Viviendo en el enemigo

Debemos dejar de elogiar a nuestros niños y adolescentes por su apariencia, peso, o atractivo. Un “qué delgada te ves” debería cambiarse por un “qué saludable te ves”.
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OPINIÓN (Desde acá)

De cuentos y cuentas

¿Se imagina cómo es vivir sintiendo asco de su propio cuerpo? Verse en el espejo y no encontrar más que defectos, ver libras de más que los demás dicen no ver, querer ser perfecto y no hallar cómo. Matarse de hambre, vomitar, luego recaer con un atracón, sentir que uno se muere de la culpa y luego volver a vomitar para expiar...

Así es la vida de millones de personas en el mundo, que sufren de desórdenes alimenticios, como la bulimia y la anorexia. La mayoría son adolescentes que tienen visiones distorsionadas sobre sus cuerpos, ideales inalcanzables de “esbeltez” y de belleza, presión social para bajar de peso –a veces en el mismo seno de la familia– y una infinidad de sitios en internet que no solo las alientan a no comer o a vomitar, sino que les enseñan “trucos” para no ser descubiertas.

El resultado es una oleada de adolescentes con cuerpos de infante, que sufren si la báscula sube unas onzas, si se les obliga a comer o si se les intenta llevar al médico. Vivir dentro de tu peor enemigo no es fácil, ni convivir con la imagen obesa que te observa desde el espejo. Como con muchas enfermedades de la psique, se experimenta una enorme soledad y mucho aislamiento. Se encuentra “amistad” en los grupos y foros virtuales de otras personas con los mismos padecimientos, en los que, por desgracia, solo se refuerza la creencia errónea de que es “mejor estar muerta que gorda”.

La relación con la comida es un tormento, un vaivén entre períodos de privación y atracones, entre abuso de laxantes, vómitos provocados y ejercicios excesivos y extenuantes . Un dolor constante y una baja autoestima también conducen a otros tipos de autoflagelación, como cortarse con cuchillas los brazos y las piernas. También hay tendencia a la depresión.

Es cierto que nadie está totalmente a gusto con su apariencia, y que al vernos nos encontramos detalles que quisiéramos mejorar, pero en los trastornos alimenticios y de la imagen corporal esta inconformidad alcanza extremos letales. La Organización Mundial de la Salud ha clasificado la anorexia y la bulimia como trastornos mentales y del comportamiento. El Renfrew Center Foundation calculaba para el año pasado 70 millones de casos en el mundo, de los cuales el 85 % son mujeres, y se calcula que una de cada cinco personas que sufren estos trastornos morirá a causa de los mismos.

En El Salvador hay clínicas de psicólogos privados que atienden los denominados trastornos de la conducta alimentaria, y al menos una organización no gubernamental, la Asociación Estima (Asociacionestima.org) que se especializa en difundir información sobre estos y orientar a los padres y familiares de quienes los padecen.

¿Qué se puede hacer ante uno de estos casos? Los familiares deben buscar orientación y aprender todo lo que puedan sobre estas enfermedades. A la persona que la padece hay que escucharla, tratarla con respeto y comprensión, ofrecer apoyo y ayuda pero también buscar asistencia profesional. La familia completa debe involucrarse para que el tratamiento sea efectivo.

¿Cómo prevenir estos trastornos? Debemos dejar de elogiar a nuestros niños y adolescentes por su apariencia, peso, o atractivo. Un “qué delgada te ves” debería cambiarse por un “qué saludable te ves”. Es contraproducente felicitar a nuestros jóvenes solo cuando pierden peso o están a dieta, de la misma forma que lo es hacer comentarios negativos sobre su cuerpo, o burlarse de la talla o apariencia de otras personas; y, en cambio, alentarlos a que coman sanamente y sean más activos, como formas de cuidar su salud y sentirse bien.

Estos trastornos son problemas de salud serios, crónicos y progresivos. Prevenirlos es una tarea de la sociedad completa, que sigue idolatrando la delgadez extrema y los modelos irreales de belleza, pero la tarea de quebrar estos moldes puede y debe iniciar en casa

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