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Solo un tiempo de comida

En muchísimos hogares salvadoreños se come muy mal, muy poco, o nada. El derecho a no tener hambre no se cumple para un porcentaje importante de población.
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Carta editorial

Hace un par de años, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) publicó algo muy curioso y revelador, un “Mapa del hambre en El Salvador”. El país entero fue parchado, con diferentes colores, de acuerdo a la escala de desnutrición que presentaban sus niños. Lucía variopinto, de todos colores. Con las cosas así, fue más sencillo desnudar algo quizá ya intuido: en muchísimos hogares salvadoreños se come muy mal, muy poco, o nada. El derecho a no tener hambre no se cumple para un porcentaje importante de los que habitan en poblados como Cacaopera, San Simón, Tacuba o San José Villanueva. Dorte Ellehammer, la representante del PMA en el país, descarta que tengamos hambrunas, pero sí familias con hambre “con muy poco dinero para acceder a alimentos”.

En la crónica que les presentamos este día, se visitó, casi al azar, a una familia de Guaymango. Uno de esos municipios donde los niveles de desnutrición son altos. Allí, con el permiso de una jefa de hogar, Concepción Torres, conocimos qué se prepara en su cocina y para cuántos comensales debe hacer planes. Ese mediodía, su hijo menor, uno de 12 años, a pesar de tener hambre, no quiso almorzar chilipucas con tortilla y un vaso de agua. Más al norte, en San Fernando, Chalatenango, donde los niveles de desnutrición son más altos todavía, conocimos a Imelda, una señora de 60 años que prefiere “hacer solo un tiempo” para que le queden suficientes frijoles y tortillas a su esposo y su hijo adoptivo. Como el mapa del PMA ha señalado, en cuestiones de “seguridad alimentaria” El Salvador todavía tiene grandes retos.

En el centro de esta edición, nuestro fotorreportaje. Este gira alrededor de los tuits más gráficos y “oficiales” de muchos de los presidentes de este continente, como Barack Obama, Enrique Peña Nieto, Cristina Kirchner, Otto Pérez y Juan Manuel Santos. Estos mandatarios han hecho del Twitter su herramienta de difusión, que algunos interpretan ya como un nuevo tipo de proselitismo o populismo. Casi al final de esta edición, en la página 18, encontrará un reportaje internacional. Esta vez, el periodista español Joseba Elola nos describe cómo, ante la crisis española, muchos profesionales e inmigrantes latinoamericanos deben ganar menos o realizar tareas que antes no habían contemplado. Esperamos que disfrute de esta edición.

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