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Una promesa que se estrella en los números

En el marco del programa presidencial “Un niño, una niña, una computadora” se han entregado más de 35,000 equipos a más de 1,700 centros escolares. La primera fase, sin embargo, comprende la entrega de 50,000 computadoras portátiles. Cuando todavía hay clases en las que hay hasta tres alumnos sentados alrededor de una computadora, las metas del programa siguen lejos.
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Toca compartir. En el Centro Escolar Amanda Artiga de Villalta, en Mejicanos, hay 19 computadoras disponibles para clases en las que hay hasta 44 alumnos. No cuentan con Lempitas.

Toca compartir. En el Centro Escolar Amanda Artiga de Villalta, en Mejicanos, hay 19 computadoras disponibles para clases en las que hay hasta 44 alumnos. No cuentan con Lempitas.

Arruinado. El equipo que ya no se puede usar, se acumula en la misma aula en la que se imparten las clases en el Complejo Educativo Amanda Artiga de Villalta.

Arruinado. El equipo que ya no se puede usar, se acumula en la misma aula en la que se imparten las clases en el Complejo Educativo Amanda Artiga de Villalta.

Los más pequeños. Alumnos de parvularia del Complejo Educativo Amanda Artiga de Villalta escuchan canciones y aprenden los números en computadoras con más de una década de uso.

Los más pequeños. Alumnos de parvularia del Complejo Educativo Amanda Artiga de Villalta escuchan canciones y aprenden los números en computadoras con más de una década de uso.

Planta.  En enero del año pasado se inauguró la planta de ensamblaje de computadoras en Zacatecoluca. Aquí se arman las Lempitas.

Planta. En enero del año pasado se inauguró la planta de ensamblaje de computadoras en Zacatecoluca. Aquí se arman las Lempitas.

Disponibilidad de equipo. El Complejo Educativo Claudia Lars cuenta con 26 computadoras para una población de 540 alumnos. De ellas, 10 con Lempitas.

Disponibilidad de equipo. El Complejo Educativo Claudia Lars cuenta con 26 computadoras para una población de 540 alumnos. De ellas, 10 con Lempitas.

Una promesa que se estrella en los números

Una promesa que se estrella en los números

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La gran novedad para este inicio de año en el Complejo Educativo María Amanda Artiga de Villalta fue que el Ministerio de Educación les asignó una profesora de Informática. En pleno 2017, con una matrícula que abarca estudiantes desde parvularia a bachillerato e incrustada en una de las zonas con mayor riesgo social, esta es la primera vez que la institución cuenta con una asignación de este tipo. La emoción, dice el subdirector de la institución, hasta los llevó a ofrecer nuevos servicios, como un diplomado en Medios Digitales. La emoción, sin embargo, no ha sabido nadar entre números. Las 19 computadoras se han quedado cortas para una matrícula que aumentó y que ha dejado secciones hasta con 44 alumnos.

El aula de Informática de esta institución ubicada en el kilómetro 11 de la Troncal del Norte, en Mejicanos, bien podría ser también un cementerio de equipo desfasado y arruinado. Los aparatos destartalados se acumulan alrededor del equipo que sí sigue en uso. Esta mañana es el turno de una sección de segundo año de bachillerato general. Son 38 los jóvenes que buscan abrirse un espacio entre el poco que queda. Se ubican frente a máquinas de escritorio que les fueron donadas por el MINED en 2009, pero que no llegaron a la institución sino hasta dos años después. Cuando se las entregaron, la garantía del equipo ya estaba vencida, la institución no pudo hacerla efectiva cuando notaron que una de las computadoras no funcionaba. Así, se quedaron con 19.

En este momento 38 estudiantes se reparten 19 máquinas. Y no es la clase más numerosa ni es este el único problema que enfrenta este centro escolar y muchos más en el país cuando se trata de conectar a los alumnos con las nuevas tecnologías.

El acercamiento a las tecnologías ha sido parte del discurso de Salvador Sánchez Cerén desde que era candidato a la Presidencia de la República. Él, un profesor, acuñó “Un niño, una computadora” como una promesa de campaña que, por su naturaleza social, rápidamente se popularizó. Pese a que la idea era fácil de digerir, lo que Sánchez Cerén nunca aclaró durante la campaña fue cómo se iba a financiar el proyecto ni de qué manera se iba a poner en práctica en centros escolares con necesidades tan básicas como electricidad, infraestructura e incluso propiedad del terreno en que se encuentran ubicadas, ya que hay 3,000 escuelas que se encuentran en un terreno que no es propiedad del Estado y en el que, por lo tanto, no se puede invertir ni para hacer construcción ni mejoras. Estas deudas en los centros escolares se traducen en retrasos que complican la enseñanza.

