pasajeros. “Gabrielita + goza de un seguro médico por parte de la federación salvadoreña, porque antes fue elegida, por su disciplina y constancia, como una atleta con proyección a futuro. Por eso fue atendida en el (hospital) Centro de Diagnóstico, donde se le practicó una extenuante y delicada operación de cirugía plástica en su maltratado rostro, la cual fue todo un éxito”.

Rebollo afirma que en el momento del accidente, la niña estaba más preocupada por su bicicleta que por su rostro desfigurado y que poco después aseguraba que no iba a abandonar lo que más le apasiona, el ciclismo. Por eso, Rebollo la considera una heroína. Pero sigue preocupado porque el atropello a ciclistas se ha incrementado. Rebollo tiene su lista.

El 31 de agosto, Mariano Driotes fue embestido en Aguilares por un microbús Nissan placas P 485-087, conducido por su propietario, Juan Francisco Ardón Martínez, quien huyó de la escena. El 29 de agosto, Óscar Mezquita fue atropellado mientras entrenaba cerca de Santa Ana por el vehículo P 521-312 Nissan, conducido por su propietario, José Roberto Núñez Rodríguez. El 18 de agosto, Luis Castañeda Villatoro fue atropellado por un pick up en el desvío del litoral en Zacatecoluca (el responsable huyó, abandonando su vehículo y al ciclista en el pavimento). El 2 de junio de 2013, Edwin Santillana, del equipo Grupo Deportes, fue atropellado en el puerto de La Libertad. En abril, el campeón nacional Giovanni Guevara fue arrastrado por un vehículo. La lista es larga… Y al parecer, el último atropellamiento ocurrió hace apenas una semana en Santa Ana, Moisés Chacón.

Con suerte, Moisés Chacón resultó solo con heridas. En el pasado, y según las cuentas de Rebollo, ya han fallecido varios ciclistas deportivos. El 18 de enero de 2010, pereció arrollado, en la cuesta de La Gloria, el ciclista-máster Jorge Mejía. O Edgar Smith, atropellado a muerte, en 1992, cuando regresaba de Esquipulas.

—Estos son solo algunos de los casos de ciclistas que han sufrido atropellos a su integridad física, todo esto sin tomar en cuenta a los que usan la bicicleta como medio de transporte. —detalla Rebollo.

Este último grupo es quizás el más abultado. La semana pasada, en la carretera que conduce a Quezaltepeque, fue atropellado a muerte Juan Antonio Hernández, de 35 años de edad. Hace casi un mes, cerca de Acajutla, lo mismo le sucedió a José Concepción Gómez Castro, de 30 años…

El de Eduardo Belloso no ha sido el único accidente ciclístico que ha sido documentado por la televisión salvadoreña. En marzo pasado, un camarógrafo de Teleprensa cubría la Vuelta Ciclística Femenina a El Salvador, a su paso por Santa Tecla, cuando el joven conductor de un vehículo no hizo un alto y mandó por los aires a una ciclista colombiana de 19 años, Nicole Estrada.

Nicole quedó tendida en el asfalto –con golpes en la espalda y tobillos– justo frente a un bus que pudo frenar a tiempo. Ante los reclamos de otras ciclistas, el conductor responsable intentó abandonar su carro y huir. Sin embargo, Manuel Rebollo, el organizador del evento, prefirió culpar a las autoridades de tránsito: “Cómo es posible que un evento como este, que se realiza en más de 100 países, el encargado de tránsito no haya tenido conocimiento de esto”.

En coincidencia, ese mismo mes de marzo las autoridades de tránsito reportaron un incremento de accidentes viales en todo el país. Por ejemplo, la cifra de atropellados aumentó de 12 (en marzo del año pasado) a 23. Y hace apenas unos días, el director del Fondo de Atención a Víctimas de Accidentes de Tránsito (FONAT) confirmó el aumento en el número de lesionados y percances viales: “Los accidentes no se están reduciendo y también es lamentable que de los más de 635 muertos (que suman este año en accidentes viales), hay alrededor de 400 que son peatones”. La mayor parte de las víctimas son los que no manejan vehículos.

El panorama vial no es alentador. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), El Salvador es uno de los países latinoamericanos con más muertes generadas por accidentes viales. Y según el Instituto de Seguridad Vial de la fundación MAPFRE, el país también va a la cola de los que menos esfuerzos hacen por mejorar la seguridad vial de niños y adolescentes, como Eduardo Belloso.

Es de noche. Bajo la estatua marmórea de El Salvador del Mundo, más de 400 ciclistas se apiñan para homenajear a Eduardo Arturo Belloso. “Yo sé que San Salvador no es una ciudad desarrollada (para ciclistas), pero quiero que nos tomen en cuenta. Si todos los ciclistas de la ciudad nos reuniéramos, no cabríamos en esta plaza”, asegura uno de los atletas organizadores, José Luis Borja.

En el mitin desfilaron todo tipo de bicicletas y discursos. Con su voz quebrada, la madre de Eduardo Belloso –una señora rubia y chelita– rezó un padre nuestro y luego gritó: “¡Sigan pedaleando!”. Luego, Koky Aguilar, el motociclista salvadoreño, envió desde Italia un mensaje: “Hay que seguir luchando porque se nos respete”. Un representante de la Alcaldía de San Salvador aseguró que la ciudad se iba a adecuar a ellos. El representante de Automóvil Club de El Salvador dijo que iban a incluir una clase más para aquellos que aprenden a conducir: “respetar al ciclista”.

Y casi a la media noche, en el bulevar Monseñor Romero, Gerson Martínez, el ministro de Obras Públicas, prometió marcar calles y ampliar la ciclovía desde el parque Bicentenario hasta el puerto de La Libertad: “Muy pronto vamos a iluminar lo que ya está construido y seremos el primer país latinoamericano en tener una ciclovía con circuito cerrado de vigilancia”. En medio de aplausos, develó una “ghost bike” (una bicicleta fantasma, pintada de color blanco), algo que suele hacerse en las grandes urbes del mundo en el lugar donde fallecen ciclistas atropellados.

Con su casco puesto, a Max Belloso –el delgado y moreno hermano mayor de Eduardo– se le veía sereno. “La última vez que hablé con mi hermano fue en Nuevo Cuscatlán, donde el grupo hizo un descanso. Y se acercó y me dijo: ‘Ahí nos vemos en el Palacio Tecleño (para luego irse a casa)’. Y pensé que así iba a ser, tanto que cuando escuché que habían atropellado a alguien más adelante, no me imaginé que fuera él”. Max interpreta que su hermano daba por sentado que iba a seguir pedaleando. “Y eso es lo que voy a hacer: pedalear para que nos vean y nos respeten”.

Tags:

  • ciclismo salvadoreño
  • eduardo belloso
  • accidentes ciclísticos
  • accidentes viales

Lee también

Comentarios