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Usted me ha inspirado, señor fiscal

No sabíamos si estar más impresionados por lo moldeables que pueden ser las leyes cuando se tiene mucho dinero o por la escena de verlos despeinados, sin privilegios, sentados en las mismas butacas donde esperan turno para ser enjuiciados los delincuentes comunes.
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Probablemente en un país donde se cumple la premisa de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, decir que un funcionario inspira por hacer lo correcto resultaría innecesario, excéntrico, sobreactuado. Pero cuando se nace y se vive en El Salvador, un país estructuralmente planeado para que la injusticia sea la que triunfe, un funcionario que se toma riesgos por hacer lo correcto inspira. Y usted, señor fiscal general, me ha inspirado con la historia del hombre poderoso que hasta ahora ha sometido al sistema judicial, pero que salió esposado de la institución que usted dirige.

De esa historia de señores intocables me gustaría rescatar tres momentos que pasarán a la posteridad por cínicos, inverosímiles y absurdos.

Miércoles 17 de agosto. Una semana antes de la captura. El momento cínico estuvo protagonizado por los abogados defensores del empresario Enrique Rais, quienes en el ánimo de convencernos de que el periodista Héctor Silva Ávalos difamó y calumnió a su cliente, brindaron en televisión nacional una “elocuente cátedra” sobre periodismo de investigación, el uso profesional del método y las fuentes.

Esa noche el abogado defensor José David Campos dijo: “Quisiera reflexionar con una expresión de un gran periodista polaco, Ryszard Kapusanski (sic), quien escribió el libro que se llama ‘Los cínicos no sirven para estar en este oficio: sobre el buen periodismo’, y él dijo: ‘Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante’. Nosotros creemos que ser cínico es no decir la verdad, sabiendo que la verdad es otra, no revelarla” (solo por si alguna vez desea realmente leer al autor, sería bueno que el abogado supiera que el nombre correcto es Ryszard Kapuscinski).

Lunes 22 de agosto. La captura. El momento inverosímil ha sido la captura del empresario Enrique Rais y la del ex fiscal general de El Salvador Luis Martínez, quienes junto a 10 personas más fueron acusados de sobornos, fraudes procesales y omisión de la investigación. Ver a estos dos señores esposados era como estar viviendo en otro país. No sabíamos si estar más impresionados por lo moldeables que pueden ser las leyes cuando se tiene mucho dinero o por la escena de verlos despeinados, sin privilegios, sentados en las mismas butacas donde esperan turno para ser enjuiciados los delincuentes comunes.

Pero claro, como no conocemos esa justicia que trata a todos por igual, el desenlace del juicio resultaba predecible. La escena de gente poderosa tratada como ciudadanos normales no iba a durar mucho tiempo.

Lunes 29 de agosto. La liberación. El momento absurdo se lo lleva la resolución de la jueza Évelyn Jiménez, quien dictaminó que todos los imputados del caso pasarían a la fase de instrucción en libertad. Absurdos los montos de las fianzas que tuvieron que pagar los implicados para salir en libertad, absurdos los empleados de MIDES con pancartas de apoyo, absurdo el “periodista” que al momento de la liberación pregunta al empresario cómo se siente, como si Rais regresaba de participar en los Juegos Olímpicos y traía tres medallas de oro para El Salvador.

Después de este breve esbozo, puedo comprender la reacción frustrada del fiscal del caso cuando dijo: “Qué más hay que presentar a un juzgador, ya no sabemos qué hacer, es que vemos que nada sirve con jueces como los que tenemos”. Sin embargo, las decisiones del fiscal general, Douglas Meléndez, inspiran por valientes, por esperanzadoras, porque tienen que generar cambios obligados, porque no pueden tener retroceso. Y aunque las voces oficiales que siempre se pronuncian a favor de la transparencia y en contra de una CICIES todavía no lo han apoyado públicamente, la aprobación ciudadana ya la tiene. No retroceda, no nos defraude.

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