“Interés hay, solo hay que ver cómo respondió la comunidad estudiantil a la apertura del diplomado en medio digitales que ofrecimos, ha sido una respuesta espontánea, lo que pasa es que ya con ellos aquí, nos hemos ido topando con otras dificultades y el recurso no alcanza”, cuenta el subdirector del Centro Escolar Amanda Artiga de Villalta, Mauricio Castillo, un hombre que casi cumple 25 años de trabajar en esta institución.

De 2011 a 2017 hay demasiado tiempo cuando se trata de equipo informático. El desfase entre la instalación del equipo y la asignación de un titular de informática obligó a la institución a pagar por un profesor, y así evitar el deterioro ocioso del equipo. Los fondos provinieron de las ganancias de las cafeterías del centro escolar. Esta solución temporal no llenó, sin embargo, las expectativas de las autoridades ni las necesidades de los estudiantes del complejo.

Sánchez Cerén ganó la Presidencia de la República en 2014. En ese entonces, solo 523 de 5,164 centros escolares tenían un aula destinada a clases de informática, y 206 instituciones no tenían ni energía eléctrica. Encontrar esta realidad obligó a perfilar el programa presidencial que pasó a ser conocido como “Una niña, un niño, una computadora”. Hasta ese momento se comenzó a señalar que no se entregaría una computadora personal a cada niño, sino que el objetivo sería incentivar el contacto con las tecnologías. “El Salvador, al igual que otros países latinoamericanos, presenta profundas desigualdades en el acceso a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), las cuales se amplían y evidencian más en las zonas rurales. El sistema educativo público salvadoreño no escapa a esta realidad, lo que provoca que docentes y estudiantes de las escuelas públicas tengan muy pocas oportunidades de aprovechar los beneficios y ventajas que tienen las TIC para apoyar procesos administrativos y educativos”, se lee en la justificación del programa.

El gran escollo, advertido desde el tiempo de la campaña ha sido el financiamiento para la compra de equipo. El Gobierno de Taiwán ha hecho donaciones. Y el otro que se perfilaba como donador constante era la Fundación ALBA que, de hecho, realizó una entrega de 4,194 computadoras al MINED que beneficiarían, según sus cálculos, a 67,000 estudiantes. Las empresas ALBA, sin embargo, han reportado cuantiosas pérdidas en los últimos meses, lo que las aleja, cada vez más, de ser un apoyo en la labor educativa.

El Centro Escolar Amanda Artiga de Villalta atiende a 680 alumnos en un solo turno. De ellos, quienes tienen hoy por hoy contacto con las computadoras son los niños de parvularia y los inscritos en bachillerato. De primero a noveno grado los estudiantes “no tocan computadoras” adentro de la institución, de acuerdo con el subdirector. En cuanto a la calidad del contacto que tienen los que sí lo hacen, es “insuficiente”. Los mayores, con suerte, reciben un par de horas semanales con las que, para final de año, habrán aprendido a manipular correo electrónico y a hacer algunas presentaciones con los programas de Linux, el software libre con el que se trabaja en el sistema público ante la imposibilidad de comprar licencias de Microsoft, el que sigue siendo más utilizado en lo laboral.

En las aulas de parvularia las computadoras de hace más de 10 años de existencia sirven para mostrar los colores y cantar canciones. Hay una por sección y se enciende por lo menos una vez por semana. Nada más.



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La alternativa a conseguir equipo llegó con la propuesta de las Lempitas, que son computadoras portátiles marca Intel Learning Series. Traen, de acuerdo con especificaciones publicadas en la página web del MINED, un micro procesador Intel Atom™, memoria RAM de hasta 2G, disco duro de 8 GB, 16 GB y 32 GB, y sistema operativo Linux Debian. De estas Lempitas no hay en el complejo Amanda Artiga de Villata.

Cuenta el subdirector que en octubre del año pasado pensaron que por fin les iban a hacer entrega. Fueron invitados al Festival del Buen Vivir, una actividad ambulante y casi propagandística que hace el gobierno central para tener acercamiento con diferentes comunidades. En esa ocasión se realizó en una de las canchas de la colonia Zacamil, también en Mejicanos. “Nos hicieron que llenáramos dos buses con gente de la escuela, los niños iban emocionados porque creían que les iban a dar computadoras, madrugamos todos; ya allá, se nos acercaron los organizadores y nos dijeron que disculpáramos, pero que a nosotros no nos iban a dar equipo informático”.

Desde la presentación de este programa que lleva la etiqueta de “presidencial” se remarca que se prioriza a las instituciones que no han formado parte antes de otros programas relacionados con TIC y, también, se manifiesta que hay un componente geográfico importante a la hora de decidir qué institución recibe los pocos recursos con los que se cuenta. En la presentación se da por sentado que los centros educativos urbanos tienen ventajas: “La situación es diferente para alumnos y alumnas de los centros educativos públicos rurales debido a las condiciones de lejanía, falta de energía eléctrica, condiciones inadecuadas de la infraestructura, resultando en dificultades en el acceso a la tecnología, que los coloca en condición de desventaja en relación a sus pares, lo que incrementa la brecha del conocimiento y de las mejores prácticas de aprendizaje”.

