Vendamos el país

El Salvador ha intentado en diversas ocasiones crear su marca país. Uno de los primeros experimentos fue hace ya varios años, con “El Salvador ¡Impresionante!”, el cual no estuvo libre de polémicas y además, fue desechado con algún cambio de mandato.
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Hace un par de años tuve la oportunidad de estar en tierras peruanas. Además de la obvia riqueza cultural e histórica, hubo algo que se fue volviendo recurrente, enfático e imposible de ignorar: su marca país.

Esa especie de huella digital que forma la letra “P” dando vida al logotipo peruano, se repite constantemente en multitud de escenarios del país sudamericano. Desde las tiendas de comida rápida, hasta en uno que otro grafiti, la palabra “Perú” hace notar su presencia y no solo en la capital, también en la costa, en la sierra y en la selva, las tres grandes regiones del Perú.

Todas las artesanías tienen la marca país, los menús de los restaurantes tienen la marca país, los vasos de papel en que se sirve la bebida tienen la marca país, algunos buses tienen la marca país, los peruanos usan camisetas y gorras con la marca país, en fin… la marca país está por todos lados.

Lo que considero necesario enfatizar aquí es el papel activo en la adopción de la marca que diferentes segmentos y personas han jugado para la difusión de la misma: artesanos, restauranteros, agencias turísticas y los peruanos en general se han apropiado de la marca y están otorgándole un valor colectivo de representatividad que se convierte en un mensaje contundente para quienes los visitan y para quienes ahora son sus dueños: los peruanos.

La decisión estratégica aquí fue saber entregar la marca a quienes la hicieran propia. Una marca país –o cualquier otra marca– no es de quienes la diseñan o de quienes la venden, sino de quienes se apropian de ella y le otorgan significados que, en este caso, están asociados con identidad, orgullo, diversidad y cultura.

El Salvador ha intentado en diversas ocasiones crear su marca país. Uno de los primeros experimentos fue hace ya varios años, con “El Salvador ¡Impresionante!”, el cual no estuvo libre de polémicas y, además, fue desechado con algún cambio de mandato. La continuidad de la marca país es también un elemento clave para la apropiación del símbolo.

Actualmente, un grupo de motivados salvadoreños, impulsados por su amor al país y su capacidad creativa generaron el movimiento Colectivo País, que dio como resultado el diseño de la más reciente marca país: “El Salvador, el lado positivo del mundo”. Una marca entretenida que surgió luego de un extenso proceso de investigación y que está acompañada por testimoniales que promueven nuestro país.

Sin embargo, son muy pocos los salvadoreños que saben de la existencia de esta marca país: la diferencia en la adopción que han hecho de su marca las personas y las empresas en Perú es tan grande como la distancia en kilómetros que nos separa de ellos.

Según Berta Paredes Maibach, experta en el tema, “una buena marca-país promueve el turismo, las inversiones, las exportaciones, genera empleo, pero principalmente incrementa la confianza y el orgullo nacional.” ¡Vaya falta que nos hace todo esto! ¡Estamos desaprovechando todo el trabajo que Colectivo País realizó con tanta pasión!

Una marca país, como cualquier otra marca, no es solo la creación de una agencia publicitaria o un grupo internacional de consultores. Una marca es un producto dinámico que se desarrolla y cobra vida de acuerdo con la apropiación que diversos grupos hagan de ella.

Para saber más sobre el trabajo de Colectivo País, pueden visitar: https://www.facebook.com/colectivopaiselsalvador

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