Una vida para volar

Sus logros como aviadora y su abierto apoyo a los derechos de las mujeres la convirtieron en una figura notoria de su época. A esto se sumó la popularidad que ganó como escritora.
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Gabinete Caligari

La primera vez que Amelia Mary Earhart Otis vio un avión fue en 1907, en una feria estatal de su natal Kansas. Tenía 10 años y no le impresionó en lo más mínimo. El avión le pareció “un pedazo de alambre oxidado y de madera, nada interesante”. La niña continuó feliz su infancia subiéndose a los árboles, deslizándose por trineo en el invierno y matando ratas con un rifle 22. También se dedicó a hacer un scrapbook con recortes de noticias sobre mujeres que realizaban trabajos tradicionalmente asignados a los hombres.

Trece años después, en una exhibición de vuelos acrobáticos en California, Amelia Earhart tuvo una revelación. Una de las atracciones permitía volar durante 10 minutos en un avión con el piloto Frank Hawks. El padre de Amelia le pagó una vuelta a su hija. En cuanto el avión subió varios metros y se sintió en el aire, Earhart supo que había nacido para volar.

Eso ocurrió el 28 de diciembre de 1920. El 3 de enero de 1921, Amelia recibió su primera lección de vuelo con Mary Neta Snook, pionera de la aviación estadounidense. Seis meses después, luego de juntar todo el dinero que pudo, Amelia compró su primer avión, un Kinner Airster de segunda mano, color amarillo brillante, al que llamó “el Canario”.

A partir de entonces, Earhart se dedicó a la aviación, logrando establecer varias marcas: realizó el primer vuelo sin paradas de costa a costa sobre Estados Unidos; alcanzó el récord mundial femenino de altitud; fue la primera mujer que cruzó sola el océano Atlántico; realizó los primeros vuelos sin escalas desde México a Nueva Jersey, desde el Mar Rojo hasta Karachi y desde Hawái a California, entre varias marcas más.

Sus logros como aviadora y su abierto apoyo a los derechos de las mujeres la convirtieron en una figura notoria de su época. A esto se sumó la popularidad que ganó como escritora. De 1928 a 1930 trabajó como editora de aviación para la revista Cosmopolitan. Escribió numerosos artículos, columnas de opinión, ensayos y dos libros, “20 Hrs., 40 Min.” y “The Fun of It”, en los que comparte sus experiencias de aviación.

En 1936 comenzó a soñar con un reto mayúsculo: un viaje alrededor del mundo. Se acercaba su 40.º cumpleaños y quería hacer algo excepcional para conmemorarlo. No solo sería la primera mujer en intentarlo, sino que quería probar una ruta inusual, siguiendo la línea ecuatorial.

El primer intento de esta empresa la realizó en marzo de 1937, pero un percance ocurrido con el avión en Pearl Harbor obligó a suspender la travesía. El aparato, un bimotor Lockheed L-10 Electra modificado, tuvo que recibir varias reparaciones. Durante ese tiempo, G.P. Putnam, esposo de Earhart, se dedicó a buscar financiamiento para hacer un segundo intento. Este comenzó el 1.º de junio de 1937. Earhart llevaba como navegante a Fred Noonan, aviador habitual sobre el océano Pacífico y, además, capitán de mar. El viaje abarcaría un recorrido de 29,000 millas.

Faltaban 7,000 millas para completar el viaje, cuando el Lockheed Electra despegó la mañana del 2 de julio de 1937 de la isla de Lae, Nueva Guinea. Su próxima parada era la isla Howland, en el océano Pacífico central, un lugar que por sus reducidas dimensiones es de difícil visibilidad, aun con buen clima. Los datos de navegación para acceder a la isla debían ser precisos para no pasarla de largo.

El clima de aquel día era nuboso, con lluvias intermitentes. El guardacostas estadounidense Itasca había sido desplegado a las cercanías de Howland para que el avión pudiera recibir orientación por radio hacia su destino final. El barco recibía con claridad los mensajes del Lockheed pero los tripulantes del avión no los escuchaban a ellos. El último mensaje recibido por el Itasca fue la voz de Earhart diciendo: “Estamos corriendo de norte a sur”.

A las pocas horas de no recibir más mensajes, se concluyó que la nave había quedado sin combustible y que Noonan y Earhart podrían estar muertos. El presidente Franklin D. Roosevelt autorizó la movilización de nueve barcos y 66 aviones para buscar los restos. Nunca se encontró nada. Meses después, Putnam seguía organizando operativos de búsqueda por la zona, sin resultado alguno. Fred Noonan fue declarado muerto el 20 de junio de 1938. Amelia Earhart fue declarada muerta in absentia el 5 de enero de 1939.

El evento provocó todo tipo de teorías. Una de ellas afirma que los japoneses derribaron el avión, capturaron a Earhart y Noonan, y los ejecutaron. Otra historia dice que Earhart realizaba misiones secretas para el Gobierno estadounidense y que en realidad estaba en una misión de observación sobre territorios controlados por Japón en el Pacífico.

En 1940, el hallazgo en la isla Gardner, en Karabati, de unos huesos humanos que podrían pertenecer a una mujer generó otra versión. El Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (THIGAR, por su sigla en inglés) cree que Earhart y Noonan se desviaron de la ruta y aterrizaron en Gardner, sobreviviendo hasta que la falta de alimentos y el agotamiento les causó la muerte. Lo sostienen por algunos objetos encontrados ahí, entre ellos un pedazo de aluminio hallado en octubre de 2014, y que por sus características podría ser una de las piezas que se le puso al Lockheed cuando tuvo que ser reparado, después de los daños sufridos en marzo de 1937. Todavía falta confirmar si los objetos encontrados en Gardner pertenecieron o fueron usados realmente por Earhart.

Lo más creíble es que el avión perdió el rumbo, voló hasta agotar su combustible para luego estrellarse en el océano. La deficiencia en las comunicaciones así como otros problemas técnicos apuntan a esto como lo más probable.

Es posible que la verdad sobre el último vuelo de Amelia Earhart no se sepa nunca. Pero en el imaginario de muchos, ella sigue viva, volando su avión en algún rincón del mundo, ignorando el secreto de su propia muerte

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