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Sueños posibles

Obama incumplió con descaro su promesa de impulsar una reforma migratoria en su primer año en la Casa Blanca. Aún así, los latinos lo apoyan.
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<h2>OPINIÓN (Desde allá) Estados Unidos</h2><p>Antónimo gradual</p><p>&nbsp;</p><p> * Periodista salvadoreño radicado en Washington, D.C.</p><p>&nbsp;</p><p>Los sueños se escapan cada día a montones por la única ventana de ese apartamento en el sureste de Washington; 41 metros cuadrados, tres personas, un baño. Tres vidas que raras veces coinciden todos al mismo tiempo, “afortunadamente”, a decir de Jorge, de 21 años, quien no solo habla perfecto inglés y español, sino también francés. Era el presidente del club de francófilos de su escuela secundaria.</p><p>&nbsp;</p><p> “Menos mal que somos flacos los tres, si no, no cabemos” se ríe Jorge. No es nada infrecuente que los veinteañeros compartan espacios reducidos en ciudades de renta alta como Washington o Nueva York. Total, es nada más una etapa en un camino que, para los talentosos como Jorge, promete mucho.</p><p>&nbsp;</p><p>Pero Jorge comparte ese apartamento con su madre y su hermana. Todos trabajan en la misma compañía de limpieza, ganando un sueldo similar. Jorge quiere ser psicólogo y asiste a un colegio comunitario con beca completa por sus buenas calificaciones.</p><p>&nbsp;</p><p>Jorge podría ser la cara de la política que recién lanzó el presidente Barack Obama, que congela la deportación de los jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de los 16 años y carecen de antecedentes penales.</p><p>Historias como la de Jorge despiertan cada vez más entusiasmo entre la mayoría de los estadounidenses, a juzgar por las encuestas recientes, como la del periódico The Wall Street Journal, que dice que siete de cada 10 encuestados apoyan la idea del presidente. Ese apoyo, como es de esperarse, sube a nueve de cada 10 cuando el encuestado es de origen hispano. Y sin embargo los 1.4 millones de Jorges que viven en Estados Unidos –según el Centro Hispano Pew– siguen siendo uno de los grandes dolores de cabeza del candidato presidencial republicano, Mitt Romney, y de su equipo de campaña.</p><p>&nbsp;</p><p>Es que los Jorges despiertan una cantidad de sentimientos negativos entre la base conservadora republicana que a regañadientes aceptó a Romney como su candidato. El movimiento de los Dreamers, o los Soñadores, como se autodeterminan los millones de Jorges, son también, nunca mejor dicho, el sueño –o la pesadilla– de cualquier estratega. La mayoría educados o en proceso de serlo. Sus líderes hablan frente a cámara en dos idiomas con la propiedad de cualquier candidato. Y sin embargo, no votan.</p><p>&nbsp;</p><p>En un momento de campaña, los equipos electorales ignoran sin piedad a cualquier persona o causa que no se traduzca en votos. Los Dreamers y sus organizadores han sido tremendamente efectivos en mover hacia su causa a los que sí votan, a uno y otro lado del debate migratorio. Los votantes hispanos y cada vez más los votantes independientes y de centro, al margen de su origen étnico, los ven como el resultado de un sistema migratorio injusto e inefectivo.</p><p>&nbsp;</p><p>Una y otra vez el presidente Obama dijo que no podía hacer lo que hizo hace dos semanas, sobrepasar las leyes migratorias y evitar la deportación de los soñadores y de sus familias. Bajo su administración, el Departamento de Seguridad Interna se convirtió en una máquina de deportaciones que hizo palidecer de vergüenza a los antiinmigrantes más recalcitrantes.</p><p>&nbsp;</p><p>Así, Obama le ha dado palo y zanahoria a los indocumentados casi a manos iguales. Incumplió con descaro su promesa de impulsar una reforma migratoria en su primer año en la Casa Blanca. Y aún así los latinos lo apoyan a razón de 4 a 1 contra Romney, pese a que la tasa de desempleo entre los hispanos es de casi 3 puntos más alta que el promedio nacional. Pero el tono radical antiinmigrante de Romney anula en el mensaje casi cualquier atractivo que su campaña pueda tener para los hispanos en lo económico.</p><p>Jorge está seguro de que algún día será ciudadano estadounidense. Yo también lo creo. Él, su generación y todos los que los apoyan difícilmente olvidarán quién está con ellos y quién no en estos momentos.</p><p>&nbsp;</p>

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