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Una revista en las manos de sus lectores

Un producto editorial no tendría sentido sin las personas que lo consumen. Séptimo Sentido cumple ocho años de existencia y en el marco de esta celebración rendimos homenaje a nuestros lectores con la historia de Ruth Karina Sánchez, docente de Zacatecoluca que utiliza los contenidos de la revista para impartir sus clases.
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El calor es una presencia más en esta aula de Zacatecoluca. Ruth Karina Sánchez imparte su lección en la materia de Creatividad a una quincena de alumnos del primer año de bachillerato mientras el sudor la obliga a limpiarse la cara varias veces. Junto a sus estudiantes, Ruth acaba de leer la columna de Ronald Portillo “Adictos al softcore”, publicada en Séptimo Sentido el 5 de junio.

La misma le sirve a la educadora para llamar la atención de los adolescentes, cuyas edades oscilan entre los 15 y 17 años, sobre el hecho de que la violencia no es solo el asesinato. Se trata de jóvenes que viven en los barrios y cantones de un municipio que en 2015 registró 108 homicidios, y la idea les parece revolucionaria. Ruth les pone múltiples ejemplos: quienes se vuelven intolerantes por temas religiosos o políticos, y son capaces de marginar a aquellos que no compaginan con su ideología; o las personas que, en redes sociales, celebran la muerte de un pandillero, con el colofón “lástima que no fueron más”.


Impreso.  Muchos de los jóvenes que asisten al complejo educativo no tienen acceso a internet, por lo que Séptimo Sentido representa la única alternativa para acceder, con regularidad, a periodismo de largo aliento.

Ruth se detiene en las palabras “Somos violentos y nos gusta serlo” para llegar a la conclusión, y hacerle comprender a sus alumnos ese razonamiento, de que la violencia reflejada en índices de asesinatos es solo la punta del iceberg generado por una sociedad enferma. Los invita, ahora, a reflexionar sobre el texto por su cuenta, en grupos de cinco.

“En el libro de texto había un ensayo que hablaba de la violencia, pero me pareció muy abstracto. La columna está basada en nuestra realidad, siento que es más cercana”, dice la educadora.

Esta semana, Séptimo Sentido cumple ocho años de existencia con su edición 415. Pero de nada valdrían tantas páginas sin personas para consumirlas, lectores que hagan de ellas una parte de su vida o, incluso, de su trabajo, como en el caso de Ruth.

Esta no es la primera vez que utiliza la revista como contenido para sus materias. Es una costumbre que mantiene desde 2009, cuando enseñaba Estudios Sociales en el bachillerato con la modalidad a distancia. Allá, comenta, los favoritos de sus alumnos, una heterogénea mezcla de edades e historias de vida, eran los que trataban la violencia de género, como la historia de Margarita, la protagonista de la crónica “Él ha venido a matarme” (publicada en octubre de 2010), a quien su novio, con quien mantenía una relación desde hace seis años, golpeó hasta dejarla al borde de la muerte. También rememora el texto “La vida al mínimo” (agosto de 2010), que relata la odisea de una madre que debe mantener a sus hijos con los $69 dólares a la quincena que le representaba su trabajo en una maquila.

Ruth, una maestra especializada en la materia Inglés pero que ha enseñado de todo un poco en sus casi ocho años de carrera, ha continuado utilizando Séptimo Sentido en su más reciente empleo, en el Complejo Educativo José Simeón Cañas, al que pertenece esta aula de clases donde un ventilador pelea para hacer disminuir el calor, sin suerte.

Se le viene a la mente uno de los primeros trabajos que coordinó aquí, cuando impartía Seminario de Graduación. Unos alumnos utilizaron como su base el texto “Las madres de Madresal”, sobre esa isla donde “hay tanta prisa por vivir que hablar de ‘maternidad precoz’ resulta una liviandad”, para realizar una tesis enfocada, precisamente, en el embarazo precoz.

“La revista se ha vuelto uno de mis materiales de apoyo preferidos porque siento que en los estudios de casos presenta unas historias llenas de detalles, los temas del país se tocan con un detenimiento que no existe en otra publicación impresa”, dice la educadora, mientras se mueve a los pupitres de sus alumnos para cerciorarse de que han continuado con el trabajo.

El escritor argentino Jorge Luis Borges afirmaba, a propósito de su labor como educador de literatura, que el papel de un maestro no es otro que enseñar “el amor por ciertos autores y por ciertos libros”. Ruth parece estar de acuerdo con esta sentencia, y se ha dedicado a transmitir su identificación con la revista a los alumnos con los que le ha tocado trabajar.

Los trabajos que mayor impacto les causan, dicen los alumnos, son los fotorreportajes, pues en ninguna otra publicación en papel las imágenes tienen un rol tan protagónico. Recuerdan, especialmente, el dedicado a los niños sirios en su mortal viaje por mar hacia Europa para huir de una guerra, una que, imaginan, se ha de parecer mucho a la que ocurre en su país. La que también los conmovió, dice Ruth, en el fotorreportaje “Dolor sin tregua” de Jonathan Funes.

La quinceañera Yeimy M., una de las alumnas, se confiesa una aficionada de los temas más extensos. Le parece interesante que, en algunos casos, un hecho real pueda contarse, también, como un cuento. Entre sus temas favoritos, dice, está uno en el que se trataba el tema de la migración desde el punto de vista de una madre que pierde a su hijo. Se refiere al trabajo “La burocracia desaparece cadáveres”, de la mexicana Marcela Turati, originalmente aparecida en la revista Proceso y republicada por Séptimo Sentido en abril de este año.

“Me hizo ponerme en el lugar de esa madre. Su hijo se había ido del país por amenazas. Ella no sabía dónde estaba su hijo y no me puedo imaginar cómo ha de ser experimentar esa angustia… me parece increíble eso, también, lo de hacer un viaje sin saber si uno va a llegar vivo a su destino”, dice la joven.

Terminada la actividad, llega la hora de levantarse. Cada alumno toma una edición diferente de Séptimo Sentido de las publicadas el año pasado y camina al auditorio del complejo, un espacio abierto y sin asientos, con unas gradas que suben a un escenario. Ruth sonríe y posa con las revistas junto a sus estudiantes, feliz porque aparecerá en las mismas páginas que ha utilizado para dar sus clases desde hace siete años.

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