¿Y las pensiones?

En el futuro, siete de cada 10 ancianos no tendrán ahorros para su jubilación, y esto será un problema grave desde las perspectivas económica, política, social y humana.
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OPINIÓN (Desde acá)

De cuentos y cuentas

No es casualidad que, de pronto, varios funcionarios de gobierno comiencen a hablar del tema de las pensiones en El Salvador, de la deuda que se tiene con los jubilados y de la falta de recursos en el Estado para pagar esta deuda. El principal vocero ha sido el ministro de Hacienda que, sin dar detalles técnicos, se ha dado a la tarea de repetir una y otra vez que no hay dinero para pagar pensiones.

Como si se tratara de un guion, todo apunta a que el ministro estaba preparando el terreno para algún anuncio importante. Y tal cual, esta semana llegó a la Asamblea Legislativa y se refirió nuevamente al tema. Dijo cosas no muy exactas sobre el paso del sistema antiguo de reparto, manejado por el ISSS y el INPEP, al nuevo sistema de reparto, en el que las AFP administran los ahorros.

Pero lo que más llamó la atención es que admitió finalmente que sí elaboró una propuesta de reforma de pensiones. Dijo que esta ya está en manos de la Presidencia y que deberá ser Salvador Sánchez Cerén quien decida cuándo avalar la propuesta y enviarla a la Asamblea Legislativa, para ser aprobada.

Por desgracia, el ministro no dio detalles sobre el contenido de esta propuesta. Preocupa saber que hay algo armado y no divulgado por varias razones. La principal es que, durante la campaña presidencial, y tras el gane de Sánchez Cerén en 2014, se habló de que se haría una gran consulta nacional para ver el problema de las pensiones. Este anuncio generó buenas expectativas, sobre todo entre organismos que se han dedicado a estudiar de forma seria este asunto, como la FundaUngo y FUNDE. La consulta no se dio.

En segundo lugar, el Gobierno está empecinado en ver el tema de la deuda de pensiones –que requiere $400 millones anuales para pagar a los jubilados del antiguo sistema– como un problema fiscal, un hoyo en las arcas del Estado que se debe remendar. Y si bien es cierto la falta de recursos para pagar las pensiones tiene un fuerte peso en el déficit de las finanzas públicas, no es esta la única dimensión que se debe tratar.

La deuda de pensiones, esos $400 millones anuales, por el momento se cubre tomando prestado dinero de los ahorros de los cotizantes a las AFP. El Gobierno paga por ese dinero un interés muy bajo, más bajo que el que se obtendría en otro tipo de inversión. Al usarse nuestros ahorros para pensión en algo que genera poco rendimiento, el resultado es que ese dinero crece poco, y nuestro fondo para futuro es más pequeño. En fin, un problema que se generó en el pasado –la quiebra del sistema de pensiones basado en reparto— se vuelve un problema futuro, porque los futuros jubilados recibirán pensiones muy bajas.

Y bueno, con una perspectiva eminentemente fiscal del tema de las pensiones, las “soluciones” que pueden surgir suenan peligrosas, como una eventual renacionalización de los fondos –sí, de ese dinero que usted y yo hemos ahorrado en nuestras cuentas individuales— o de un regreso al sistema de reparto, que de por sí ha probado ser insostenible aquí, y en muchos otros países del mundo. Un sistema multipilares, con una AFP pública y una pensión estatal asegurada, y las AFP privadas a partir de rangos salariales mayores, pareciera ser la menos agresiva de las propuestas.

Además, hay una cobertura bajísima en el sistema previsional. Solo un 23 % de la población económicamente activa cotiza en una AFP. Solo uno de cada cuatro. Y de estos, solo la mitad lo hace de forma constante. En el futuro, siete de cada 10 ancianos no tendrá ahorros para su jubilación, y esto será un problema grave desde las perspectivas económica, política, social y humana.

Ahora toca esperar a que la Presidencia avale y publique la reforma a la que el ministro de Hacienda se ha referido. Pero, sobre todo, hay que esperar, y exigir, que esta sea objeto de un análisis y una discusión adecuadas una vez lleguen a manos de los diputados. No necesitamos otro madrugón, y menos en un tema tan sensible

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