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“Town Without Pity”

Esta nota provocó que “cientos” de salvadoreños señalaran a la chica por su nombre. Juzgaban que “no se puede respetar a alguien que no se da a respetar a sí mismo”. En contraste, muy pocos condenaban al estudiante de 27 años.
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“Town Without Pity”

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Cruzdel Rayo

Un martes de 2013 fue angustiante revisar mi Facebook. El inbox amaneció saturado de mensajes de conocidos y desconocidos: “Maldito machista”, “Mal periodista”, “¡Misógino!”... Ese año hacía una pasantía en el periódico ABC de España y se me encargó una nota sobre la entonces primera dama de El Salvador, Vanda Pignato. Describí su trabajo y, por último, un rumor. Uno que me avergüenza reconocer que era vulgar y, lo peor, machista.

Fue un yerro y me responsabilizo, fui quien aceptó que fuera publicado. Creí el cuento de que en Europa había gran libertad para decir cosas. Y no dimensioné nada, ni siquiera que estaba siendo patán. Días después de esa publicación —con el corazón en la barriga—, conocí al director de ABC y la firma manuscrita de Pignato. En una carta con sellos oficiales, ella justificaba su indignación.

Hace pocos días volví a ver a Pignato, por televisión. Y me quedé helado. Dimensioné su lucha, que es la misma de muchas salvadoreñas. A pesar de haber recibido recientemente una quimioterapia, se presentó frente al portón de la UCA para protestar contra el universitario que difundió videos sexuales con su exnovia, como una especie de venganza por haber finiquitado la relación.

Semanas antes, este caso me parecía irrelevante. Cambié de opinión cuando leí una nota sobre cómo Pignato comparaba a José Mauricio Gómez Julián —el autor y difusor del video— con un pandillero, “porque un pandillero mata, hace cosas horribles, y acabó con la vida de esta niña y de toda la familia, ya que tuvo que dejar los estudios”. Esta nota provocó que “cientos” de salvadoreños señalaran a la chica por su nombre. Juzgaban que “no se puede respetar a alguien que no se da a respetar a sí mismo”. En contraste, muy pocos condenaban al estudiante de 27 años. Lejos de eso, había un sujeto que se regodeaba de tener el enlace del video. Y muchos se lo agradecían.

Parecía una secuela de la película “Town Without Pity” (“El pueblo sin piedad”, de 1961), que retrata a un poblado alemán que juzga con dureza la vida íntima de una de sus chicas, lo que derivó en su suicidio.

Aquí tampoco hay piedad. Hace muy poco me reuní con otro amigo que no encontró mejor tema de conversación que el video. A pesar de estudiar en la misma universidad y de saber que era una excelente alumna, no dudó en acusarla de todo. ¿Por qué ella y no él? ¿Por qué juzgar algo ajeno y que surgió en lo privado?

Dudo que ella haya permitido ser grabada para alimentar el morbo mezquino de tantos. Todo ocurrió bajo la figura del “noviazgo”, que suponía confianza, lealtad y ¿amor? Todos somos seres sexuados. Todos hemos vivido nuestra sexualidad como mejor nos ha parecido, con plena conciencia de estar en una sociedad que, desde muy jóvenes, nos hace sentir inconformes, siempre hay algo más que hacer o mejorar en el campo sexual o matrimonial. Si no, lean “50 sombras de Grey”, ya es una trilogía.

Lo que el video terminó de develar es que la moral tiene más de una cara en este país. En época de proselitismo político, siempre hay alguien que compara homosexualidad con zoofilia. Hemos visto líderes religiosos que condenan estilos de vida “licenciosos” hasta que se ven involucrados y logran salir airosos. Otros prefieren rasgarse las vestiduras por la chica del video y no por los 907 homicidios de agosto. La decencia aún se juzga por tatuajes, corbatas y alcobas. En una sociedad así, hay que ser perverso para publicar un video como ese.

Muchos lo vieron e hicieron escarnio. Escucharon la voz afectada del ahora imputado, pocos reflexionaron sobre el cuestionamiento moral que él hacía. Daba la sensación de que era él quien se sentía ruin y se desquitaba con ella. Cierto o no, es otro caso brutal de machismo y misoginia. Y si en el pasado aboné a fomentar esta cultura de injusticia, hoy pido perdón. Ni la joven del video ni nadie debería sufrir vejaciones y menos vergüenza. Lo realmente vergonzoso es colgar un video de tu expareja, compartirlo, reproducirlo. Lo vergonzoso es juzgar a otro a partir de su sexualidad y no por su calidad como ser humano. Aquí no hay piedad

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