Lo más visto

Más de Revistas

Sumar para restar

La LAIP fue aprobada y luego considerada como una de las cuatro mejores legislaciones a escala mundial.
Enlace copiado
Sumar para restar

Sumar para restar

Enlace copiado
Una vez más, algunas decisiones legislativas y acontecimientos políticos me hicieron recordar de la 6.ª-10.ª, esa calle de nuestra capital que posiblemente nos dibuje como el país que somos y de la cual he tomado prestado el nombre de la columna.

Ojalá y me explique un poco. Desde hace más de diez años la discusión periodística del acceso a la información y la transparencia se ha venido planteando como una necesidad ineludible en beneficio de la sociedad en general y en consecuencia para la democracia.

Es suficiente solo un pequeño esfuerzo de memoria histórica para caer a la cuenta de que no se trata de ninguna novedad, sino más bien de un tema bastante discutido, de debate abierto y que fue colocado en el centro del análisis por la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) en su momento y que algunos sectores, en efecto, guardaron un silencio cómplice o de mera conveniencia por intereses político partidarios.

Con el tiempo, afortunadamente, el acceso a la información sobrepasó la línea retorcida de quienes suponían ese derecho constitucional de los ciudadanos como un regalo de los gobernantes que incluso debía aplaudirse y agradecerse.

El tema tomó más fuerza –y debe reconocerse– tras el compromiso de la actual Administración que ofreció más transparencia y el acceso a la información negada por muchos años y que además prometió “meter a la cárcel a los corruptos”. Se constituyó en ese contexto el Grupo Promotor de Acceso a la Información con un nivel de representatividad respetable que elaboró una propuesta sobre la materia y que tuvo una feliz coincidencia con otras iniciativas como la misma impulsada por Gerson Martínez, entonces diputado de la Asamblea Legislativa.

Serían los tiempos de buenas voluntades, de felices coincidencias momentáneas. La Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP) fue aprobada y luego considerada como una de las cuatro mejores legislaciones a escala mundial. La aplicación de la normativa, sin embargo, ha sido sometida deliberadamente a un proceso de dilación, a un evidente retraso en su ejecución por el mismo presidente Mauricio Funes, al negarse de forma ilegal a nombrar los comisionados del Instituto de Acceso a la Información Pública, a pesar de una sentencia de la Sala de lo Constitucional.

Hace dos semanas, quedó claro que había –o sigue habiendo– una estrategia acompañada de los partidos FMLN, GANA y CN para acabar con el alma de la Ley de Acceso al ampliar el criterio de la reserva de la información y otorgar más facultades al presidente para decidir los nombramientos de los comisionados.

La decisión legislativa volvió a chocar con los intereses colectivos y nuevamente se activó la sociedad civil y la presión fue tal que el mismo candidato presidencial del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, debió pedir al presidente Funes que vetara y solicitar a sus diputados no dar más un paso al frente, sino uno atrás. El presidente Funes hizo lo que la mayoría esperaba: vetó las modificaciones.

La decisión presidencial y del FMLN, sin embargo, dejó un amargo sabor de boca o quizá más bien reiteró que alguna decisión puede ser, como dice el dicho popular, “ni chicha, ni limonada”. Hicieron honor de esas ambigüedades que a veces también se reflejan en una calle o en el queso y que delinea lo que somos como país: una calle que ni es 6.ª ni es 10.ª o un queso que ni es duro ni es blando.

En menos de dos semanas llevaron al país de la esperanza a la frustración, o sea, crearon una suma que terminó en resta y, más grave, dieron aliento a algunos que prefieren ver un país anclado entre el pasado y el presente. “Hasta hora joden con la transparencia e información. No soy de ningún partido, pero ARENA nunca dio información. ¿Dónde estaban (los) periodistas?, fue la respuesta-pregunta de una ciudadana a través del Twitter a quienes hemos defendido el acceso a la información como parte inherente de una democracia.

Con esa reflexión comprendí que en el país se debe seguir luchando para que ya no se sume para restar; que el queso debe ser duro o blando, pero no ambas cosas; y que la calle debe ser 6.ª o 10.ª y no las dos cosas.

Tags:

Lee también

Comentarios