“A veces quisiera que esta escuela estuviera allá por donde ni los pajaritos cantan, tal vez así verían nuestras necesidades y considerarían (las autoridades) darle a estos alumnos el equipo que necesitan para tener más oportunidad de conseguir empleo”, se lamenta el subdirector. En la zona rural el MINED ha entregado Lempitas a 1,144 centros educativos y en la urbana a 580.



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El concepto del programa presidencial es: “Universalización del acceso a las TIC en el sistema educativo público, permitiendo a cada estudiante usar un dispositivo informático en una relación 1 a 1 en el centro educativo”. No es que cada niño tenga una computadora. Es que cada estudiante pueda usar una computadora sin compartirla. Algo que no se puede hacer bajo ninguna circunstancia en el complejo Amanda Artiga de Villalta ni en otras instituciones como el Complejo Educativo Claudia Lars, en San Francisco Chinameca; o en el Complejo Católico El Rosario, en La Paz, por mencionar unas pocas.

José Luis Alvarado, del complejo Claudia Lars, señala que para una población de 540 estudiantes, cuentan con 26 computadoras, 10 de ellas son Lempitas. “No nos iban a dar, las Lempitas, pero como fuimos sede para la capacitación de profesores del municipio para el uso de estas máquinas, ni modo que se les enseñara sin contar con ellas”, explica. Durante toda la presidencia de Sánchez Cerén han sido capacitados 15,617 docentes en el uso de este equipo a escala nacional.

La primera fase de este proyecto contemplaba la meta de distribuir 50,000 Lempitas. Entre el 1.º de junio de 2014 y el 23 de enero se han entregado 35,402 equipos, y a este período gubernamental ya le quedan dos años y medio para completar no solo la primera fase, sino que también el resto de los objetivos del programa. En este período, dice el MINED, se han entregado Lempitas a más de 1,700 centros escolares que reúnen una población estudiantil de 673,265. Hay 19 alumnos por cada Lempita, si es que a estas alturas todas las entregadas se encuentran en uso. Y el dato de la matrícula del año pasado a escala nacional de 1,362,396 estudiantes permite hacer un cálculo parcial de que más de la mitad de estudiantes del sector público, 689,131, no han tenido contacto con las Lempitas. Para este reportaje se solicitó una entrevista con Erlinda Hándal, viceministra de Ciencia y Tecnología, pero se argumentó que tenía muy llena la agenda.

El de San Francisco Chinameca es una de las instituciones que cuentan con el apoyo de $60 para pagar una conexión a internet de 5 megas desde febrero hasta octubre. Este complejo es también una de las instituciones que cuenta con un coordinador de aula informática, que es José Luis Alvarado. Se encarga de hacer actualizaciones del sistema operativo y de ayudar a los docentes a integrar las tecnologías en el proceso de aprendizaje. Lo hace a ciegas, dice. En esta institución los estudiantes de educación básica, de primero a noveno grado, sí reciben clases de Informática, pero no son evaluadas porque los programas nacionales no lo contemplan como materia. Para educación media, bachillerato, lo que hay para dirigir las lecciones es un programa que data de 2008 y que todavía incluye referencias a Microsoft y no a Linux, que es lo que se usa ahora.

Estas ventajas, por pocas que sean todavía, guardan una estrecha relación con los logros de la institución. Han obtenido primeros lugares en concursos de robótica y sus estudiantes se muestran interesados en, tras graduarse, estudiar carreras como Ingeniería en Sistemas. Como también afirma el subdirector del Complejo Escolar Amanda Artiga de Villalta, el interés en los alumnos existe, pero los recursos con los que se les ha dotado hasta el momento no han sido suficientes como para prepararlos para que exploten sus capacidades.

Las Lempitas cumplen con los requisitos, de acuerdo con técnicos consultados, que debe tener un equipo dedicado a la educación. Trae cámara web incorporada, teclado en español, puerto USB, entrada y salida de audio, antena para conexión inalámbrica, una pantalla de 10.1 pulgadas, entre otras. La dificultad radica en cuánto tiempo y las razones por las que un estudiante puede tener acceso al equipo para hacer consultas o para explorar todo lo que puede hacer con él.

El subdirector Castillo busca, con un ejemplo, ilustrar lo lejos que se está de “Una niña, un niño, una computadora”. Antes de que inicie la clase de Informática, dirige una pregunta a los estudiantes de segundo año de bachillerato: “¿Alguien aquí sabe qué son las Lempitas? “. La repuesta de los alumnos llega después de un par de segundos de verse las caras unos a otros: “No”.

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